Por Xavier Aldekoa — Portada

Xavier Aldekoa

Xavier Aldekoa

Corresponsal en África Subsahariana

Miéntenos un poco, Lamine

Gol sur

27/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El director británico Christopher Nolan vio venir a Mbappé y Lamine Yamal. Al inicio de su filme Interstellar, donde un grupo de astronautas viaja por el espacio en busca de planetas para salvar a la humanidad de una Tierra moribunda, el protagonista Cooper, interpretado por Matthew McConaughey, conoce a bordo de la nave a TARS, un robot que les ayuda a completar la misión. En la primera conversación entre el humano y el androide, Cooper descubre que su nuevo amigo tiene la desconcertante virtud de graduar su personalidad y ajustar a voluntad su sentido del humor y su sinceridad. El astronauta siente curiosidad por este último parámetro y pregunta a su compañero metálico con qué nivel de verdad está programado en ese momento.

–90% de sinceridad, responde.

Extrañado, Cooper pregunta por qué no está al 100%.

–La sinceridad absoluta –explica– no siempre es la forma más diplomática ni más segura de comunicarse con seres emocionales.

Aunque el robot se ofrece a ser 100% sincero, Cooper decide dejar las cosas como están.

Escudarse en la franqueza para justificar la vanidad es una conducta extendida en el mundo del fútbol

Esta semana, Lamine Yamal dijo en una entrevista en TVE que no se arrepiente de haber dicho que él y Mbappé eran los dos mejores del mundo y que este año se merecía el Balón de Oro. “Quieren que los futbolistas sean sinceros y cuando soy sincero luego dicen: ‘Pero cómo va a decir eso’. Dejé claro lo que pensaba y no me arrepiento de decirlo”. El delantero madridista, que ha dado 250.000 entrevistas en una campaña esperpéntica por el Balón de Oro, dijo antes a l   ’Équipe que ningún jugador había sido mejor que él la pasada temporada.

Escudarse en la virtud de la franqueza para justificar la vanidad es un comportamiento extendido en el fútbol. Sabíamos que hasta ahora detrás de esa sinceridad insolente se parapetaban la impertinencia, la mala educación y la arrogancia – no hay colleja más merecida que la posterior al “es que yo soy muy sincero”– pero hemos descubierto que detrás de las bondades de la sinceridad caben todavía más cafradas.

Lamine Yamal celebra con Rodri el 0-1 de España ante Inglaterra, este sábado por la noche en Wembley
Lamine Yamal celebra con Rodri el 0-1 de España ante Inglaterra, este sábado por la noche en Wembley TOLGA AKMEN / EFE

A Lamine Yamal y a Mbappé habría que decirles que es posible pensar lo que se dice sin contradecir lo que se piensa y en ese trabalenguas cabe incluso una pizca de humildad.

Rodri, Kvaratskhelia o incluso Kane, quien ha sacado a relucir sus goles pero menciona siempre a sus compañeros, han sido humildes al responder preguntas sobre el galardón. Quizás por dentro piensan lo mismo que Lamine o Mbappé, pero en ese pudor para no sacar a relucir su egolatría cabe algo de esperanza.

Quizás, como las del robot TARS, esas palabras comedidas nazcan del 10% reservado a la cortesía, pero yo prefiero pensar que aún hay quien considera la humildad como el penúltimo bastión de la convivencia. Imprescindible para no tener que emigrar a otros planetas habitables.

Que termine ya el maldito Balón de Oro.

Xavier Aldekoa

Xavier Aldekoa

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Licenciado en Periodismo y eterno estudiante de Ciencias Políticas. Amante de las maletas improvisadas y de abrir bien los ojos al viajar, tengo predilección por África y sus gentes

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