Santiago Mercé, el sabio de la hípica que escucha a su caballo

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Por Sergio Manuel Heredia Tapia — Portada

Santiago Mercé, el sabio de la hípica que escucha a su caballo

Vuelta y Vuelta

“”De críos, recorríamos Barcelona a lomos, nos íbamos Collserola arriba”, dice Santiago Mercé, presidente del CSIO Barcelona

Santiago Mercé y su potro, Robin Hit, el pasado lunes en el Real Club de Polo de Barcelona 

Santiago Mercé y su potro, Robin Hit, el pasado lunes en el Real Club de Polo de Barcelona 

Mané Espinosa

Sergio Manuel Heredia Tapia

Sergio Heredia

26/09/2026 06:00 Actualizado 26/09/2026 08:09 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

 El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos, los caballos 

 Platón

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Santiago Mercé (68) toma asiento en la cafetería de las caballerizas del Real Club de Polo, pide un agua mineral y se dispone a recordar aquellos días en los que era un niño y, siguiéndole los pasos a José Luis, que era su hermano mayor (DEP), se había aupado a un caballo.

–¡Montábamos en el picadero Tomás! –me dice.

Y me habla del picadero Tomás, lugar único, una hípica en el corazón de Barcelona, y tal y como lo cita, me doy cuenta de que ambos, Mercé y yo, tuvimos una infancia similar: de crío, yo también montaba en el picadero Tomás.

–¿Lo recuerda? Cerraron el picadero en 1980 –me dice.

Y lo recuerdo bien, pues de aquel espacio, en la calle Numància con Diagonal, hicieron un abanico de altos edificios, incluida la antigua sede de Caja Madrid, hoy edificio Alta Diagonal.

El profesor titular del picadero se llamaba Manolo Tapia. Era palentino, militar y muy pequeño de estatura, y había sido corneta del ejército de caballería y había practicado una carga con mil monturas y cuando se enfadaba, soltaba la tralla contra el lomo de nuestros caballos.

Me dice Santiago Mercé:

–Es increíble que hubiera un picadero en Barcelona, ¿no le parece? Era otra ciudad. A veces salíamos al exterior, montábamos por la acera del paseo Manuel Girona y ascendíamos hacia la Carretera de les Aigües. ¿Se lo imagina? Entonces, aquel espacio era de los jinetes.

(O trotaba a lomos por la Diagonal, en sentido sur, y al alcanzar el parque de Cervantes ascendía esa cuesta que, desde aquellos días, se llama cuesta de los caballos).

–Años más tarde, cuando ya montaba en el Polo, nos íbamos de excursión dos o tres jinetes, llegábamos al Mirador del Peu del Funicular, comíamos en un chiringuito en la carretera de Santa Creu d’Olorda. ¡Pasamos aventuras!

–¿Como cuáles?

–En una ocasión, soltamos a los caballos en un campito. Una yegua se escapó y, por sí sola, descendió hacia la Diagonal, la cruzó y se plantó en el Polo.

Santiago Mercé y Robin Hit, en el Real Club de Polo de Barcelona 
Santiago Mercé y Robin Hit, en el Real Club de Polo de Barcelona  Mané Espinosa

–¿Un caballo puede hacer eso?

–El caballo vuelve a la cuadra. Solo distorsionaría ese proceso un obstáculo insalvable. O un susto. El caballo es claustrofóbico y miedoso.

–¡Me ha dado usted el titular!

(Al final, ese titular no me vale: es demasiado largo).

–El caballo es claustrofóbico y miedoso, y lo es porque teme ser cazado por el depredador. Lo que pasa es que le enseñamos a estar en la cuadra, y allí tiene paz.

El caballo es claustrofóbico y miedoso porque teme ser cazado por el depredador; por eso, puede dormir de pie”

Santiago Mercé

Presidente del CSIO Barcelona

–Entonces, ¿una cuadra no es una celda?

–El caballo tiene un bloqueo esquelético en las extremidades: las bloquea y puede dormir de pie. Así puede reaccionar rápidamente si le atacan. Es claustrofóbico por miedo a no poder escapar. En la cuadra se siente seguro.

–¿Cómo sabe usted todo esto?

–Llevo sesenta años entre caballos. Leo, escucho. Y con el tiempo y la edad, entiendo más que no sé nada.

Y me muestra su mágico guadarnés en el Polo, santuario repleto de trofeos, riendas, cabezadas… Y me presenta a Robin Hit, su potro de cinco años, cruce de Lusitano y caballo europeo, con quien posa para Mané Espinosa; ahí tiene la foto, lector.

–¿Robin Hit le reconoce a usted?

–Me reconoce por el interés, como todos los caballos. Llega el propietario, trae zanahorias, el caballo le oye venir y relincha. También te siente. Es sensible al jinete y a su estado de ánimo. Si estás enfadado, no puedes disimularlo, y él lo nota.

–Como jinete de competición, ¿tuvo usted suficiente?

–Nunca pretendí llegar lejos. Monto a diario porque me gusta montar. Fui un amateur en pruebas amateur. No tuve tiempo ni dinero para más. Ya no compito ni salto y ese vacío lo lleno visitando la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, en Jerez, o la feria Córdoba Ecuestre. Y desde el 2017, presidiendo el CSIO Barcelona.

(El CSIO Barcelona, episodio extraordinario que cierra la Copa de las Naciones, se celebra del jueves al domingo).

–¿No es el deporte más elitista?

–Cada vez menos. En Europa, no lo es. En Irlanda es rural. Centenares de granjas tienen su caballo en el patio trasero. En Alemania hay un millón de licencias de hípica. En España hay un millón de licencias de fútbol. Pero nos vamos ruralizando: en Girona van naciendo fincas con caballos.

Sergio Manuel Heredia Tapia

Sergio Heredia

Redactor de deportes

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Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de ‘Soñé que estaba vivo’ y ‘Soy un superhéroe’

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