Las filias gastronómicas de Salvador Dalí

0

Por Lídia Penelo Ruiz — Portada

Las filias gastronómicas de Salvador Dalí

Al día

El genio ampurdanés tambíen tuvo una relación surrealista con la comida. Tenía devoción por huevos, panes, y langostas; de pequeño quiso ser cocinero y de mayor publicó un libro de recetas para satisfacer a Gala

La cocina subversiva de Leonora Carrington

Salvador Dalí, una fotografía de Adam Stevens de 1961 en Cadaqués 

Salvador Dalí, una fotografía de Adam Stevens de 1961 en Cadaqués 

Propias

Lídia Penelo

04/10/2026 07:51 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La huella daliniana se ha expandido hasta el Passeig de Gràcia de Barcelona con el espacio inmersivo Dalí Boulevard Cibernètic. Hasta hace apenas unos días, aún se podían ver los tres huevos gigantes que se colocaron cerca de la Casa Amatller a modo de reclamo publicitario. Los huevos son un distintivo irrefutable de la iconografía del artista, pero cómo decían en los viejos dibujos animados, “¡No se vayan todavía, aún hay más!”. Sabrán que Salvador Dalí tuvo una relación surrealista con casi todo, y también con la comida. No hace falta ser un gran observador para apreciar que la obra del genio ampurdanés está preñada de alimentos, y que tenía devoción por mariscos, huevos y panes. (¿Tienen en mente la hiperrealista La cesta de pan? )

Además de estar presentes en sus lienzos, encontramos huevos coronando su casa de Portlligat, y panes de tres crostones en la fachada de la Torre Galatea del Museu Dalí de Figueres. Si nos ocupamos de los objetos, Dalí diseñó el Teléfono Langosta; Le veston aphrodisiaque (un esmoquin recubierto de vasos de licor con pipermín), una cubertería con mangos en forma de caracol y joyas inspiradas en mariscos, entre otros.

La casa-museo de Salvador Dalí en Portlligat 
La casa-museo de Salvador Dalí en Portlligat  La Vanguardia

“A los seis años quería ser cocinero. A los siete quería ser Napoleón. Y mi ambición ha ido creciendo sin parar desde entonces”. Así empieza La vida secreta de Salvador Dalí, el libro autobiográfico indispensable para acercarse a las filias y fobias de Dalí escritas por él mismo. A pesar de que no fue cocinero, comer siempre fue una fuente de placer e inspiración inagotable.

Dalí escribió su vida secreta a los 37 años en los Estados Unidos, donde pasó parte de la Segunda Guerra Mundial. Aunque antes de llegar, pasó unas semanas en Arcachon, lugar que eligió concienzudamente para esquivar una posible invasión nazi y deleitarse con liebres a la cazuela, patos a la naranja, ostras y vino de Burdeos.

Es en este volumen donde cuenta que no come espinacas porque “solo me gusta comer cosas de una forma bien definida e inteligible. Detesto las espinacas por su carácter amorfo”. Para Dalí, los alimentos debían tener valores estéticos y morales rígidos, por eso sentía fervor por los mariscos que definía como “armaduras comestibles”. Le entusiasmaba tener que librar una batalla con el caparazón en cuestión, hasta alcanzar lo que alberga en su interior.

El recetario surrealista

Les dîners de Gala es otro volumen que atestigua los particulares apetitos del padre de El Gran Masturbador (tela donde en el margen inferior derecho aparece un huevo). Este recetario publicado en 1973 compila los platos que Gala y él ofrecían en sus veladas, y que a menudo preparaban refinados cocineros franceses. Caracoles con ranas, colas de cangrejo de río en salsa de cacao o alondras rellenas son algunas de las excéntricas elaboraciones que encontramos con dibujos y fotomontajes creados por el propio Dalí.

Más libros. La lectura de La cuina surrealista Dalicatessen de Salvador Dalí de Jaume Fàbrega, revela, entre otros aspectos, la preferencia por los platos de mar y montaña del artista. Una combinación que este historiador y crítico gastronómico considera el máximo exponente culinario del surrealismo.

Los restaurantes frecuentados por Dalí

Se podría escribir una guía sobre los restaurantes que frecuentó Dalí. Empezando por los más cercanos a su casa de Portlligat, como Casa Anita de Cadaqués, donde se hartaba a comer gambas a la plancha (aunque según contó a esta periodista Ana Mota, fallecida en 2025, Dalí siempre le pedía que se las pelara ella. Parece ser que era glotón, pero odiaba pringarse.

En Figueres, si el Motel era territorio de Josep Pla, el matrimonio Dalí, prefería el Hotel Duran. Allí se pueden ver algunas dedicatorias y dibujos de Dalí, como el del pato con peras con el que tanto disfrutaba.

Los Dalí en Girona frecuentaban la Barca, donde celebraron su banquete nupcial. En la actualidad, este restaurante con vistas al río Ter sigue abierto bajo el nombre de Restaurant Jardins Gala Girona. ¿Saben qué comieron en el día de su boda? Pues según se puede leer en el menú que conservan en el restaurante el ágape consistió en un surtido de embutidos, paté de hígado de oca, suquet de bogavante al horno con almejas y pastel de crema catalana.

Dalí en Via Veneto, foto de archivo del restaurante 
Dalí en Via Veneto, foto de archivo del restaurante  Llibert Teixidó – Colaboradores

En Barcelona adoraban el Via Veneto y el 7 Portes, y en París el lujoso Hôtel Le Meurice de la rue de Rivoli. Esta era la residencia parisina de Dalí y donde pasaba al menos un mes al año instalándose en la antigua suite de Alfonso XIII. Hacía mucha vida en el hotel, y hoy en día el restaurante principal rinde homenaje a su figura bajo el nombre de Restaurant Le Dalí. Fuera del hotel, no faltaban las cenas en Maxim’s.

Quizás porque para él comer era una experiencia total, estética y mística, transformó la máxima de André Breton (“la belleza será convulsiva o no será”) y dijo que “la belleza será comestible o no será”.

Etiquetas

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *