Mujeres en la Guerra Civil: ni espectadoras, ni secundarias
Por Joan Esculies — Portada
Mujeres en la Guerra Civil: ni espectadoras, ni secundarias
Historia
Tres libros recuperan a figuras femeninas que vivieron, sufrieron y protagonizaron el conflicto desde la retaguardia, la revolución y la resistencia antifascista

Irene Goldin, enfermera norteamericana y brigadista internacional que participó en la Guerra Civil
Tigre de Paper

27/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Como tantas otras historias, la de la guerra civil española se ha construido, mayoritariamente, con ojos de hombre. Los protagonistas del relato han sido dirigentes políticos, militares, intelectuales o combatientes, mientras que la experiencia de las mujeres ha quedado relegada a un segundo plano, como si hubieran sido simples espectadoras. En la última década, la historiografía y el activismo han empezado a trabajar de lo lindo para corregir este sesgo.
La revolució amb veu de dona. Dietaris i records (1936-1939) (L’Avenç), Dones de foc. Internacionalistes a Catalunya (1936-1939) (Angle) y Passarem. Vides per la llibertat (Tigre de Paper) forman parte de esta corriente y llegan a las librerías para, mediante la biografía y la memoria, revertir este desequilibrio. Y lo hacen recuperando voces y trayectorias femeninas muy diferentes para demostrar que incorporarlas no significa solo añadir mujeres en una historia ya conocida, sino ampliar y, en algunos casos, modificar nuestra manera de entenderla.
⁄ La comparativa entre los tres volúmenes es especialmente rica porque sus protagonistas no explican una misma guerra
La revolució amb veu de dona de Llúcia Oliva (Barcelona, 1953) es el más íntimo de los tres. La periodista recupera dietarios, memorias y testimonios orales de mujeres que vivieron la guerra en la retaguardia republicana catalana. Las protagonistas proceden mayoritariamente de familias acomodadas y católicas, vinculadas a menudo a industriales, empresarios o propietarios, y algunas de ellas, muy jóvenes en 1936. La guerra irrumpe en unas vidas hasta entonces protegidas y las obliga a convivir con registros, saqueos, persecución religiosa, bombardeos, escasez, huidas y separaciones familiares.
Este origen social determina su mirada y es una de las singularidades del libro. Aparecen Montserrat Marcet, que explica las dificultades para alimentar cinco hijos y el saqueo de la casa familiar de Terrassa; Mercè Oliva, Lucía de la Esperanza y Pepita Marín, que evocan la vida en las masías de Osona y las prácticas religiosas clandestinas; Carme Noguera, que aporta la experiencia de una enfermera formada durante la República, o Gertrudis Canals, que reconstruye la violencia vivida en Molins de Rei. El valor de estos testimonios es también documental y lingüístico: no escriben como historiadoras, sino desde la experiencia personal, y conservan formas de hablar y de percibir el mundo propias de la época.
Dones de foc de Dolors Marín (l’Hospitalet de Llobregat, 1957) se sitúa casi en el otro extremo. Sus protagonistas no contemplan la revolución desde el espacio familiar, sino que participan activamente. La historiadora reconstruye el paso por Catalunya de extranjeras como Emma Goldman, Simone Weil, Nancy Cunard, Margaret Michaelis, Kati Horna, Mary Low, Clara Thalmann, Mika Etchebéhère, Sylvia Townsend Warner o Etta Federn. Periodistas, fotógrafas, escritoras, militantes, enfermeras y combatientes llegaron atraídas por la revolución o por la lucha contra el fascismo.

El contraste con el libro de Oliva es especialmente sugerente. Aquello que para unas significa el hundimiento violento del mundo conocido es, para algunas de estas otras protagonistas, la posibilidad de construir uno nuevo. Y de hacerlo a través de sus profesiones. Marín muestra también que estas mujeres tenían que defender su autonomía dentro de unos movimientos revolucionarios que no habían superado los prejuicios de género: a menudo se las quería relegar a funciones auxiliares. El combate era, pues, político y al mismo tiempo emancipador. La fotografía, el periodismo, la literatura o el surrealismo aparecen, además, como formas de intervenir en una realidad en transformación.
Passarem de Jordi Martí-Rueda (Barcelona, 1976) comparte con Dones de foc el interés por las personas que decidieron actuar contra el fascismo, pero el historiador adopta una perspectiva más amplia y explícitamente conectada con el presente. Recupera biografías de resistencia civil y militar ante los totalitarismos de los años treinta y pone el acento en la decisión individual: ¿qué lleva a alguien a actuar cuando su entorno familiar, social o político empuja en otra dirección?
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Un caso especialmente significativo es Margarita Zimbal, que con diecinueve años abandonó Alemania, a pesar de ser hija de un matrimonio nazi, y acabó combatiendo como miliciana en la Guerra Civil. Su historia muestra el antifascismo como una decisión que podía comportar una ruptura radical con la familia. Salaría Kea, enfermera afroamericana que trabajó en un hospital de guerra republicano, introduce otra dimensión: combate el fascismo europeo mientras arrastra la experiencia de la segregación racial de Estados Unidos. Fina Piquet permite, en cambio, observar las consecuencias del conflicto a largo plazo: una infancia marcada por el exilio y el franquismo muestra como el miedo generado por la guerra y la dictadura puede persistir durante décadas. Martí-Rueda utiliza así las biografías no solo para recuperar vidas olvidadas, sino también para reflexionar sobre los mecanismos del autoritarismo y las formas de resistirse.
⁄ Las mujeres que aparecen pueden ser católicas perseguidas, enfermeras, combatientes o revolucionarias
La comparativa entre los tres volúmenes es especialmente rica porque sus protagonistas no explican una misma guerra. Las mujeres de Oliva observan la revolución sobre todo desde el miedo, la precariedad y la desposesión; las de
Marín pueden contemplarla como una esperanza de emancipación social, política y personal; y las de Martí-Rueda
aparecen ante la necesidad de tomar partido contra el autoritarismo. Son también tres libros sobre la memoria y sus silencios. Oliva rescata documentos privados y recuerdos familiares que difícilmente habrían entrado en la documentación política tradicional. Marín recupera mujeres con una intensa actividad pública eclipsadas por compañeros masculinos más conocidos. Martí-Rueda busca figuras situadas en los márgenes de la historiografía para preguntarse qué podemos aprender hoy de sus decisiones.
En los tres casos, recuperar cada biografía significa cuestionar también por qué aquella vida quedó fuera del gran relato. Leídas conjuntamente, las obras rompen cualquier visión homogénea de la Guerra Civil. Las mujeres no aparecen solo como víctimas, ni solo como heroínas o militantes: pueden ser madres que intentan alimentar a los hijos, católicas perseguidas, enfermeras, fotógrafas, intelectuales, revolucionarias o combatientes. La suma de las miradas no resuelve las contradicciones del periodo, sino que las hace más visibles.
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- Llúcia Oliva La revolució amb veu de dona. Dietaris i records (1936-1939) L’Avenç, 256 páginas, 22 euros
- Dolors Marín Dones de foc. Internacionalistes a Catalunya (1936-1939) Angle Editorial, 384 páginas, 22,90 euros
- Jordi Martí-Rueda Passarem. Vides per la llibertat Tigre de Paper, 272 páginas, 17,50 euros
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