Por Olga Merino — Portada

Olga Merino

Olga Merino

Escritora y periodista

Noches de vino y guayaberas

Fahrenheit 451

03/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

En la noche del miércoles, Barcelona fue Managua. O La Habana. O Río de Janeiro. O Ciudad de Panamá. Solo nos faltaron las guayaberas a quienes asistimos a la fiesta por el 30.º aniversario de La Central, celebrada en la sede del Raval. Como amagaba lluvia se instalaron en el patio varias sombrillas de plástico que se conjuraron para crear un efecto sauna; aunque no llegó a cuajar, la tormenta se condensó en una bola de humedad pegajosa, de suerte que los convidados parecíamos tomates sonrientes bajo los invernaderos de El Ejido.

En la velada tropical, hablaron el librero Nacho Borraz, quien halagó a los lectores, “que hacen crujir el suelo de la librería”, y Eva Congil, directora general de Feltrinelli España, el grupo italiano que entró hace una década en el accionariado de la librería. Tras los parlamentos, se brindó en copas de cristal –nada de vasos de cartón– con vino de uva tinta merlot, blanco sauvignon o cava fresquito. Entre las bandejas de bocados volanderos, el periscopio de la brigadilla Fahrenheit 451 atisbó varias cabezas pensantes de la distribución y sobre todo muchos editores: Silvia Sesé (Anagrama), Joan Tarrida (Galaxia Gutenberg), Luis Solano (Libros del Asteroide), Rosa Rey (Angle), Maria Bohigas (Club Editor), Valeria Bergalli (Minúscula), Diego Moreno (Nórdica), María Fuentes (Vaso Roto), David Andrés (Siglo XXI) y los que se zafaron del visor infrarrojo.

La Central celebra el 30.º aniversario de su apertura en una noche de humedad tropical

Sin embargo, por más que lo intentamos, los bomberos no logramos vislumbrar ni a Marta Ramoneda ni a Antonio Ramírez, fundadores de La Central allá por marzo de 1996. No estaban, y se nos hizo raro no darles un achuchón. Nos llamó asimismo la atención cuánto bajó la media de edad del público que suele asistir a estos actos. ¿Acaso difundieron la convocatoria por redes?, ¿o fue el anuncio de picoteo el señuelo juvenil? Mucha, mucha gente joven entre los invitados, algunos de los cuales no habían nacido siquiera cuando levantó la persiana el local de la calle Mallorca en los mismos días, por cierto, en que Aznar había ganado sus primeras elecciones y se andaba dorando en el horno el pacto del Majestic; por entonces, todavía se iba a la mili.

La secreta geometría del azar ha dispuesto que esta semana no salgamos de un mismo vórtice: actos en La Central, en una u otra sede, en torno a mitos norteamericanos. Rodrigo Fresán hizo gala de un gran poder de convocatoria (martes, calle Mallorca) en el bautizo de Sol, sombra y fiesta, publicado en la colección mini de Debate, que dirige Miguel Aguilar. Se trata de un “ensayo disfrutón”, en palabras de Andreu Jaume, maestro de ceremonias, acerca de Hemingway y su novela The sun also rises, que se tradujo en España como Fiesta. Acudió a escucharlos un montón de escritores y periodistas: Enrique Vila-Matas, Juan Villoro, Javier Argüello, Valerie Miles, Miqui Otero, Álvaro Colomer, Matías Néspolo y Elena Hevia. También estaba Ginés Pérez Navarro, barman imprescindible y custodio de la memoria barcelonesa; de alguna manera, siempre acabamos regresando al Belvedere, en el pasaje Mercader. Una alegría para cerrar un párrafo apresurado: después de Hemingway y Scott Fitzgerald, Fresán está trabajando en un tercer ensayo dedicado a Faulkner.

Un momento de la fiesta de aniversario de La Central
Un momento de la fiesta de aniversario de La Central Guifré Sabaté i Rispa

Si el martes se debatió sobre la gran ballena blanca de la novela norteamericana y la generación perdida, la casualidad quiso que el jueves se abordara otro gran mito fundacional de Estados Unidos: el salvaje Oeste y la frontera. Otra vez en la calle Mallorca. Éric Vuillard, con su manera peculiar de esculcar la historia, presentó Los desesperados (Tusquets / Edicions 62), un artefacto narrativo en torno a la figura de aquel forajido llamado Billy el Niño. Nos encantó que el presentador, Jordi Amat, arrimara su móvil al micrófono para que el respetable escuchara Knockin’ on heaven’s door en la voz de Bob Dylan.

Por lo demás, nuestra red tentacular de bomberos espías nos sopla que hubo un llenazo absoluto el jueves por la tarde en la librería Blanquerna, de Madrid, donde Anabel Abril presentó su libro Catalans a Madrid. Relats d’atracció i poder, junto con la delegada del Gobierno, Núria Marín. 

Ojo con los virus y resfriados, amigos; la semana pasada tuvimos que fumigar el cuartel con Frenadol.

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