Legislatura capicúa
Por Josep Martí Blanch — Portada

Legislatura capicúa
Mar de fondo
08/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
De la amnistía a la amnistía. De Santos Cerdán en Waterloo prometiendo la amnistía a Cándido Conde-Pumpido sellando en el Tribunal Constitucional la plena efectividad de la norma. De Puigdemont a Puigdemont. Tres años, un mes y dieciocho días. Una legislatura capicúa.
Más ruido que nueces. Ni un solo presupuesto. Tampoco nueva financiación. Añadamos que el 80% de los proyectos de ley impulsados durante el mandato han decaído con la convocatoria de elecciones. Iniciativas que han copado titulares y monopolizado tertulias circulan ya por el alcantarillado del Congreso.
Hubo una mayoría en el Congreso para investir, pero no para gobernar
No ha sido falta de tiempo. El aborto legislativo masivo se explica por la inexistencia desde el primer día de una mayoría verdaderamente operativa en el Congreso. La hubo para investir, pero no para gobernar. No podía ser de otro modo. De Podemos a Junts hay un universo de distancia. Los escándalos de corrupción hicieron el resto. En el plano macroeconómico, el Gobierno se ha defendido con solvencia. Sus mejores bazas son el crecimiento y el empleo. Pero encierran una paradoja reseñable. Con una hoja de servicios teóricamente encomiable en este plano, las elecciones se convocan con una agenda económica que parece de posguerra por la llamada crisis habitacional .
En poco más de siete semanas volveremos a las urnas. La misma película que en el 2023, pero con algunas subtramas que la hacen distinta. Se mantiene el argumento principal: la división por bloques. También se repite la munición con la que cada bando intentará movilizar a sus electores. En la izquierda el “No pasarán”. En la derecha, la derogación del sanchismo, considerado moral y fácticamente corrupto y traidor. Las encuestas, favorables al bloque de la derecha, tienen el valor de los análisis previos de un partido de fútbol. Hay favorito, pero han de jugarse todavía los noventa minutos. Sirva como recordatorio lo sucedido hace tres años.

Por debajo de la trama principal, la campaña sí diferirá respecto a la de las últimas elecciones generales. PP y Vox no van a despellejarse esta vez entre ellos. La alianza entre la derecha y la ultraderecha está plenamente naturalizada tras los últimos acuerdos autonómicos. Puede más en esta ocasión el objetivo común de borrar el sanchismo de la faz de la tierra que la abierta competencia entre ellos, aunque esta no haya desaparecido. Los de Abascal crecen sin necesidad de fustigar a los populares, y, a su vez, estos han aceptado la realidad de una ultraderecha estructural que les impone un techo electoral. Los problemas, asegurados, vendrán después, en el caso de acceder al gobierno conjuntamente. Pero para esta campaña, a diferencia de la anterior, cabe esperar una pax romana entre ambas formaciones.
En la izquierda, la principal diferencia viene marcada por la renuncia de Pedro Sánchez a los clásicos anclajes de moderación socialista. El presidente, olfateador de primera y seguidor de la moda, también quiere parecerse a Die Linke y Zohran Mamdani, o al menos a la versión que llega a España del alcalde neoyorquino. De ahí su radicalidad en el discurso de convocatoria de elecciones, alocución en la que algunos párrafos resonaron exactamente igual a los que en su día pronunciaba Pablo Iglesias desde Podemos: las élites contra el pueblo, los intereses de la gente pisoteados en el Congreso y otras lindezas del mismo género. Incluso ha convocado una huelga general, aunque formalmente lo hayan hecho los sindicatos, que por primera vez en el mundo será contra la oposición. Este posicionamiento más radical y populista de Sánchez amenaza con cortar el aire al resto de partidos de izquierda, que sin embargo son necesarios para alcanzar una mayoría de gobierno. Con esta estrategia, el Frente Amplio heredero de Sumar, con o sin Podemos, está obligado a alimentarse de las migajas que deje Sánchez. La incógnita es saber si esta dieta es suficiente para nutrir dos cuerpos: el del PSOE y el del resto. Las encuestas dicen que no.
La pieza suelta del rompecabezas será de nuevo Junts. Pendientes del regreso de Puigdemont, su campaña ya no pasará por el 1-O, sino por confrontar con el izquierdismo cada vez más acentuado del PSOE y sus acólitos, en especial Gabriel Rufián, que será tildado de felpudo del primero. El socialismo sin Sánchez, como faro y objetivo. A la espera de lo que diga la lotería de la aritmética el 29-N. Aunque para este sorteo se tengan menos boletos que para el celebrado en el 2023.
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