Paseos en bicicleta, corales y aguas turquesa en Maldivas

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Por Autor Generico — Portada

Paseos en bicicleta, corales y aguas turquesa en Maldivas

Gran viaje

La ansiedad desescala en el Índico, donde las aguas de las mil doscientas islas coralinas emiten un brillo azul al balancearse por la noche. Ese resplandor es la primera señal de conexión con el destino, como si las aguas escondieran escamas plateadas que refulgen a la luz de la luna

Algunas de las villas sobre el mar del hotel The Residence Maldives cuentan con piscina privada cuyas aguas se iluminan de noche

Algunas de las villas sobre el mar del hotel The Residence Maldives cuentan con piscina privada cuyas aguas se iluminan de noche

Toshiko Kawana

Lucía Arqué

04/10/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La calma suspendida se paladea en este archipiélago formado por atolones diminutos desperdigados por el Índico, donde la tierra firme es una excepción, y el horizonte, una precisa arquitectura.

Durante siglos, sus habitantes aprendieron a convivir con un océano que, visto desde el folleto turístico, parece dedicado exclusivamente al descanso. El visitante llega buscando una isla desierta y descubre, con cierta sorpresa, que incluso el paraíso tiene recepción, minibar y política de toallas. Las Maldivas son, en ese sentido, menos una evasión de la civilización que su versión más cuidadosamente editada.

Una nación de comunidades, pesca, religión, política y una geografía extraordinariamente vulnerable 

Debajo de las palmeras, sin embargo, permanece el país real: una nación de comunidades, pesca, religión, política y una geografía extraordinariamente vulnerable al aumento del nivel del mar. El mar que vende el paisaje es también el que determina su futuro. Hacia el 2050, el nivel medio del mar en las Maldivas podría haber aumentado aproximadamente entre 27 y 52 centímetros, lo que convertiría sus islas en inhabitables incluso antes de que sean enterradas en el mar. Una carrera contra reloj se afana para frenar su extinción implementando planes estratégicos sostenibles.

No obstante, las Maldivas siguen siendo un paraje con hechizo que invita a la calma. Por la noche, desde las villas sobre el agua, se escuchan las olas que lamen las maderas de las suites. Es uno de los recuerdos que deja The Residence Maldives, en Falhumaafushi, una isla del atolón de Gaafu Alifu. También los paseos en bicicleta, los baños que se alargan y esa facilidad para pasar un buen rato contemplando el mar y la rica fauna marina que habita este clima.

The Residence Maldives dispone de 94 villas, muchas de ellas, sobre la laguna
The Residence Maldives dispone de 94 villas, muchas de ellas, sobre la laguna  The Residence Maldives

El hotel cuenta con 94 villas repartidas entre la playa y la laguna. La arquitectura tradicional maldiva inspira sus cubiertas vegetales y sus interiores, con techos altos, materiales naturales y grandes ventanales. Las villas sobre el agua disponen de una terraza desde la que se baja directamente al mar; algunas cuentan, además, con piscina privada cuyas aguas se iluminan de noche.

Ir en bicicleta es la mejor manera de moverse por la isla y disfrutar del trayecto, detenerse cuando se avista alguna ave exótica y perderse para descubrir sus rincones. Entre la vegetación, los sonidos de los animales y el rumor del agua, los paseos acaban convirtiéndose en una de las partes más agradables de la estancia. El canto del cuco traslada a las escenas de The White Lotus, donde el placer nunca es culpable

El hotel ofrece villas de techos altos, grandes ventanas y materiales naturales
El hotel ofrece villas de techos altos, grandes ventanas y materiales naturales  The Residence Maldives

La vida marina está muy presente, incluso a la hora de cenar: con un poco de suerte, se pueden observar pequeños tiburones y tortugas nadando cerca. The Falhumaa tiene una ubicación privilegiada para una velada sobre el océano, al final de una pasarela de 230 metros que se adentra sobre el arrecife. Su carta reúne productos del mar, carnes a la parrilla y vinos internacionales, aunque la mirada se escapa hacia el agua para contemplar el baile de los peces.

El amanecer y el atardecer tienen también su propia cita con las clases de yoga. Practicarlo al aire libre, con el mar cerca, es una buena razón para madrugar. El spa de Clarins, instalado en seis pabellones sobre la laguna, completa la propuesta con masajes y tratamientos faciales y corporales. Hay días que bien podrían organizarse alrededor de una sesión de yoga, un masaje y un baño.

Los paseos acaban convirtiéndose en una de las partes más agradables de la estancia

Una conversación con la bióloga marina Jannah Britt-Green permite entender todo lo que vemos desde la superficie. Nos habla de tiburones de puntas negras y blancas, de rayas y de la abundancia de tortugas verdes. La explicación de estas últimas está en las praderas marinas que crecen entre las islas y les sirven de alimento. Esas plantas también contribuyen a proteger la costa frente a la erosión.

La conversación se detiene en el coral. La bióloga explica cómo el aumento de la temperatura del mar provoca el blanqueamiento de los arrecifes y destaca las condiciones favorables de este atolón, con aguas más profundas. Conservar esa riqueza ocupa buena parte de su trabajo. Entre sus proyectos está el cultivo de corales en estructuras sumergidas, una iniciativa que empezó a probar en la vecina isla de Dhigurah.

Los arrecifes de coral, amenazados por el calentamiento del agua, acogen una biodiversidad que invita a sumergirse y disfrutarla
Los arrecifes de coral, amenazados por el calentamiento del agua, acogen una biodiversidad que invita a sumergirse y disfrutarla The Residence Maldives

En esas estructuras reúne distintas especies de coral. La variedad importa: algunos peces acuden a determinados corales para alimentarse y otros los utilizan como refugio. Por eso, explica, la diversidad es una parte fundamental del proyecto. Al escucharla, dan ganas de volver al agua a buscar a las tortugas que crecen en las praderas acuáticas, observar dónde se esconde un pez, detenerse ante las formas del coral.

Britt-Green también subraya la importancia de reducir el uso de plásticos y de mantener limpias las islas, tareas necesarias para proteger a los animales marinos. Escucharla añade valor cualitativo a la estancia: la posibilidad de comprender un poco mejor ese paisaje que tantas veces hemos visto en fotografías. Y de recordar, al ponernos las gafas de esnórquel, que estamos entrando en un lugar lleno de vida.

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The Residence tiene mucho de ese paraíso que imaginamos al pensar en las Maldivas, pero lo que apetece llevarse a casa es su ritmo: caminar despacio, escuchar, dejar una conversación a medias para contemplar una tortuga. La prisa aquí no tiene sentido

Clase ‘business’ de Emirates

Más allá del tópico, hay periplos que empiezan a disfrutarse desde el momento en el que se pone un pie en la calle. El destino de las Maldivas se antoja idílico; los preparativos, ilusionantes, y el trayecto, una extensión de una aventura excitante no exenta de cuidados hasta el mínimo detalle. A bordo de un A-380, un A-350 o de un Boeing 777 de Emirates, los aviones utilizados en sus vuelos a Dubái, la ciudad en la que realiza escala en sus viajes desde Madrid o Barcelona, el viajero de clase business se siente como un invitado. Volar en la mejor aerolínea global de Oriente Medio según los APEX Best in Airline Awards, y la número 1 del mundo en entretenimiento a bordo de acuerdo con los World Airline Awards de Skytrax —los Oscars del sector— anticipa una experiencia excepcional, avalada por más de cuatro décadas. Y es que, a modo de ejemplo, dispone de un catálogo de más de 3.000 películas y una selección de representaciones de ópera, ballet y sinfonías.
Durante el viaje no hace falta preocuparse por nada. La primera constatación de tal afirmación se siente al salir de casa, cuando un servicio de chófer recoge al viajero y lo acompaña hasta el aeródromo. Y es que en business el estrés no existe; una sensación que será una constante hasta llegar al destino final. A bordo, imperan la comodidad y el buen gusto, con asientos reclinables que se convierten en camas y una gastronomía atenta al detalle. Servida en porcelana fina, la alta cocina se inspira en cada región, con propuestas también veganas, y transporta al pasajero al nuevo destino.
¿Ganas de tomar una copa en compañía o socializar a bordo? La pregunta podría parecer fuera de lugar, pero nada más lejos de la realidad. Una sala vip a bordo accesible para el pasajero de primera clase o de business emula el lujo y el glamur de la época dorada de la aviación. En tierra, las vip lounges alcanzan la excelencia. Durante la espera en Dubái, antes de emprender la última etapa hasta las Maldivas, son todo un aliado. Escondidas en la terminal 3, ofrecen sorpresas en forma de masajes o tratamientos faciales en su spa, ideales para cargar pilas; degustaciones de champán en el espacio de Moët & Chandon con bocados firmados por chefs de prestigio, o tentaciones de fruta fresca o batidos en el Health Club. Propuestas que sitúan las salas vip de Emirates entre las mejores del planeta

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