Un pequeño dinosaurio con plumas hallado en China aporta nuevos datos sobre el origen de las aves
Por Sara Cariñana González — Portada
Un pequeño dinosaurio con plumas hallado en China aporta nuevos datos sobre el origen de las aves
Paleontología
Un fósil de más de 100 millones de años de antigüedad indica que la capacidad de volar evolucionó varias veces de manera independiente

Imagen de reconstrucción de Norellraptor
Sr. Zhao Chuang
Sara Cariñana González
29/09/2026 17:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Un dinosaurio emplumado recién adscrito a una nueva especie aporta nuevas evidencias a la posibilidad de que el vuelo evolucionara de manera independiente en aves y dinosaurios microrraptorinos. El estudio, publicado en Nature Communications, se basa en el análisis de un fósil encontrado en el noreste de China, excepcionalmente bien conservado, perteneciente precisamente al grupo de los microrraptorinos. El ejemplar es un pequeño dinosaurio con plumas y alas y proviene de una formación geológica cuya antigüedad se estima entre 145 y 100 millones de años.
El fósil se ha encontrado en la Formación Jiufotang, en la provincia de Liaoning, una zona que se conoce especialmente por sus fósiles de dinosaurios emplumados. A partir de este, el estudio liderado por Andrea Cau, del Museo Paleontológico y Centro Herpetológico OPHIS en Téramo, Italia, ha bautizado a esta nueva especie como Norellraptor barsboldi.
El esqueleto está prácticamente completo: mide 57 centímetros y conserva parte de su plumaje, con plumas largas que sugieren que el animal podría haber estado adaptado para el vuelo. Según los investigadores, tenía al menos tres años cuando murió.
Este tipo de fósiles son “muy valiosos”, sobre todo a la hora de hablar de dinosaurios y aves, ya que conservan parte de su plumaje, lo que “permite reconstruir la información sobre su forma de vuelo”, explica Francisco José Serrano, paleontólogo de la Universidad de Málaga. Añade que su forma de volar consistía en “explotar el medio aéreo de forma pasiva”, es decir, que planeaba.

El debate se sitúa en que, aunque el 30 % de los cambios anatómicos identificados en la evolución de los microrraptorinos también aparecieron en el linaje de las aves, el orden en el que aparecieron estas características compartidas (57 encontradas) es diferente entre ambos grupos.
Por ejemplo, los microrraptorinos sufrieron un acortamiento en los huesos de las manos y otros cambios como la fusión de los huesos de la muñeca y de la mano para formar un solo hueso sólido y reforzar la rigidez del ala o el alargamiento del esternón.
Estos casos se produjeron, no obstante, en un orden inverso en el grupo de los Avialae. Además, al intentar incluir a los microrraptorinos en el grupo de los Avialae, los investigadores se toparon con que se necesitaban hacer 23 cambios evolutivos adicionales para introducirlos en el árbol genealógico.

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Por ello, los autores cuestionan, desde una perspectiva cuantitavia, la hipótesis de que el vuelo se originara una sola vez a partir de un antepasado común del grupo Paraves y que fuera heredado y desarrollado tanto por las aves como por los microrraptorinos.
En su lugar, apuntan a que lo más probable es que cada uno desarrollara esta capacidad por distintas presiones selectivas y que, por tanto, el vuelo no fuera una capacidad desarrollada una única vez.
Los huesos de los microrraptorinos
Este grupo tenía una estrategia de crecimiento propia
El Norellraptor barsboldi es único entre los microrrapotirnos por características exclusivas como un agujero óseo muy grande en el lateral del hocico o pequeños pilares de hueso en su cara que son extremadamente estrechos. Además, el hueso de la pelvis (pubis) está un poco curvado hacia atrás y hacia abajo, y termina en un pie óseo muy pequeño.

Para la relación entre microrraptorinos y aves, los investigadores también analizaron más microscópicamente sus huesos. Descubrieron que el género Microraptor, por ejemplo, podría haber desarrollado sus brazos antes que las patas, una forma diferente a la de las aves actuales, las cuales siguen distintos ritmos de crecimiento según cuándo empiezan a volar.
Por su parte, en los ejemplares jóvenes de microrraptorinos, los autores no han observado un patrón de crecimiento concreto entre las extremidades delanteras y traseras, por lo que este grupo presentaba una estrategia de crecimiento propia, diferente a la que se presenta en las aves modernas.
Los investigadores señalan que serán necesarios más fósiles y más datos sobre el crecimiento óseo para determinar hasta qué punto este patrón estaba extendido entre los dinosaurios.
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