Ringo Starr aún se divierte y mantiene a los 86 años el brillo de las estrellas

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Por Francesc Peiron Arques — Portada

Ringo Starr aún se divierte y mantiene a los 86 años el brillo de las estrellas

Escenarios

El legendario batería rememora en Nueva York,  “con un poco de ayuda de sus amigos”, aquel aroma de los Beatles, en el regreso al Forest Hills Stadium donde actuó con la banda de Liverpool en 1964

Ringo Starr durante su actuación en Nueva York la noche de este jueves 

Ringo Starr durante su actuación en Nueva York la noche de este jueves 

FP

Francesc Peiron Arques

Francesc Peirón

Nueva York. Corresponsal

02/10/2026 07:35 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Ya llevaba el programa oficial en el que se leía “paz y amor” con la ilustración de Ringo Starr. “Esto es historia. Tenemos la historia delante de nosotros y no me la quiero perder”, respondió Garrett, mujer septuagenaria que hace tiempo antes de que arranque el concierto del legendario batería de los Beatles en el Forest Hills Stadium, recinto en el distrito neoyorquino de Queens con mucho eco para los adoradores de los cuatro fabulosos.

Siendo muy joven, Richard Starkey, vecino de Liverpool, se transformó en Ringo Starr, dicen que por su pasión por los anillos, y su vida cambió. Hoy, a sus 86 años, es el dinosaurio mayor entre las leyendas del pop-rock. Si sigue ahí se debe simplemente a que puede hacerlo y aún se divierte rodeado de buenos amigos.

Siempre será “una cuarta parte de los Beatles”, como algunos lo describieron en un ambiente de calma y jolgorio educado, en el que predominó la gente madura, a veces acompañada por hijos crecidos o por nietos adolescentes. Su público se ha hecho mayor. El propio Ringo lo indicó desde el escenario al imitar como las voces que antes le coreaban “te queremos” con tono juvenil ahora son mucha más graves. “Pero todo es amor”, reiteró.

Había más camisetas de los Beatles que del protagonista de la noche, pero como insistió Garrett, Ringo no era el menos estrella de los cuatro pese a que Paul McCartney y John Lennon siempre se llevaron los focos. “Yo siento y sus compañeros dijeron que no podrían haber existido los Beatles sin Ringo, porque él aportaba la base rítmica de su música”, sostuvo.

La velada empezó con Matchbox, tema de Carl Perkins, rock and roll clásico que sonó electrizante. Ringo, al que no le hace falta apellido, irrumpió lejos de su hábitat natural, sentado y con las baquetas, para ejercer al inicio de líder y cantante. Luego fue alternando.  Se le vio ligero, energético, con una voz sólida.

El sonido atrapaba, sobre todo porque el Beatle se ha rodeado en esta gira de una banda de estrellas, que, como comentaron los fans, era una “banda múltiple”. Ahí estaban Steve Lukather (Toto), a la guitarra y a la voz; Colin Hay (Men at Work), también guitarra y voz; Hamish Stuart (Average White Band), bajo y voz; Gregg Bissonette a la batería; Warren Ham, saxofón, flauta; y Buck Johnson a los teclados, con experiencia en Aerosmith y Hollywood Vampires.

“Tocamos aquí con los Beatles en 1964 y aquí estoy de regreso, haciendo lo mismo”, evocó Ringo al dar paso al segundo tema, It don’t come easy, que él compuso en 1973. El Forest Hills Stadium, que todavía conserva el aroma del pasado en su arquitectura, fue el escenario de los conciertos que los de Liverpool realizaron el 28 y 29 de agosto en aquella fecha y su relevancia se debe a que fueron los primeros conciertos que los Beatles hicieron en un estadio, cosa que demostró que la beatlemanía estaba alcanzando una gran dimensión. Lograron que cada jornadas asistieran 16.000 personas, una cifra que era todo un hito en aquella época.

“Los Beatles cambiaron la historia, los peinados, la ropa, la política”, reflexionó Garrett. “Tuvieron más impacto en la sociedad que otros grupos. También me gustan los Rolling Stones, pero los Rolling Stones no cambiaron el mundo como si lo hicieron los Beatles”, apostilló.

A diferencia de aquellas dos ocasiones míticas, esta vez el estadio estaba casi lleno, pero no tanto como entonces. Si había mucha autenticidad en la escena. En esta era de temor a que la IA lo suplante todo, Ringo y sus amigos demostraron el poderío de la creatividad humana.

Estar ahí fue como estar en un bar con una juke box en la que iban sonando grandes éxitos. Se escucharon canciones originales inolvidables de Men at Work (Down under, Overkill y una memorable Who can it be now en el tramo final), de Toto (Rosanna, una magnífica Africa y la magnética Hold the line) y de Average (Pick up the pieces y Cut the cake). Y hubo versiones, como la de Perkins; la canción Boys que popularizaron de The Sirelles; No, no song, de Hoyt Axon; Work to do, de The Isley Brothers; y Act naturally, de Johnny Rusell.

Pero si algo atrapó al público eso no fue otra cosa que el mundo de los Beatles. Yellow submarine propicio el primer gran momento en el que los espectadores pusieron la luz de sus móviles (lo que antes se hacía con los mecheros) y que corearan. Algo similar ocurrió con Octopu’s garden. I wanna be your man  llegó en un momento en que se iba hacia el punto álgido de la  parte definitiva, donde interpretó Choose love, el único tema de su último disco Long long road.

Un mometo culminante se produjo al interpretar su composición Photograhp, una de sus banderas personales. El clímax del cierre se alcanzó con otra canción de los Beatles, With a little help of my friends, un canto a la amistad. Remató con el regalo de un tema de Lennon y Yoko Ono, Give peace a chance.

Mikey Arugula, youtuber y uno de los mayores coleccionistas de objetos vinculados a los Beatles, que se define como de “la primera generación de beatlemaníacos” –“los vi con nueve años en 1964, en el Ed Sullivan Show y quise ser Beatle”-, hizo un párrafo para resumir la noche. “Todo esto va de amor y de buenas vibraciones. El mensaje es positivo y el mundo de hoy es demasiado negativo. Necesitamos más Beatles”, remarcó.    

Francesc Peiron Arques

Francesc Peirón

Corresponsal de 'La Vanguardia' en Nueva York

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