Por qué el trumpismo odia (y ama) a Europa
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Una alianza en crisis
Tres grandes razones explican la hostilidad de la Nueva Derecha norteamericana hacia los europeos

Un grupo autodenominado “MAGA Boys” posa para sus seguidores durante la segunda jornada de la Convención Nacional Republicana en Dallas ), el 10 de septiembre de 2026
ALBERT PENA / EFE

30/09/2026 06:00 Actualizado 30/09/2026 06:20 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Las iglesias europeas pueden estar vacías, pero a juzgar por la Cornerstone Chapel en Leesburg, Virginia, muchas en Estados Unidos gozan de buena salud. Esta iglesia, con capacidad para 2.000 personas, celebra tres oficios cada domingo por la mañana, todos tan concurridos que es necesaria la presencia policial para regular el tráfico. Tras unos acordes de rock cristiano a cargo de la banda de la iglesia, el pastor Gary Hamrick anima a los feligreses a votar en contra de las propuestas a favor de los derechos de los homosexuales y del aborto. A continuación, pasa al sermón sobre el pecado y la redención en Colosenses 3: «Os habéis despojado del hombre viejo con sus hechos».
Para muchos fieles, no es solo el viejo pastor, sino el Viejo Continente el que tiene un problema. Europa se está volviendo “muy fría hacia el Señor”, afirma Tyler Hamrick, hijo del pastor, que ha seguido sus pasos en el ministerio. “Satanás, sin duda… ha colocado un velo sobre los ojos de los europeos.” Los feligreses se inquietan por la inmigración musulmana en Reino Unido, Francia y Alemania. Matt Denby, un misionero que ha trabajado en Hungría, comenta que los cristianos ven el laicismo del continente como una advertencia: “El matrimonio homosexual, el aborto, el tema transgénero, todo eso ya ha llegado a Europa… ¿Va a pasar ahora lo mismo aquí?”
Los cristianos evangélicos son el núcleo duro de la base del Partido Republicano y sus puntos de vista ayudan a explicar la hostilidad de Estados Unidos hacia Europa durante el segundo mandato de Trump. La belicosidad ha sido llamativa y deja perplejos a muchos europeos. La última estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, publicada el pasado noviembre, reprendía a los europeos por abrazar la “aniquilación de la civilización” al sobre-regular la economía y permitir la inmigración masiva. Los desacuerdos prácticos sobre los niveles de gasto en defensa pueden resolverse; el resentimiento más profundo es mucho más difícil de gestionar. ¿De dónde procede?
Una parte de la derecha se aleja de Europa por geopolítica, otra por el “borrado civilizatorio”
Las recriminaciones contra Europa entre la Nueva Derecha, como se denominan los círculos intelectuales del MAGA (Make America Great Again), se agrupan en tres categorías que se solapan. Las más evidentes son de carácter geopolítico, según Nathan Pinkoski, del Centre for Renewing America, un think tank conservador de Washington. Los realistas en política exterior de la Nueva Derecha consideran que Estados Unidos debe alejarse de las alianzas ideológicas globales propias de la guerra fría, priorizar sus propios intereses y trasladar a Europa la responsabilidad de su propia defensa. Algunos ponen el foco en China, otros en la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental. La guerra de Trump contra Irán provoca quejas en ambos bandos.
Las afirmaciones sobre el “borrado civilizatorio” responden a una segunda visión distinta, enraizada en ideas nacional-conservadoras sobre el patrimonio cultural y los peligros del globalismo. Se considera que Michael Anton, escritor del instituto ultraconservador Claremont Institute, acuñó la expresión, que evoca una ciudadela asediada de cultura cristiana blanca. Los influencers del movimiento MAGA llevan una década contando a los estadounidenses historias fantásticas de terror sobre una Europa invadida por inmigrantes musulmanes y la delincuencia relacionada con las drogas. “La inmigración masiva en el Reino Unido es una historia de tensión civil, marcada por la violencia: disturbios, terrorismo, asesinatos, violaciones”, escribió Christopher Rufo, activista MAGA, el año pasado.
Todos los sectores critican sin reparos a la UE por “entrometida y progresista”
La difusión de este relato es un raro ejemplo reciente de cooperación transatlántica. Musk ha utilizado X, su plataforma en redes sociales, para promocionar a activistas racistas en el Reino Unido y Austria y al partido populista de derecha Alternativa para Alemania. En realidad, los musulmanes representan aproximadamente entre el 6% y el 10% de la población en Europa occidental. Incluso grandes ciudades como Londres y París, donde la proporción de musulmanes se acerca al 15%, no son menos seguras que las estadounidenses.
Más allá de los tintes xenófobos, el alarmismo civilizatorio exaspera a los realistas poco amigos de los relatos morales. “No se puede ser nacionalista y civilizacionalista a la vez”, sostiene Sumantra Maitra, del Institute for Peace and Diplomacy, un think tank realista en Washington. Los realistas ven el respaldo civilizacionalista a los populistas en Alemania y Polonia como una manera de arrastrar a Estados Unidos de nuevo a conflictos ideológicos. Sin embargo, ambos critican sin reparos a la Unión Europea. Colin Dueck, del American Enterprise Institute, un think tank conservador pero no alineado con MAGA, afirma que el bloque es el blanco perfecto para MAGA: “una organización multinacional gigantesca, entrometida y progresista que no nos ayuda militarmente. Es que basta con enumerar todos sus defectos”.

Los esfuerzos regulatorios de la UE dan lugar a un tercer grupo de críticas, que mezcla ideología y negocio. Durante el último año, la administración Trump ha atacado la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés) por restringir la libertad de expresión en las plataformas tecnológicas estadounidenses. Sarah Rogers, subsecretaria de Estado, ha criticado duramente a los países europeos (a veces de forma engañosa) por procesar a usuarios de redes sociales. El comité judicial de la Cámara de Representantes ha celebrado audiencias sobre la “amenaza” que la DSA supone para la libertad de expresión y la innovación en Estados Unidos.
Creemos en la libertad de expresión, es uno de los rasgos distintivos de la cultura occidental, afirma Jordan, presidente del comité. “No nos gusta tampoco que Europa actúe contra las tecnológicas estadounidenses”. Los críticos afines a MAGA destacan los procesos judiciales en Europa por publicar versículos bíblicos contrarios a los homosexuales, aunque los intereses empresariales también influyen. La semana pasada, la administración Trump pidió personarse en el caso de Musk ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea contra una multa de 120 millones de euros (137 millones de dólares) a X por violar la DSA.
Muchos simpatizantes de MAGA ven sus críticas a Europa como una muestra de afecto severo
¿Quiere MAGA una Europa formada por naciones que no interfieran entre sí, o una en la que imperen los valores estadounidenses? La confusión es inevitable debido al papel central que el legado europeo tiene en la idea de América que sostiene el movimiento. Tiene una “relación de amor-odio complicada con Europa”, según Laura K. Field, cuya obra Furious Minds ofrece un análisis sofisticado del pensamiento de la Nueva Derecha. Al igual que los estadounidenses del siglo XIX que importaban la cultura europea, asegura Field, muchos pensadores de la Nueva Derecha se han enamorado de una u otra visión de Europa. Pero “también piensan que pueden dar lecciones a los europeos, que Europa ha dejado de ser fiel a sí misma y está perdiendo sus tradiciones”.
Muchos simpatizantes de MAGA consideran que sus críticas a Europa son una muestra de afecto severo. “La visión civilizatoria [de la Nueva Derecha] en realidad nace de un profundo aprecio por Europa. Es una preocupación por la dirección que ha tomado el continente”, afirma Pinkoski. Tucker Carlson, veterano comentarista conservador, declaró a The Economist en junio que Europa y Estados Unidos eran aliados naturales “en el sentido más profundo posible”.
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Los destellos de desprecio hacia Europa por parte de la administración Trump no reflejan necesariamente las actitudes de los votantes de MAGA. Una encuesta realizada en julio por YouGov reveló que el 32% de los republicanos tenía una opinión favorable de la UE y el 40% una opinión desfavorable; entre los republicanos de MAGA, las cifras eran del 30% y del 44%, respectivamente. Aunque estos porcentajes son mucho más bajos que entre los demócratas (62% frente a 9%), no son catastróficos. Además, la simpatía hacia países europeos concretos apenas varía entre demócratas y partidarios de MAGA.
Europa podría, en teoría, aprovechar esa buena voluntad para forjar una alianza con una América posterior a Trump. Los internacionalistas tradicionales entre los republicanos del Congreso así lo creen. El verdadero sector aislacionista del MAGA representa “un pequeño porcentaje”, insiste Wilson, congresista republicano partidario de la OTAN por Carolina del Sur. Según afirma, su estado “valora su herencia europea” y sus lazos comerciales.
Pero parece más probable que los caminos de Europa y Estados Unidos sigan separándose. Algunos estadounidenses, engañados por las redes sociales, imaginan una Europa dominada por el islam que la mayoría de los europeos no reconoce. Otros, en Estados Unidos, desconfían de la UE como institución reguladora internacional. Los votantes de MAGA suelen ver a los europeos, con su secularismo y sus generosas políticas de bienestar social, como versiones exageradas de los demócratas estadounidenses. Cuando les preocupa “acabar como Europa”, en parte están proyectando sus propios miedos. Poco puede hacer Europa ante eso.
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