Por Sergio Vila-SanJuán Robert — Portada

Los inicios de Marcos Ordoñez

LATIDOS

Una evocación del novelista y crítico teatral barcelonés fallecido el pasado lunes

Marcos Ordoñez (centro), con los actores José Sazatornil y Manuel Aleixandre, en la presentación de su novela ‘Comedia con fantasmas’ (2002)

Marcos Ordoñez (centro), con los actores José Sazatornil y Manuel Aleixandre, en la presentación de su novela ‘Comedia con fantasmas’ (2002)

Ballesteros / EFE

Sergio Vila-SanJuán Robert

Sergio Vila-Sanjuán

Barcelona

26/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Nacimos el mismo día del mismo año –signo Aries–, una coincidencia con la que solíamos bromear. Y antes de conocernos personalmente hubo otra cosa que nos unió. Ambos participamos en la Selección de cuentos policiacos españoles publicada en 1974 por Ediciones Marte. Con nuestros 16 añitos éramos los más jóvenes en este volumen que recogía las narraciones mejor clasificadas entre las trescientas del concurso que había convocado el vespertino La Prensa.

Ganó el primer premio -cincuenta mil pesetas- un autor veterano, Torcuato Miguel. El cuento de Marcos, que firmaba con sus dos apellidos, Ordoñez Divi, titulado Carta de un desconocido, relataba la acción criminal de un vecino envidioso y en sus párrafos citaba a Ray Coniff, Nat King Cole, Bing Crosby, David Oistrak y Yehudi Menuhin. Un rasgo de estilo que ya no desaparecería.

El libro donde, aún adolescentes, debutaron como narradores Marcos Ordoñez y el autor de este artículo
El libro donde, aún adolescentes, debutaron como narradores Marcos Ordoñez y el autor de este artículo

El impulsor de aquel certamen era Tomás Salvador, autor hoy olvidado pero en su tiempo toda una presencia, ganador del Planeta entre otros muchos galardones. Salvador, a quien Ordoñez llamaba “tío Tomás”, era un policía literato. Como el propio padre de Marcos, a quien este rindió homenaje en su libro más logrado y emotivo. 

Conrado Ordoñez, además de integrante de la Brigada Criminal cuyas actividades dieron pie a una célebre película de los años 50, fue compositor de canciones para orquesta, autor de guiones radiofónicos y de un par de libros. Su figura se entronca de lleno en la cultura popular barcelonesa de posguerra, como la de su madre, que corregía novelas de amor y del Oeste para la editorial Bruguera. Así lo recogió Ordoñez en Un jardín abandonado por los pájaros, la memoria familiar que me dedicó con la frase “¡Gran abrazo desde el 26 de marzo!”. Ese caldo de cultivo, que en ciertos aspectos conecta con el de Terenci Moix, tan influyente sobre nuestra generación, es clave para entender su etapa formativa.

⁄ Con nuestros 16 añitos éramos los más jóvenes participantes en aquella selección de cuentos policíacos

Nos tratamos a menudo a fines de los años 70 y principios de los 80, dentro de un grupo dedicado a vivir la modernidad de la época y en el que figuraban Ramón de España, Carles Prats, Juan Bufill e Ignacio Vidal-Folch, entre otros. Ideamos proyectos colectivos que no llegaron a hacerse y coincidimos en revistas como Diagonal, modesta réplica local del Andy Warhol’s Interview. 

Junto con Llàtzer Moix, llevamos a Ordoñez a El Correo Catalán, el diario donde habíamos aterrizado. Allí se reveló como una joya para nuestras páginas, un todo terreno capaz de escribir rápida y exhaustivamente sobre música, cine, teatro o literatura, con un nivel tan alto de conocimientos como de expresión literaria. 

Marcos Ordoñez fotografiado en el 2001
Marcos Ordoñez fotografiado en el 2001 PEDRO MADUEÑO

Cuando El Correo  y El Noticiero Universal, mi siguiente destino, cerraron a fines de 1985, muchos profesionales fuimos al paro. Más de un año más tarde Tomás Cuesta, entonces delegado en Barcelona de Abc, me ofreció llevar la sección de Cultura. Estábamos en conversaciones cuando Llàtzer me llamó para La Vanguardia, el diario donde habían escrito mi abuelo, mi padre y mi tío. Me excusé con Tomás, quien me pidió que le sugiriera a alguien. Y propuse a Marcos, que en los años siguientes formaría allí una cantera de buenas firmas.

En 1988 publicó su primera novela, la extensa El signo de los tiempos, donde ya desplegaba una prosa torrencial, voluntad de testimonio generacional y un característico hiperrealismo poético. Se la presentó, no es casualidad, Terenci Moix. Seguirían varias más, alguna tan sustanciosa como Comedia con fantasmas. Y estrenó, en el Festival Grec de 1991, una obra de teatro, La noche de El Dorado, que yo sepa la única que escribió, sobre el fin de las ilusiones adolescentes, uno de sus temas recurrentes que ya había impregnado El signo de los tiempos.

Al igual que otros coetáneos con vocación literaria, que llegaron al periodismo cultural como una ocupación derivada, al final este periodismo marcaría una línea conductora en su trayectoria, con miles de artículos que le han merecido ser considerado el mejor crítico teatral español del siglo XXI, y libros redondos como Beberse la vida. Ava Gardner en España o Ronda del Gijón. 

A lo largo de los años nos fuimos encontrando y leyendo, y hubo también algún distanciamiento que ahora lamento no haber sabido resolver. Marcos se va con los deberes hechos, dejando un legado sólido y un extendido buen recuerdo, que en mi caso al menos cada 26 de marzo se reavivará.

Sergio Vila-SanJuán Robert

Sergio Vila-Sanjuán

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Redactor Jefe del suplemento Cultura/s. Premio Nadal de Novela 2013. Premio Nacional de Periodismo Cultural 2020.

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