Sexo y cuentos narrados a escondidas en un salón literario del siglo XVII en París
Por Àlex Tort Sagués — Portada
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Setmana del Llibre en Català
La escritora británica Clare Pollard publica ‘Las hadas modernas’, una historia centrada en la creadora de fábulas Madame de Aulnoy y el Versalles más sucio
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Clare Pollard, autora de ‘Las hadas modernas’, fotografiada hace unos días en Barcelona.
Ana Jiménez

22/09/2026 11:29 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
El John Malkovich de Las amistades peligrosas estaría en su salsa en los salones literarios y el palacio de Versalles que la autora británica Clare Pollard describe en Las hadas modernas. Quizá estaría más a gusto en el segundo de esos espacios, donde “todo el mundo folla siempre”, donde “follan tanto que van viscosos y dejan rastro”; ahora bien, en los primeros, en los salones, tampoco estaría mal, porque allí había tiempo para las insinuaciones y las miradas furtivas.
Sin embargo, hay un problema: el vizconde de Valmont que encarnó Malkovich es de un siglo más tarde con respecto a lo que se novela en Las hadas modernas (Impedimenta, con traducción al castellano de Javier Aragón Bellido e Isabel Márquez Méndez / Club Editor, con traducción al catalán de Yannick Garcia). En todo caso, no hay que llevarse a engaño: la de Pollard no es una novela erótica. En dos o tres escenas el lenguaje sube de tono para hacerse intencionada y abruptamente sexual, en consonancia con la libidinosidad documentada del Versalles de los siglos XVII y XVIII. El libro es más bien un intento de vincular las afinidades de las mujeres y algunos hombres que acudían a estos salones literarios, con la recopilación en lengua escrita de cuentos y fábulas que hasta entonces se transmitían oralmente.
La novela se centra en Marie d’Aulnoy (1652-1705), que como Charles Perrault (1628-1703) escribió y creó historias fantasiosas
Así, nos encontramos a finales del siglo XVII. La novela se centra en la figura de Marie d’Aulnoy (1652-1705). Como Charles Perrault (1628-1703), escribió y creó fantasías. Fue ella quien acuñó el término “cuentos de hadas”. En su salón, en la rue Saint-BenoîtParís, se narraban historias y cuentos que, según el retoque, podrían ser perseguidos políticamente: La Caperucita Roja, La cenicienta, Rapunzel, El gato con botas, Barba Azul y muchos otros. Y estas narraciones convivirán con las vicisitudes amorosas y las adversidades que sufren en su día a día los que las explican. Incluso algunas serán similares a las que vivirán los personajes de los cuentos.
Pollard pasó el sábado por la Setmana del Llibre en Català, en Barcelona. En conversacion con este diario, ríe cuando recuerda el momento en el que imaginaba la novela: “Cuando tuve la idea, le dije a mi marido que el libro sería como si Walt Disney se enlazara con Las amistades peligrosas”. Al mismo tiempo reconoce que no tenía previsto que hubiera semejanzas entre las cuentacuentos y los personajes de las fábulas, “pero cuanto más investigaba, más me sorprendía la cantidad de paralelismos que había entre sus vidas reales y los cuentos de hadas”. “Entonces me di cuenta de que los cuentos de hadas son peligrosos, porque están demasiado cerca de la realidad”, añade. En los salones literario de la época, como en el de Madame de Aulnoy, los cuentos tenían un trasfondo de crítica a la sociedad y, veladamente, al poder reinante.
Las hadas modernas transcurre durante el gobierno absolutista de Luis XIV, el rey Sol. Para él, “explicar cuentos es un acto político”, escribe Pollard. Y esos salones pueden llegar a ser un elemento subversivo contra su reinado. De ahí que los vigilara con lupa. “Luis XIV no censuraba textos porque contuvieran violencia, sexo o un lenguaje inadecuado, solo le preocupaba su imagen y la que se proyectaba de él”, explica la autora.

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Sea como fuere, la importancia de estos salones en la transmisión posteriores de los cuentos es, para Pollard, capital. Mucho más que el trabajo recopilatorio de cuentos populares, más de un siglo después, de los hermanos Grimm. “Antes de ellos, los participantes en esos salones como el de Madame Aulnoy, aunque originaron pocos cuentos, sí que fueron los primeros coleccionistas”, explica la autora británica, “y es allí donde se dejó constancia por escrito por primera vez de historias de hadas que durante siglos se habían transmitido solo de forma oral”.
Después de aquellas mujeres, los Grimm se encargarían de waltdisneyrizar y añadir azúcar a las historias para que, sobre todo los finales, fueran de ensueño. Perrault y Madame de Aulnoy se contuvieron bastante más. Una muestra: en la tradición oral, Caperucita Roja es engañada por el lobo para que se coma partes del cadáver mutilado de su abuela; luego se acuestan juntos. En Perrault se omite el canibalismo, pero las connotaciones sexuales permanecen.
Eso sí, Madame de Aulnoy y Perrault fueron algunos de los responsables de elevar el estatus de sus protagonistas: “A menudo en estos salones de Madame de Aulnoy se cogían historias de clase trabajadora bastante terrenales y violentas y las hacían mucho más civilizadas y refinadas, y añadían belleza: están llenas de descripciones de bellos palacios y bailes preciosos y vestidos exquisitos, tejidos y joyas,” comenta Pollard.
Feminismo
“En El gato blanco, es la mujer la que es una bestia… normalmente lo son los hombres”
Pollard añade un elemento más: esas mujeres que asistían a los salones introdujeron en el imaginario colectivo el feminismo en los cuentos. “En El gato blanco, es la mujer la que es una bestia… normalmente lo son los hombres”, remarca la escritora. “Como seres humanos estamos limitadas en las historias, y creo que estas mujeres añadían una especie de nuevas historias que hablan de nosotras mismas (…). Realmente cambiaron la historia de los cuentos de hadas”, asegura.
La autora, como los protagonistas del salón literario que describe, también ha formado parte de una comunidad o espacio en que se compartían historias. Ella es mayoritariamente poetisa –Las hadas modernas no deja de ser otro paréntesis en su aportación lírica- y ha acudido a muchas noches de micrófono abierto donde la gente comparte nuevos poemas. Además, ha dirigido muchos talleres de escritura creativa. Así que cuando imaginaba esos salones de hace más de tres siglos, la experiencia fue inspiradora.

Àlex Tort
Redactor
Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF
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