El viaje de Ian McEwan al siglo XXII en busca de la poesía perdida

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Por Antonio Lozano Sagrera — Portada

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Con el fallecimiento de Martin Amis, el adiós a la ficción de Julian Barnes en el elocuente Despedidas, los problemas de salud de Hanif Kureishi y Graham Swift centrado últimamente en el relato (como demuestra su reciente volumen, Doce cuentos de posguerra ), la novela de la escudería británica de Anagrama que eclosionó en los años 80 parece quedar en manos de Ian McEwan (Aldershot, 1948,) aquel que la convirtió en reflejo de nuestra moralidad más turbia y campo de pruebas para el momento perturbador o el radical giro argumental que revelaba la ingenuidad congénita del lector. Envuelto en una prosa de enorme precisión y finura, entre frecuentes e ingeniosos apuntes satíricos, se agazapaba un colmillo a la espera de hincar su veneno sobre personajes y público. Nadie se recuperaba jamás de lo narrado en El placer del viajero, Amor perdurable, Expiación o Chesil Beach. No es casualidad que un escorpión y una cuchilla sean la imagen de portada en dos de las ediciones de bolsillo de su sello en castellano.

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Fonte: Portada

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