Las vidas póstumas de Lorca
Por Marta Rebón — Portada

Las vidas póstumas de Lorca 26/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La tragedia y el caos de Ceuta están sirviendo de pretexto para que el odio desempolve su diccionario. Ahí tenemos las pintadas en una sede de Cruz Roja en Ferrol: “Mafia de la invasión”, “traidores”, “ONG antiespañolas”… Podría parecer anecdótico, pero ese vocabulario viejo, recargado por repetición, actúa, como observó Victor Klemperer, como pequeñas dosis de arsénico. Quien tilda a alguien de “enemigo de España” se cree autorizado a hablar en nombre de un país entero, y ya no discute con el adversario de un gobierno, de un partido o de una idea, sino que lo expulsa.

Con esto en mente, fui al pase de prensa de La bola negra, de los Javis, y salí pensando menos en la película, cuyas enormes virtudes quedan un tanto lastradas por momentos de grandilocuencia y de planitud, y más en el tema. Entrelaza tres historias separadas casi por un siglo. En la Granada de 1932, un joven es vetado como socio del casino (bolas negras en la votación) por el rumor de que es homosexual: es la recreación de las cuatro cuartillas que se conservan de un drama inacabado de Lorca. En 1937, Rafael Rodríguez Rapún, último compañero de Lorca, está herido y preso en un hospital de Santander, donde intima con el soldado del bando nacional que lo custodia; este tramo se basa en la obra teatral La piedra oscura, de Alberto Conejero, coguionista de la película. Y en el 2017 un historiador gay hereda de su abuelo un manuscrito que ha sobrevivido más de ocho décadas a escondidas y que enlaza los tres relatos. Así, los directores convierten el universo lorquiano en una fantasía donde conviven la alta cultura y la popular, contadas desde la diversidad sexual y con una mirada transgeneracional.
La bola negra la echa alguien que se cree con derecho a decidir quién pertenece y quién no
El asesinato de Lorca y la desaparición de su cadáver dejaron un vacío que permitió moldear la figura del poeta según intereses políticos e identitarios. De ahí todos los Lorca: el gitano, el andaluz universal, el republicano, el mártir, el gay… Probablemente él, al que le molestaba que lo encasillaran como “poeta gitano” a raíz del éxito de su Romancero , tampoco habría querido que lo redujeran a ninguna otra etiqueta, aunque sería imposible entenderlo prescindiendo de su homosexualidad, como durante tanto tiempo se hizo. El de los Javis es otro Lorca póstumo: da sentido y devuelve la dignidad a las vidas de unos hombres homosexuales a los que la homofobia y la represión estigmatizaron y dejaron sin relato.
Noventa años después, mientras siguen multiplicándose sus vidas póstumas, el cuerpo de Lorca sigue sin aparecer. Este mayo, tres meses antes del aniversario de su ejecución, Ian Gibson publicó No me encontraron, una investigación sobre el enigma de sus restos y el fracaso de las reiteradas búsquedas, con el título tomado de unos proféticos versos de Poeta en Nueva York. El hispanista defiende que es un deber del Estado localizar al más leído y traducido de nuestros poetas para restaurar la verdad histórica; la familia, por su parte, cree que el hecho de que los restos de Federico estén mezclados con los de las demás víctimas anónimas tiene una fuerza simbólica mucho mayor.

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Marta Rebón
La dimensión universal de Lorca tuvo el miércoles una muestra en Nueva York. El alcalde, Zohran Mamdani, inició su encuentro con Pedro Sánchez citando Canción de jinete y dijo que el mundo de 1927, cuando se publicó, atravesaba como el de ahora “momentos de enorme oscuridad y convulsión”. Un siglo después, un alcalde nacido en Kampala leía junto al East River a un poeta español al que declararon enemigo en su propio país.
A Lorca lo mataron unos hombres convencidos de que hablaban en nombre de toda España y de que él no era de los suyos. La bola negra la echa siempre alguien que se cree con derecho a decidir quién pertenece y quién no. Unos meses antes de morir, él dejó clara su postura: “Yo soy español integral […] pero odio al que es español por ser español nada más […] Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos”.
Fonte: Portada