Por Julio Antonio Hurtado DiazPortada

La música amansa a sus señorías

Un catalán universal

‘El cant dels ocells’ de Pau Casals silencia el Congreso en el día mundial de la Paz

El joven violonchelista italiano Ettore Pagano tocó ayer en el Congreso el Matteo Goffriller de 1733 que perteneció a Pau Casals

El joven violonchelista italiano Ettore Pagano tocó ayer en el Congreso el Matteo Goffriller de 1733 que perteneció a Pau Casals

Dani Duch

Julio Antonio Hurtado Diaz

Julio Hurtado

Madrid

22/09/2026 07:09 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

“Es una pieza que transmite una increíble sensación de libertad interior”, dice de El cant dels ocells el joven violonchelista Ettore Pagano sosteniendo el legendario Matteo Goffriller de 1733 con el que Pau Casals universalizó esta antigua canción popular catalana, ahora en sus manos. “La primera vez que lo cogí me quedé fascinado, embelesado, pero también un poco como si tuviera el síndrome de Stendhal”, recuerda.

Y este canto de libertad, que para el músico italiano se impone a la idea de dolor y muerte de los funerales en los que a menudo se interpreta, es el que resonó ayer en el Congreso, que por un día, no en vano el día internacional de la Paz, acalló el ruido distorsionado de la política. “En realidad, es también una pieza muy vocal, porque representa los pájaros, y nuestra voz es nuestra conexión con los pájaros”, reflexiona, y resuena en la memoria la sublime versión de Victoria de los Ángeles.

“No hay ninguna otra pieza para violonchelo que te limpie el alma como esta”, afirma Pagano

Junto a la pianista Yoko Suzuki, que llegó a Barcelona hace 25 años, donde fue alumna de Alicia de Larrocha y hoy es organista de la cripta de la Sagrada Família, Pagano tocó con el brío que necesitaba un instrumento que llevaba muchos años sin tocarse piezas de Bach, Granados, Falla y… El cant dels ocells . “Es una pieza tan sencilla, tan pura, que en cuanto nos ponemos a interpretarla, siempre me ha parecido que la estropeamos. Resulta muy difícil intentar hacer cantar al instrumento, hacer cantar al aire, hacer que vibre, sin estropear la atmósfera”, analiza Pagano.

Y concluye: “Creo que no hay absolutamente ninguna pieza, quizá Schumann, en el repertorio para violonchelo que alcance esta altura, esta pureza de espíritu que, justo después de un concierto, te limpia el alma”. Y, por eso, sentencia, El cant dels ocells debe interpretarse siempre al final, porque después se impone el silencio.

Y así fue. El silencio se apoderó ayer del hemiciclo después de los aplausos dedicados a los intérpretes y no hubo más parlamentos en el acto solemne para conmemorar el 150.º aniversario del nacimiento de Pau Casals (El Vendrell, 1876-San Juan de Puerto Rico, 1973), “un català universal que se sentia molt orgullós de ser-ho”, dijo Francina Armengol, presidenta del Congreso e impulsora de este homenaje a un artista que tanto defendió la paz mundial.

Los presentadores, Ana Belén e Iñaki Gabilondo, recordaron el reconocimiento que músicos, artistas, escritores y científicos de todo el mundo, de Thomas Mann a Albert Einstein, habían expresado hacia Casals, quien, fallecido en 1973 en el exilio, no pudo ver cumplido su sueño, señaló el periodista, de volver a una España democrática.

En presencia de autoridades como el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, sentado en la bancada de los ministros, Jordi Pardo, director general de la Fundació Pau Casals, que gestiona el legado del músico, cuyos restos fueron trasladados al cementerio de su pueblo natal en 1979, trazó una breve biografía del longevo violonchelista, que murió a los 96 años después de haber visto los horrores de las dos guerras mundiales y la guerra civil española y de denunciar ante las Naciones Unidas, de cuyo himno es el compositor, la “monstruosa capacidad de destrucción” de las armas nucleares, que han situado a la humanidad, desde la guerra fría hasta la actualidad, “al borde de la catástrofe”.

Y si Pardo subrayó el vínculo del compositor con Madrid, donde vivió entre los años 1893 y 1895 gracias a una pensión otorgada por la reina María Cristina, un periodo decisivo en sus años de formación en el que tuvo como maestros a Jesús de Monasterio y Tomás Bretón, la voz del propio Casals, en grabaciones de sus intervenciones en la ONU, llamó a reflexionar sobre el “nacionalismo mal concebido”, que “alienta la desconfianza” entre los pueblos y no solo puede conducir a su “destrucción física”, sino a su “degradación moral”.

En un contexto histórico y social con notables semejanzas al de los tiempos de su célebre “I am a Catalan” y su evocación de la asamblea de Pau i Treva, cuando el mundo sufre por igual “lo inhumano e inútil de la guerra”, el mensaje de esperanza y de “solidaridad intelectual” de Pau Casals se alzó sobre la ruidosa algarabía de las controversias parlamentarias: “La música debe servir a la humanidad en una misma fraternidad”.

Julio Antonio Hurtado Diaz

Julio Hurtado

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Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid

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