El penoso uso de la muerte de Maricarmen
Por Editorial La Vanguardia — Portada

El penoso uso de la muerte de Maricarmen 09/10/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada en camilla de su domicilio hace quince días, vivió durante los últimos años sumida en la incertidumbre y la inquietud derivadas de su situación inmobiliaria. Su fallecimiento, el miércoles en un hospital madrileño, parecía que al fin iba a permitirle descansar en paz. Pero no ha sido así. Su muerte la ha situado en el centro de la batalla preelectoral, donde es indecorosamente utilizada como arma arrojadiza.
Hasta cierto punto, lo que está sucediendo era previsible. Sobre todo, a partir del momento en que Maricarmen se convirtió en un ejemplo y una bandera para aquellos que luchan a pie de calle para convencer a los representantes públicos de la necesidad de atacar con mayores bríos la escasez de vivienda asequible. Pero los extremos a los que se ha llegado en esta brega, mucho antes de que se cumplieran 24 horas de su muerte, son lamentables e inadmisibles. De hecho, producen vergüenza ajena.
Un eurodiputado de Vox propuso, subiendo un nuevo peldaño en la escalera de la deshumanización, practicar la autopsia al cadáver de Maricarmen, sugiriendo que el Gobierno podría haber tenido algo que ver en su muerte. Dicho partido, que lidera Santiago Abascal, dio a entender que la responsabilidad de la muerte de la anciana correspondía a determinados políticos a los que acusó de montar una campaña para ocultar la responsabilidad del Gobierno en el asunto de la vivienda.
Los partidos se enzarzan en un debate estéril tras la desaparición del símbolo de las protestas
Ayer hubo bronca –una más– en la Asamblea de Madrid, donde la portavoz de la oposición, Manuela Bergerot (Más Madrid), advirtió, en tono belicoso, que tras la muerte de Maricarmen no habrá paz en las calles de la capital. La presidenta Díaz Ayuso contraatacó cargando contra el Gobierno, “que no pone pisos a mujeres como Maricarmen sino a amantes como Jéssica”. A diferencia de en otras cámaras autonómicas, como la andaluza o la valenciana, también dominadas por el PP, en la Asamblea madrileña no se guardó ayer un minuto de silencio por la fallecida.
Ante cualquier óbito, lo que procede es escribir un mensaje de condolencia dirigido a los familiares y amigos de quien nos ha dejado. Cualquier otro tipo de comentario o comunicado suele resultar extemporáneo. Y no digamos las declaraciones que menosprecian el dolor de los deudos y lo subordinan a los intereses políticos de quienes son incapaces de defenderlos de otro modo más digno. Lo que decimos es cosa de todos sabida, que produce cierto embarazo recordar y que sin embargo parece que se está olvidando, envileciendo un poco más si cabe la escena política.
En cualquier circunstancia, alimentar estas conductas rayanas en lo miserable sería por completo reprobable. Pero es que, además, el tiempo dedicado a estos discursos tan demagógicos como irrespetuosos se sustrae a otros más necesarios y oportunos, según se percibe ya en cualquier sector del arco parlamentario. Todos los partidos, sin excepción, coinciden al admitir el déficit de vivienda asequible. Todos los que han gobernado han contraído alguna responsabilidad, ya sea por acción o por omisión, en la permanencia del problema. Todos han descubierto ya que es tan fácil proclamar desde la oposición que se dispone de soluciones para el problema de la vivienda como difícil demostrarlo cuando se tiene el poder.
El problema de la vivienda no se resolverá con palabras destempladas, sino con pactos
Hay que decir también que todas las militancias apoyan medidas para combatir tal déficit. Por ejemplo, la limitación del mercado de la vivienda, que respaldan el 82,6% de los votantes del PSOE, el 85,4% de los de Podemos y el 95,8% de los de Sumar. Pero también, y en disonancia con el rechazo parlamentario de la derecha de la semana pasada a los dos decretos de la vivienda, el 55,2% de los de Vox y el 56,5% de los del PP, según una encuesta reciente.
El problema de la vivienda es transversal, y así es percibido por ciudadanos de todas las orientaciones políticas. Razón de más para que los partidos aprovechen el debate que acompañará la precampaña y la campaña electorales para mejorar, concretar y contrastar sus propuestas en esta materia. Se alcanzarían así dos objetivos complementarios: aportar a los ciudadanos un rayo de esperanza ante un panorama tan oscuro y de tan incierta resolución como es el de la vivienda y, a la vez, ahorrarles el bochorno colectivo que provocan algunas declaraciones penosas. El problema de la vivienda no se resolverá con palabras destempladas, sino con pactos entre todos los agentes con responsabilidades en él.
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