Vannacci busca su Sajonia en el sur de Italia

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Por Francesco Olivo — Portada

Vannacci busca su Sajonia en el sur de Italia

Batalla en la derecha italiana

El partido del general ultra mide por primera vez su fuerza en las urnas en unas elecciones parciales que pueden condicionar el futuro de la derecha italiana

El general retirado Roberto Vannacci, líder del partido de extrema derecha Futuro Nacional, durante una asamblea de la formación el pasado junio en Roma. 

El general retirado Roberto Vannacci, líder del partido de extrema derecha Futuro Nacional, durante una asamblea de la formación el pasado junio en Roma. 

Remo Casilli / Reuters

Francesco Olivo

Francesco Olivo

Roma. Corresponsal

26/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Cuando uno llega a Reggio Calabria, frente al estrecho de Escila y Caribdis, se le pueden ocurrir muchas cosas, salvo una: compararla con Sajonia.

Los casi dos mil kilómetros de distancia no bastan para explicar las diferencias entre la capital de la región más pobre de Italia, en la punta de la bota, y el Land del este de Alemania escenario del reciente triunfo de la extrema derecha alemana. Y, sin embargo, Roberto Vannacci ha elegido precisamente esa comparación: “Reggio Calabria será nuestra Sajonia”. Y ha subido aún más la apuesta, fijando provocadoramente el objetivo por encima del 43% obtenido por AfD. Es aquí, a orillas del Estrecho, donde el general quiere empezar a medir su desafío a la derecha que gobierna Italia.

Si no fuera por Vannacci, la contienda tendría escaso interés nacional. El domingo y el lunes se vota en la circunscripción de Reggio Calabria (348.000 electores) para sustituir a Francesco “Ciccio” Cannizzaro, el diputado de Forza Italia que dejó su escaño en la Cámara después de ser elegido alcalde de la ciudad con un contundente 65,68% de los votos. Como se trata de uno de los escaños adjudicados mediante el sistema mayoritario, para encontrar a su sustituto hay que volver a las urnas.

Una elección parcial que en otras circunstancias apenas habría despertado interés —“ni nos habríamos enterado”, repiten los regginos, sorprendidos al ver llegar periodistas desde Roma— se ha convertido así en un laboratorio de la política nacional. Por primera vez Vannacci podrá comprobar si los apoyos que le atribuyen los sondeos se convierten en papeletas, en votos de verdad. La última encuesta de YouTrend sitúa a Futuro Nacional en el 8,1%, por delante de los socios de Meloni, la Liga y Forza Italia.

Para hacerlo, Vannacci ha elegido a un candidato con fuertes raíces en el territorio: Domenico Giannetta, histórico dirigente local de Forza Italia. El desafío apunta así directamente al partido que domina el centroderecha calabrés y gobierna la región con Roberto Occhiuto, un presidente con ambiciones nacionales.

El militar sueña con repetir el éxito de AfD tras arrebatar a Forza Italia uno de sus históricos dirigentes locales

Forza Italia ha respondido con Fabio Roscioli, mucho menos conocido en Calabria, pero tesorero nacional del partido y hombre de confianza de la familia Berlusconi. Su candidatura refleja también los equilibrios internos de la formación y el peso que siguen teniendo los herederos del fundador, que contribuyen de manera decisiva a financiarla. Marina Berlusconi, presidenta de Mondadori, sigue cada vez más de cerca la evolución de la criatura política de su padre y no ha ocultado sus reservas sobre la gestión del secretario, Antonio Tajani.

El militar ha exportado también al sur sus maneras de matón. Desde el escenario de la plaza del Duomo, Vannacci acusó al alcalde Cannizzaro de “agitarse, sudar y gesticular como un plantígrado”, y este le respondió desde la misma plaza llamándole “cornudo”, en dialecto calabrés. 

Quien espera sacar provecho de la batalla es el centroizquierda, que presenta a Frank Benedetto, cardiólogo del hospital de la ciudad.

En la mayoría gubernamental se mira sobre todo cuánto pesará Vannacci. Si Futuro Nacional obtiene un porcentaje modesto y Roscioli gana con claridad, el centroderecha podrá intentar minimizar el desafío del general. El peor escenario para Meloni sería una derrota de Roscioli provocada por los votos que le haya arrebatado Vannacci. No hay sondeos locales realmente fiables y mucho dependerá de la participación, habitualmente muy baja en este tipo de elecciones. El sol y el calor previstos para el fin de semana podrían reducirla todavía más.

Meloni observa, con la mirada puesta ya en las generales de 2027, que podrían celebrarse en primavera, pero la cuestión no quedará resuelta el lunes con el recuento de las papeletas calabresas. El dilema sobre si incorporar o no a Vannacci a la coalición parece resuelto por ahora por el propio general, que prefiere mantenerse fuera, y por la primera ministra, que no muestra intención alguna de ir tras él. “Siempre es mucho más importante ganar para gobernar que ganar para no gobernar”, dijo la semana pasada. Después llegó el dardo: Futuro Nacional está formado por parlamentarios “elegidos en el centroderecha” que ahora militan en un partido “que vota con la oposición” contra las medidas y el programa por los que fueron elegidos. “Si puede ocurrir una vez, puede ocurrir una segunda”.

Pero los cálculos se complican precisamente por la nueva ley electoral impulsada por Meloni, que la Cámara se dispone a aprobar definitivamente. El nuevo sistema es proporcional, pero concede un premio de mayoría a la coalición más votada si supera el 42% de los sufragios; por debajo de ese umbral, los escaños se reparten proporcionalmente.

Y, según las encuestas, con este mecanismo los votos de Vannacci podrían resultar decisivos. Los sondeos más recientes sitúan al centroderecha sin Futuro Nacional empatado o por debajo del campo progresista. Según una simulación de YouTrend, con Vannacci dentro de la coalición la derecha obtendría el premio de mayoría y 226 diputados; sin él, sería el campo progresista quien se lo llevaría.

Un motivo más para mirar con cierta atención lo que ocurra el domingo y el lunes en Reggio Calabria. En una partida que, hasta hace pocas semanas, ni siquiera parecía serlo.

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