‘El Castillo’: El proxenetismo en España como nunca se ha visto

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Por Philipp Engel — Portada

‘El Castillo’: El proxenetismo en España como nunca se ha visto

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Isabel Peña, guionista habitual de Sorogoyen, adapta ‘El proxeneta’, de Mabel Lozano, en la nueva serie de Movistar Plus

Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Laia Marull, en una escena de la serie que Movistar Plus estrena el próximo jueves

Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Laia Marull, en una escena de la serie que Movistar Plus estrena el próximo jueves

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Philipp Engel

Philipp Engel

San Sebastian

04/10/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

España, en los albores del nuevo milenio: el negocio de la prostitución se está transformando en algo mucho más grande. Un grupo de proxenetas levanta un burdel gigantesco surtido con mujeres traídas de Latinoamérica y Europa del Este. Al asociarse, pueden dar cobertura legal a sus actividades, blanquear dinero, incluso dar pie a un grupo de presión política. Las chicas llegan urgidas por la necesidad, y contraen una deuda a la que sus explotadores no dejan de añadir gastos para mantenerlas encadenadas el mayor tiempo posible.

Mabel Lozano estudió esta nueva esclavitud a partir del testimonio de Miguel ‘El músico’, que reconoció haber “importado” más de 1.700 mujeres para sus macro-burdeles. La escritora, que dio a su investigación forma de libro, El proxeneta (Al Revés editorial), y de documental ( El Proxeneta. Paso corto, mala leche , 2018), ha colaborado como asesora en este salto a la ficción en el que Isabel Peña y Eduardo Villanueva, cocreadores de El Castillo –diez episodios de 50 minutos, en Movistar Plus a partir del 8 de octubre, con Elena Martín y Sandra Romero como directoras– llevaban ocho años trabajando.

En el festival de San Sebastián, donde se presentó la serie, Peña afirma que Lozano es “una enciclopedia” y Villanueva que les “ha abierto las puertas a otras fuentes de información, desde judicatura a policía de alto nivel. Empezamos muy pegados al personaje de ‘El músico’, pero fuimos abriendo la trama a otros, sin despegarnos de la realidad en cuanto al funcionamiento del sistema”. El título, El Castillo , simboliza tanto el macro burdel, “una fortaleza inexpugnable” según Villanueva, como ese “sistema casi feudal y muy masculino, que también evoca el pasado colonial”.

“Queríamos desmitificar y desromantizar a los proxenetas, que parecieran lo más normales posibles, sin obviar que son seres con una falta de escrúpulos bestial”

En la ficción, ‘El músico’ pasa a ser ‘El suizo’, al que da vida un magistral Raúl Arévalo, irreconocible con sus kilos de más y su pelo de menos. A este se han sumado Claudia, encarnada por la colombiana Valentina Vidal, que será nuestros ojos en el inframundo de la trata: “Lanzamos una convocatoria de casting global, y nos llegaron muchas pruebas. La suya fue como un milagro”. También están los agentes que investigan el caso, a los que ponen cuerpo policial Omar Ayuso y Laia Marull. Con estas tres perspectivas, la serie propone una inmersión que dejará al espectador pringado para siempre, porque, como comenta Peña sobre el libro de Lozano, “habla de un mundo que sabías que existía, pero que nunca te habías parado a mirar tan detenidamente”.

A los principales puntos de vista se añade un elenco brutal. Los proxenetas, en particular, son muy creíbles porque no son villanos de manual. No dan ganas de irse de copas con ellos, pero tampoco desentonarían en la cola del super. “Queríamos desmitificarlos y desromantizarlos, que parecieran lo más normales posibles, sin obviar que son seres con una falta de escrúpulos bestial y una capacidad para el mal terrible”, comenta Villanueva. “Si queremos contar que la trata está entre nosotros, teníamos que contarlos desde esa proximidad”, añade Peña.

Luego está todo el abanico de clientes, representativo de ese 17,9% de la población masculina que, en nuestro país, recurre al sexo de pago (según un reciente estudio del Ministerio de Sanidad y el Centro de Investigaciones Sociológicas). Otro 9,6% lo habría hecho una vez en la vida, como un rito de paso. El primer cliente de Claudia, un habitual, se distingue por su amabilidad, lo cual, paradójicamente, hace todavía más siniestra la escena: teniendo la “mejor versión”, nos permite imaginar lo peor. “Era importante contar que hay muchos tipos de puteros”, dice Peña, “pero los seis que trabajamos nos parecían lo suficientemente reveladores. Ese primer cliente, para nosotros, es ‘el cuidador’, porque es muy condescendiente y controlador. Le gusta estar con chicas que acaban de llegar para poder educarlas”. Luego hay de todo, desde las típicas “despedidas de soltero” a cocainómanos que arrastran a Claudia al vicio, pasando por los violentos.

Por la naturaleza del tema, era básico que tras la cámara hubiese dos directoras como Elena Martín y Sandra Romero: la directora de Creatura ha demostrado de sobras su talento al abordar cuestiones de género, y la de Por donde pasa el silencio , su capacidad de observación. “La mirada femenina, tan difícil de definir, es clave en esta serie”, comenta Villanueva. “Hay una manera de enfrentarse a los clichés con los que siempre se había narrado este tema, que sólo surge cuando hay mujeres al frente. Se nota, por ejemplo, en la manera de individualizar todas las mujeres que aparecen. Aunque no sean relevantes para la historia, todas tienen nombre y un primer plano. No son una masa informe, sino seres humanos” .

Anatomía de una escena

‘El Castillo’ contiene una escena, absolutamente revolucionaria, que se estudiará en las escuelas de cine por los siglos a venir, y lleva la firma inequívoca de Elena Martín. Es el primer encuentro sexual de Claudia y un cliente: está rodada casi desde su punto de vista, sin que se la vea, y solo aparece el cliente tapándose las vergüenzas con una toallita, y procediendo a un frio acto sexual encima del cuerpo de ella, que permanece tan invisible como su rostro. “Nuestra idea inicial era quedarnos solo con un primer plano del rostro de Claudia, sin que tampoco se viera su cuerpo. Pero Elena le dio la vuelta para conseguir lo mismo, pero mejor, en una escena de sexo como nunca la habíamos visto antes, y donde fondo y forma no pueden ir más de la mano”, señala Isabel Peña.

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Fonte: Portada

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