Poul Kjaerholm, el maestro ebanista que enseñó al acero a ser cálido
Por Begoña Corzo Suarez — Portada
Poul Kjaerholm, el maestro ebanista que enseñó al acero a ser cálido
Diseño
El diseñador danés que eligió el metal cuando sus contemporáneos abrazaban la madera celebra en Madrid setenta años de sus piezas más icónicas

Kjaerholm fue el gran disidente de una generación de diseñadores daneses enamorada de la madera, él eligió el metal
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02/10/2026 06:40 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
“Prefiero expresar el carácter de los materiales que mi propio carácter”, dijo una vez Poul Kjaerholm. Y así, su obra, se reconoce por un sonido, el de una hoja de acero cepillado. Nacido en Øster Vrå en 1929 y muerto en Hillerød en 1980, con apenas 51 años, Kjaerholm fue el gran disidente de una generación de diseñadores daneses enamorada de la madera. Él eligió el metal, y lo trató con la misma devoción artesanal que sus colegas reservaban al roble o al nogal. El resultado fue una de las gramáticas más depuradas del siglo XX: estructuras de acero plano, casi líquidas en su ligereza, combinadas con cuero, mimbre, lona, cuerda, mármol o cristal.
Madrid le rinde ahora homenaje con The Poul Kjaerholm collection, la mayor muestra dedicada al diseñador celebrada en España, abierta hasta el 20 de diciembre del 2026 en Naharro.


La biografía de Kjaerholm tiene algo de contradicción fértil. A los 15 años ya era aprendiz de ebanistería junto al maestro Grønbæk, y esa formación manual -el respeto por la fibra de la madera, por la unión exacta de dos piezas- nunca lo abandonó. Sin embargo, en 1952 ingresó en la Escuela Danesa de Artes y Oficios de Copenhague, donde coincidió con figuras como Hans Wegner o el arquitecto Jørn Utzon, y allí decidió que su material sería el que nadie quería, el acero industrial. No lo entendía como un atajo tecnológico frente al oficio, sino como una prolongación de él. Para Kjaerholm, el metal merecía la misma atención artística que se le concedía a la madera; le fascinaba, decía, cómo la luz se refractaba en su superficie pulida.
Esa convicción cristalizó muy pronto. Con solo veintidós años, como proyecto de fin de carrera, presentó la silla PK25 -entonces bautizada Element Chair-, con un asiento curvo que parecía suspendido en el aire y un respaldo de cuerda tensada sobre un esqueleto de aluminio. Fue la carta de presentación de un lenguaje basado en la economía de medios, la tensión estructural y una combinación de materiales naturales e industriales resuelta con precisión.

A partir de mediados de los cincuenta trabajó para el fabricante Ejvind Kold Christiansen, que le concedió una libertad creativa poco habitual para la época, y más tarde, tras su muerte en 1980, sus herederos confiaron la producción de su obra a Fritz Hansen, la centenaria firma danesa que la mantiene viva hasta hoy. En su serie PK -bautizada con sus propias iniciales- resuena la Bauhaus, Le Corbusier y, sobre todo, Mies van der Rohe. La mesa PK61, la chaise longue PK80 o la silla PK22 dialogan abiertamente con la mítica serie Barcelona del alemán, aunque Kjaerholm supo darle un acento nórdico, más íntimo y menos monumental.
Setenta años después, la PK22 sigue demostrando que la sobriedad bien construida no caduca nunca
Kjaerholm se definía a sí mismo como “arquitecto del mobiliario”, y no era una boutade: entendía cada pieza como un elemento capaz de organizar el espacio, además de decorarlo. Fue también profesor -primero en la Escuela de Artes y Oficios, después en la Real Academia Danesa de Bellas Artes, de la que llegó a ser catedrático en 1976- y su casa familiar en las afueras de Copenhague, proyectada junto a su esposa, la arquitecta Hanne Kjaerholm, funcionó como laboratorio permanente de su pensamiento sobre la vivienda moderna. Obtuvo dos veces el Gran Premio de la Trienal de Milán y el Premio Lunning, distinción concedida a los grandes embajadores del diseño escandinavo. Hoy su obra forma parte de las colecciones permanentes del MoMA de Nueva York, el Victoria and Albert Museum de Londres y el Louisiana Museum of Modern Art de Copenhague, entre otras instituciones internacionales.

La muestra que ahora acoge Naharro es la celebración de un triple aniversario: setenta años de tres piezas que en 1956 cambiaron la conversación del diseño escandinavo. La butaca PK22 -que apenas nacer ya se llevaba el Grand Prix de la Trienal de Milán- estrena para la ocasión un nuevo cuero anilina desarrollado junto al curtidor danés Sørensen, de tacto suave y color marrón oscuro, pensado para envejecer con dignidad. Thomas Kjaerholm, hijo del diseñador, ha observado con cierta sorpresa cómo esta silla vive ahora una segunda juventud entre compradores jóvenes, que la piden como regalo de graduación, casi como un rito de paso hacia la vida adulta.
Junto a ella nació también la mesa de centro PK61, que en 2026 presenta un nuevo sobre en granito gris blanquecino apomazado, con vetas de sal y pimienta. Y la exposición incorpora además el biombo modular PK111, diseñado en 1956 para la propia casa de Kjaerholm y reintroducido ahora por Fritz Hansen tras décadas de producción intermitente. Fabricado en chapa de pino de Oregón, el biombo -de apenas 140 centímetros de altura- fue concebido para separar sin aislar. Su hijo Thomas recuerda que, pese a su extrema sencillez -apenas dos piezas ligeramente desplazadas entre sí-, resume a la perfección el método de trabajo de su padre: un diseño pensado para un lugar concreto pero con vocación universal.

Completa las novedades de este año la silla PK3, concebida originalmente en 1954, que ahora incorpora un tapizado frontal para sumar confort sin alterar un ápice su arquitectura original de dos carcasas de madera contrachapada moldeada, unidas por soportes de aluminio visibles sobre una estructura esbelta.
The Poul Kjaerholm collection reúne cerca de cincuenta diseños originales del creador danés, además de fotografías y bocetos de su archivo. La organiza Fritz Hansen junto a Naharro, el distribuidor español especializado en piezas originales de los grandes arquitectos del siglo XX, en la sede que la firma madrileña abrió en el 2022 en el barrio de Las Ventas, un espacio de más de mil metros cuadrados que dedica una planta entera a exposiciones de arte y diseño.
No es casual que el trabajo de Kjaerholm conecte con tanta naturalidad con el gusto contemporáneo por el “lujo silencioso”: interioristas como Axel Vervoordt, Vincent Van Duysen o Joseph Dirand recurren con frecuencia a sus piezas para dar a un espacio esa cualidad que combina rigor y calidez. Setenta años después de su nacimiento, la PK22 sigue demostrando que la sobriedad, cuando está bien construida, no caduca nunca.

Begoña Corzo Suárez
Redactora
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