Daroca, la ciudad aragonesa llamada de los ‘siete sietes’ por su riqueza patrimonial

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Por Sergi Ramis — Portada

Daroca, la ciudad aragonesa llamada de los ‘siete sietes’ por su riqueza patrimonial

Mundo insólito

El elemento arquitectónico más reconocible de la localidad, que no alcanza los dos mil habitantes, es su muralla

Vista aérea de Daroca, con la puerta Baja que da acceso a la calle principal

Vista aérea de Daroca, con la puerta Baja que da acceso a la calle principal

Getty Images/iStockphoto

Sergi Ramis

28/09/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Cuando se llega a las cercanías de Daroca, se contempla la localidad completamente encajada en una hondonada, rodeada por montañas de color bermellón desgastadas por los elementos. Parece indefendible. Tal vez por ello posea una de las murallas más largas de España, que cierran completamente la villa y alcanzan los cuatro kilómetros de perímetro.

Menos de dos mil habitantes pueblan esta localidad que da nombre a su comarca (Campo de Daroca). Sin embargo, ostenta el título de ciudad, que le concedió el rey Pedro IV como premio por la enconada defensa ante el asedio de las tropas castellanas de Pedro I el Cruel entre los años 1361 y 1363.

La muralla es el elemento más reconocible desde la lejanía. Pero una vez se ingresa en el núcleo histórico por una de las históricas –y perfectamente conservadas– puertas, el visitante descubrirá que a Daroca se la conoce como la “ciudad de los siete sietes”. Y es que luce siete iglesias, siete conventos, siete ermitas, siete fuentes, siete plazas, siete puertas y siete molinos. Y ello por no querer romper tan redondo dicho, pues además se le pueden añadir que posee siete lugares declarados Bien de Interés Cultural (BIC).

Iglesia de los Sagrados Corporales de Daroca
Iglesia de los Sagrados Corporales de Daroca Josep Curto

Con tal riqueza patrimonial, Daroca reclama una estancia de más de un día. Lo mejor es darse primero el largo paseo que resigue toda la muralla. Así, se pasarán por las monumentales puertas de acceso. El itinerario, bien señalizado, suele comenzarse en la puerta Baja. Durante la caminata, si se tiene paciencia, se podrán contar los 114 torreones que jalonan el muro, y que servían para defender la ciudad.

Dentro del núcleo, van apareciendo un reguero de edificios históricos, entre los que destacan las iglesias románico-mudéjares de Santo Domingo de Silos y San Juan de la Cuesta, la colegiata de Santa María o los conventos del Rosario, Santa Ana y Escolapios. La basílica de Santa María de los Sagrados Corporales recibió ese trato del papa León XIII en 1890. En la capilla del mismo nombre, un trabajo de pasamanería arquitectónica, se guardan las piezas de tela sobre las cuales, según la tradición, las hostias se convirtieron en sangre ante el ataque de los ejércitos musulmanes. Salen en procesión una vez al año, el día de Corpus Christi.

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Entre los edificios civiles, descolla la Casa de los Luna, que fue propiedad de un virrey de Aragón, Pedro Martínez.

Si llega uno a empacharse de piedras venerables, puede pasar a visitar el Museo de la Pastelería, con un fin no menos goloso. Allí se conocerán máquinas clásicas para elaborar los dulces de la región, como turrones y mazapanes. O tostadoras de cacao. Hay tres plantas, que se centran en diferentes golosinas e incluso helados.

En el paseo por Daroca será inevitable pasar por la judería, que había tenido una sinagoga, ya desaparecida, y albergaba a las 40 familias que la habitaron en la edad media.

Para hacerse una idea completa del conjunto y también del enclave en el valle del Jiloca, lo mejor es rematar la visita con una subida al castillo, que se conoce como de la Morica Encantada, pues tiene su propia leyenda. Al parecer, una joven fue sacrificada por celos y su fantasma todavía vaga entre las ruinas. Como el acceso es libre, tal vez alguna noche se pueda tener un encuentro con el ectoplasma.

Cómo llegar

Daroca se halla a 83 kilómetros al sureste de Zaragoza. El transporte público se cubre con autocares. En vehículo privado el trayecto toma una hora siguiendo la autovía A-23 y luego la carretera A-1506.

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