Feta para todo
Por Daniel Vázquez Sallés — Portada

Feta para todo
Opinión
27/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
El queso feta forma parte de mi memoria sentimental. Agostos de 1975 y 1976. Treinta y un días viajando de Meteora a Olimpia, de Olimpia a Atenas. Coche sin aire acondicionado. Las ventanillas bajadas. Y mi padre gritando “viva Epaña” -sin la s- mofándose así del grito ibérico con el que los franquistas de la España aún franquista solían mostrar los poderes de una raza impermeable a la modernidad.
La feta – en Grecia es de género femenino- es un queso esencial en la gastronomía griega y el producto distintivo de muchas de sus recetas tradicionales. Las más importantes son la Spanakopita: un pastel salado hecho con capas de masa filo crujiente relleno de espinacas, cebolla, hierbas y queso feta desmenuzado. La Tiropita: una empanada preparada con masa filo o hojaldre relleno principalmente de feta y huevo. La Buyurdi: queso feta horneado en cazuela de barro con rodajas de tomate fresco, pimiento, aceite de oliva y un toque de picante u orégano. Y la Feta me meli: Queso feta envuelto en una capa crujiente de masa filo, horneado y bañado con miel y semillas de sésamo.
Sin embargo, la receta que ha convertido la feta en un queso de fama universal es la horiatiki, nombre en griego de lo que los extranjeros conocemos como ensalada griega.

La ensalada griega es, por fácil de preparar, extremadamente complicada. Los ingredientes básicos son el queso feta, el tomate, el pepino, el pimiento verde, las aceitunas de Kalamata, la cebolla roja, el orégano y el aceite de oliva virgen. Y aunque en algunos restaurantes le añaden alcaparras y otros se dejan llevar por una creatividad sin sentido, la base son esos ocho ingredientes que conforman una receta de un equilibrio fantástico. Y aunque la feta predomina sobre los demás sabores, una buena feta no te salvará la ensalada si alguno de los otros siete tiene una calidad por debajo de lo recomendable.
Lo curioso de ese queso curado en salmuera de origen milenario y que aparece en magnos textos antiguos como La Odisea -en el Canto IX de la obra, Homero describe con minuciosidad cómo Polifemo ordeña sus ovejas y cabras y pone a cuajar la leche y la vierte en cestas de mimbre para que escurra el suero- es que su nombre es de origen italiano. Feta proviene de fetta, que en el idioma del poeta Ungaretti significa porción. Y aún cuando el nombre tiene orígenes transalpinos, los griegos lograron en 2002 la Denominación de Origen Protegida para salvaguardar su tesoro de malas imitaciones. A finales del siglo XX era posible comprar feta elaborado en Dinamarca. Un fraude gustativo.
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Como consecuencia de la globalización, hoy en día podemos encontrar queso feta en cualquier supermercado de España, incluidos los conocidos como 24 horas, autoservicios caracterizados por tener de todo menos lo que necesitas. La proliferación de la feta ha contribuido a la vulgarización de la oferta de un producto que, a menudo, se utiliza para enmascarar la vulgaridad.
Es tan difícil encontrar un buen queso feta, como es casi imposible hallar un tomate con sabor a tomate, lema de campaña que utilizó la formación política ICV en 2008 con resultados electorales paupérrimos. Reconozco que la feta en Grecia tiene un sabor distinto al que tiene en España, convencido de que el marco geográfico vernáculo le da una aurea de autenticidad que, posiblemente, sea meramente psíquico. Pero si buscas, en España es posible encontrar un queso feta de calidad e, incluso, cortado a granel. Tanto, como un buen parmesano o un sublime comté. La cuestión es saber buscar, y si tienes a alguno cerca, preguntar a un griego que, como las meigas en Galicia, haberlos haylos por tu ciudad.
Yo soy cliente de una tienda del barrio de Gracia cuyo nombre no lleva al engaño. La botiga griega la regentan griegos apasionados de su país y se nota en una oferta alejada de los sucedáneos. Una sensación que también tuve en el Greek and Shop, comercio situado en el centro de Malasaña. Lo que me lleva a pensar que, aunque no vivas en o cerca de barrios como Gracia o Malasaña, siempre podrás encontrar un queso feta en tu ciudad que le de a tu horiatiki aires homéricos.
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