Por Antonio Malacara — La Jornada

Hasta hace un par de años, muchos daban por muertos (o en vías de extinción) a los discos compactos, y la mayoría de los músicos y los públicos migraban a las plataformas digitales o subían por su propia cuenta a la nube para almacenar, escuchar o distribuir sus músicas, al igual que sus videos, sus fotos, sus datos y sus etcéteras. Los discos ya no se podían palpar, ya no eran tangibles.

Fonte: La Jornada

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