Por Antoni Gutiérrez-Rubí — Portada

Antoni Gutiérrez-Rubí

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Aquellas pequeñas cosas 28/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Hay una política que habla de grandes transformaciones y otra que empieza resolviendo un bache en el asfalto. Zohran Mamdani planteaba recientemente una cuestión incómoda para la izquierda: no debería permitir que la derecha tenga el “monopolio ideológico” sobre asuntos como la calidad de vida, la eficiencia o la limpieza de las calles. El alcalde de Nueva York hacía estas declaraciones en el marco de la cumbre de alcaldes Urban 20 (U20).

Si la izquierda deja de hablar de los problemas cotidianos, alguien ocupará ese espacio. Y no necesariamente para resolverlos, sino para señalar culpables y generar polarización y enfrentamiento.

   
    Michael Nagle / Bloomberg

Y hay algo más profundo en esta idea: la gestión también es política. Durante demasiado tiempo hemos pensado que lo importante era aquello que podía convertirse en un gran debate ideológico. Pero la ciudadanía experimenta el poder real y efectivo de las políticas públicas de una manera mucho más concreta: esperando un tren que no llega, cruzando una calle en mal estado, tratando de encontrar una vivienda digna a un precio asequible, etcétera.

El Estado, cualquier Estado, se hace visible en sus grandes decisiones, pero también –y quizás, sobre todo– en sus pequeñas fricciones. Por eso un bache no es solamente un bache, puede ser una experiencia de gobierno. Un trámite que funciona o no funciona construye, silenciosamente, una determinada relación con lo público.

Si la izquierda deja de hablar de los problemas cotidianos, alguien ocupará ese espacio; y no para resolverlos

Mamdani lo resumió con una pregunta sencilla: si la política no produce resultados en la calle donde vives, ¿por qué confiarías en que los produzca en cualquier otro lugar de la ciudad? Esta es una cuestión especialmente relevante para las izquierdas. No hay que elegir entre derechos y gestión, entre transformación y mantenimiento, entre futuro y presente. La política progresista necesita demostrar que puede hacer las dos cosas: ampliar derechos y conseguir que las cosas funcionen.

En el contexto de las próximas midterm, a partir de una serie de entrevistas a jóvenes de la generación Z en EE.UU., la firma The Up and Up apunta el 2026 como “la elección de los temas cotidianos”. La guerra cultural que dominó la política desde el 2016 ha quedado atrás. A los jóvenes les preocupa lo material: el coste de la vida, la inflación… Prioridades que son compartidas entre izquierda y derecha. La “política del bache” (pothole politics) moviliza. Lo local se siente tangible y modificable, mientras que lo nacional parece imposible de influir.

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Necesitamos recuperar una idea poco épica, pero profundamente democrática: gobernar es cuidar. Y cuidar también significa reparar, mantener, limpiar, responder. En una época de grandes palabras, la confianza puede empezar con algo mucho más pequeño: un problema concreto que se aborda con eficacia y que desaparece. La democracia necesita grandes horizontes que comienzan a vislumbrarse en aquellas pequeñas cosas que acortan esa gran distancia entre la política que se proclama y la experiencia cotidiana de la ciudadanía en su día a día.

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