La segunda vuelta en las elecciones de Brasil será vigilada de cerca desde Washington con probable injerencia
Por Andy Robinson — Portada
La segunda vuelta será vigilada de cerca desde Washington con probable injerencia
Análisis postelectoral
La Administración Trump comparte las delirantes narrativas bolsonaristas sobre el golpe del 2022

Un edificio con el mensaje ‘Brazil Will Be Mine’ (Brasil será mío) y la imagen del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el viernes en el centro de São Paulo (Brasil). EFE/ Isaac Fontana
ISAAC FONTANA / EFE

Río de Janeiro
05/10/2026 06:00 Actualizado 05/10/2026 16:23 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
En la sexta democracia del mundo, 158 millones de brasileños volverán a acudir a las urnas en tres semanas para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Serán elecciones de enorme trascendencia dentro y fuera de Brasil. Flavio Bolsonaro, hijo del encarcelado expresidente con relaciones directas con el crimen organizado en Río de Janeiro, llevará la ventaja tras imponerse por algo más de dos puntos al actual presidente de izquierdas, Luiz Inácio Lula da Silva en los comcios de ayer.
Bolsonaro ganó por dos puntos —del 47% al 45%— a Lula tras una fuerte ola de votos en favor de la extrema derecha en las elecciones legislativas y estatales, pero la batalla volverá a comenzar hoy. Las repercusiones de una victoria bolsonarista, la última de una ola ultraconservadora que arrasa por Suramérica, serían sísmicas.
Nadie estará más atento que el presidente estadounidense Donald Trump que anunció la semana pasada que “sigo muy de cerca” el proceso electoral. Miembro fundador de los BRICS, potencia diplomática, reserva de minerales críticos y primer productor de alimentos del planeta, Brasil “sería la joya de la corona” para la nueva Doctrina Monroe de Trump, según comentó un diplomático en Brasilia. Rubio quiere un “Gobierno dócil” en Brasilia para “recuperar el hemisferio”. Flavio Bolsonaro, que ha invitado a la administración Trump a participar en un equipo de transición si gana las elecciones, y que defiende ataques a narcolanchas en la bahía de Guanabara, cumple con todos los requisitos.

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La administración Trump ha anunciado a lo largo de los últimos meses una serie de medidas de injerencia para perjudicar a Lula y favorecer a Flavio Bolsonaro. Estas incluyen aranceles, sanciones dirigidas contra jueces, advertencias sobre el sistema de pago Pix —el Bizum brasileño—, y agresivas declaraciones sobre Lula y el tribunal supremo.
Al inicio de la misma jornada electoral, el domingo, la policía federal anunció una investigación sobre un fondo “anticomunista” apoyado con 40 millones de dólares por la Administración Trump para financiar campañas del bolsonarismo contra Lula y el Tribunal Supremo, tal y como adelantó el diario británico The Guardian hace dos semanas. El fondo será utilizado en Suráfrica y Nigeria, además de Brasil, según el mismo periódico.
La policía investiga el uso en Brasil de un fondo “anticomunista” estadounidense
Trump y, aún más, su secretario de Estado, Marco Rubio, parecen compartir la delirante narrativa tejida por el movimiento bolsonarista, según la cual, una “dictadura jurídica” es responsable de la condena de 27 años de cárcel para Bolsonaro padre por su participación en un intento de golpe de Estado en 2022-23. Bolsonaro actualmente reside en un apartamento en Brasilia, bajo arresto domiciliario.
Cuando Bolsonaro fue condenado hace un año, el secretario de Estado, Marco Rubio, calificó la sentencia de “injusta” y denunció una “caza de brujas” contra el expresidente ultraconservador. Esto pese a las abundantes pruebas y testimonios de que Bolsonaro sí participó en reuniones con militares para diseñar un golpe de Estado que habría incluido el asesinato de Lula, su vicepresidente y el juez Alexandre de Moraes, que luego condenaría a Bolsonaro.
En el nuevo libro Eu disse não (Y dije que no), Carlos Baptista Junior, el comandante de las Fuerzas Aéreas que participó en las reuniones en las que Bolsonaro pidió a los militares el apoyo al golpe, explica que la llamada Operación Puño Verde y Amarillo, “preveía acciones de monitoreo y neutralización de las autoridades de la República, incluyendo la posibilidad de asesinato”.
Pese a ello, el Departamento de Estado aún retrata a Bolsonaro como víctima inocente de jueces brasileños. Trump ha apoyado también, en alguna ocasión, la falsa denuncia bolsonarista de que hubo fraude en las elecciones del 2022. Esto genera temores en Brasilia de que una victoria de Lula pueda desencadenar denuncias de fraude con apoyo de Washington. “Damos por hecho que EE. UU. no reconocerá una victoria de Lula en segunda vuelta, aunque no necesariamente harían nada más”, dijo un asesor de un diputado del Partido de los Trabajadores en Brasilia en una entrevista.
La última medida de desestabilización puede ser la decisión de cerrar la embajada estadounidense al público horas antes por supuestos riesgos para la seguridad. “Tiene pinta de ser una guerra híbrida para generar sensación de inseguridad”, dijo un experto en ley internacional en Brasilia próximo al Gobierno de Lula. Los empleados de la embajada de EE. UU. en Brasilia y de los consulados de Porto Alegre, Río de Janeiro, Recife y São Paulo recibieron instrucciones de trabajar desde casa. Australia cerró sus oficinas diplomáticas en Brasil también, y el Reino Unido y Canadá emitieron alertas de seguridad. Pero ninguna embajada explicó por qué.
La narrativa de la caza de brujas contra Bolsonaro sirve a Washington para justificar una campaña de desestabilización del gobierno de Lula conforme Washington avanza en su plan de dominar el hemisferio occidental y arrinconar a China, el principal socio comercial e inversor de Brasil y aliado del gobierno de Lula.
Quien hace de intermediario entre la campaña bolsonarista y la Casa Blanca es un lobby integrado por Eduardo Bolsonaro, el hermano de Flavio, y el influencer de ultraderecha Alfredo Figueiredo, nieto del último dictador de la junta militar que gobernó en Brasil entre 1964 y 1985. Eduardo Bolsonaro es fugitivo de la justicia brasileña desde que se mudó a Texas en 2025.
Empresas relacionadas con Eduardo Bolsonaro embolsaron más de 20 millones de dólares procedentes del corrupto banquero Daniel Vorcaro, supuestamente para financiar la película Dark Horse que cuenta el ascenso al poder de Jair Bolsonaro en 2018, producida en EE. UU. La Policía Federal en Brasil sospecha que parte de este dinero se destinaba a Eduardo Bolsonaro para financiar su vida de lobista en EE. UU.
Asi mismo, la llamada Rockbridge Network, una empresa fundada por el vicepresidente de Trump, JD Vance, para difundir ideología ultraconservadora, ha establecido relaciones estrechas con la campaña de Flavio e incluso le ayudó a encontrar una sede en São Paulo. Participada por el hijo de Trump, Rockbridge canaliza financiación de magnates de tecnología hacia grupos ultraconservadores. Está por ver cómo la nueva filial brasileña —curiosamente, registrada en Wyoming— de la empresa vaya participando en las elecciones o la política poselectoral.
Según el medio de investigación The Intercept en Brasil, Rockbridge gestionó la creación de un consejo de 23 empresarios para asesorar a Flavio y facilitar relaciones entre inversores extranjeros.
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