Mujeres prerrafaelitas, las creadoras que fueron condenadas al papel de musas lánguidas

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Por Francisco Rafael Lozano MorlesinPortada

Mujeres prerrafaelitas, las creadoras que fueron condenadas al papel de musas lánguidas

Arte

Una exposición en Fundación Mapfre Madrid revela cómo en la Inglaterra victoriana pintoras, escultoras, tejedoras y artesanas de múltiples ámbitos ayudaron a derribar los muros de la academia

'El pálido semblante del amor verdadero', 1899. Eleanor Fortescue-Brickdale. Óleo sobre lienzo Ampliar

‘El pálido semblante del amor verdadero’, 1899. Eleanor Fortescue-Brickdale. Óleo sobre lienzo

Musée d’Orsay, Dist. GrandPalaisRmn / Sophie Crépy

Francisco Rafael Lozano Morlesin

Rafael Lozano

20/09/2026 06:40 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

La batalla por reivindicar el papel de la mujer en el arte parece no tener fin. Salvo que una milagrosa lengua de fuego descendiera sobre nosotros para iluminarnos en cuanto al hecho indiscutible de que el 50 por ciento de la humanidad no ha podido ser durante siglos ajeno a la creatividad, a la necesidad estética y a la sensibilidad, estudiosos, divulgadores, periodistas y demás gremios implicados en la labor tienen por delante décadas de arduo trabajo y también gozosos descubrimientos.

'El testamento del amor', 1898. Phoebe Traquair. Óleo sobre lienzo Ampliar
‘El testamento del amor’, 1898. Phoebe Traquair. Óleo sobre lienzo
'Vista desde la ventana de Balcony House', 1864. Alice Boyd. Óleo sobre tabla Ampliar
‘Vista desde la ventana de Balcony House’, 1864. Alice Boyd. Óleo sobre tabla

A eso se entrega la exposición Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos 1850-1914 que la Fundación Mapfre mantendrá en su sede de Madrid (paseo de Recoletos, 23) del próximo 24 de septiembre al 10 de enero del 2027. La muestra, que reúne casi 130 obras de 42 artistas, no solo ilustra sobre el papel real que tuvieron en este movimiento revolucionario en su tiempo; además, completa la visión clásica que se tiene de él, al mostrar el peso que tuvieron las mujeres, no solo como inspiradoras y colaboradoras, sino también como actores artísticos con capacidad de influir. Pese a las restricciones que les imponía el orden social de su tiempo, las mujeres del prerrafaelismo se elevan sobre el papel de musas, lánguidas, trágicas o mitológicas o de objeto de deseo que quedó fijado en el cliché de este movimiento y de su derivada en las artes decorativas, el arts and crafts, y alzan sus voces individuales.

El prerrafaelismo surgió y triunfó en Inglaterra entre mediados del siglo XIX y el inicio de la Primera Guerra Mundial. Fue una reacción a los artificiales límites de la enseñanza oficial, identificada sobre todo en las escuelas de la Royal Academy of Arts, y se movilizó en torno a los miembros de la Hermandad Prerrafaelita, fundada por Dante Gabriel Rossetti, John Everett Millais y William Holman Hunt en 1848. Frente a la repetición obsesiva de clichés manierista heredados del canon del Renacimiento, pero vacuos y sin alma, estos creadores proponían volver a un arte directo, serio y sincero, apoyado en la observación real de la naturaleza, siempre buscando la perfección en la ejecución de la obra. Sus referentes declarados eran Piero della Francesca (c. 1410-1492), artistas del norte como Durero (1471-1528) y los primitivos italianos y flamencos anteriores al maestro Rafael de Urbino (1483-1520).

Para las mujeres, el prerrafaelismo prometía una visión alcanzable, basada en la sinceridad y el esfuerzo individual más que en la erudición académica

Como destaca el catálogo de la exposición, para las mujeres, el prerrafaelismo prometía una visión alcanzable, basada en la sinceridad y el esfuerzo individual más que en la erudición académica. Como herederos del romanticismo literario e ideológico, los prerrafaelitas creían en el individualismo y la responsabilidad personal, por lo que sus postulados no eran dogmáticos. Recordemos que el romanticismo se da por acabado en torno a 1848, coincidiendo con la quiebra ideológica de las revoluciones liberales de ese año —obreros contra burgueses—, justo cuando la Hermandad levanta la voz contra la academia y surgen los posrománticos, entre los que se cuenta estos prerrafaelitas.

En la sociedad victoriana, donde ya ocupaba espacio en la conversación pública la llamada “cuestión femenina” —el debate sobre los derechos y el papel de las mujeres—, los obstáculos de las mujeres para desarrollar una carrera en cualquier ámbito eran de dos tipos. En primer lugar, su propia condición de género las situaba en inferioridad en cualquier tarea: mientras que un hombre indiscutiblemente podía llegar a desarrollarla de manera profesional, ellas eran consideradas, como mucho, auxiliares o aficionadas. El beneficio que obtenían de su trabajo, además, no les pertenecía a ellas, sino al cabeza de familia, por lo que no tenían forma de prosperar con propiedades o estudios. Y en cualquier acuerdo comercial debía representarlas un familiar varón.

'El salón, Townshend House', 1885. Anna Alma-Tadema. Acuarela, lápiz, pluma y tinta sobre cartulina Ampliar
‘El salón, Townshend House’, 1885. Anna Alma-Tadema. Acuarela, lápiz, pluma y tinta sobre cartulina Royal Academy of Arts, London
'El sueño tras el esfuerzo', 1903-1907. Mary Newill. Vidrio coloreado, teñido y pintado con perfiles de plomo Ampliar
‘El sueño tras el esfuerzo’, 1903-1907. Mary Newill. Vidrio coloreado, teñido y pintado con perfiles de plomo

Las mujeres estuvieron excluidas de las escuelas de Royal Academy hasta 1863, el dibujo del cuerpo desnudo les estaba vetado, y durante mucho tiempo, incluso a las que se les permitió estudiar arte se las consideró meras amateurs o ayudantes en los talleres de familiares o allegados. Una creadora como Emma Sandys, hermana del pintor Frederick Sandys y dueña de una técnica de retrato impecable, vio sus obras sistemáticamente atribuidas por críticos y mercado a su hermano porque no creían que una mujer fuera capaz de tal perfección. Y Rosa Brett, hermana del también pintor John Brett, enmascaró inicialmente su nombre bajo el seudónimo masculino ‘Rosarius’ para ocultar su género y tardó años en reconocer su autoría.

Por otro lado, en una sociedad tan marcadamente clasista como la victoriana, la procedencia social y económica lastraba aún más las posibilidades de prosperar de las escalas sociales inferiores. Para muchas pintoras, la manera de acceder a los talleres, única vía de aprendizaje, era ofrecerse o ser captadas como modelos, lo que a ojos de la estricta moral del momento las equiparaba a las prostitutas. Fue el caso de Elizabeth Eleanor Siddal, hija de una familia trabajadora de Sheffield que probablemente trabajó en una sombrerería o un taller de confección. Posó para varios artistas antes de hacerlo para el célebre cuadro Ofelia de Millais —que representa la muerte de ese personaje en la tragedia Hamlet de Shakespeare— y luego fue musa, amante y después esposa de Dante Gabriel Rossetti, que ejerció un control posesivo sobre su carrera y sus relaciones. Pese a su innegable talento, ni Rossetti ni el crítico John Ruskin, que llegó a financiarla con un sueldo, llegaron nunca a considerarla más que un “genio excéntrico” sin categoría profesional. Siddal, como otras, fue víctima del síndrome de Pigmalión, que condena a las mujeres al papel de musas y les niega el de creadoras.

Para muchas pintoras, la manera de acceder a los talleres era ofrecerse o ser captadas como modelos, lo que a ojos de la moral del momento las equiparaba a las prostitutas

La contrapartida fueron las mujeres de clase alta, económicamente acomodada o con un acceso familiar al aprendizaje del arte que contaron con apoyo de su entorno. Es el caso de las hijas de Ford Madox Brown, uno de los mentores del movimiento, defensor de un socialismo cristiano y laborista que plasmó en su cuadro ‘El trabajo’ (1852-1865), todo un manifiesto para el grupo, y de posiciones igualitaristas entre hombres y mujeres. En su estudio formó a sus hijas, Lucy y Catherine, exigiéndoles la misma disciplina técnica que a cualquier hombre. Junto a ellas hizo lo mismo con Marie Spartali Stillman, uno de los talentos más sólidos de la segunda generación prerrafaelita, con una trayectoria expositiva sólida.

Sí hubo casos de triunfo profesional, como recuerda la comisaria de la exposición, cuando por su calidad artística consiguieron colocar sus obras en un mercado cada vez más maduro, voraz y menos dispuesto a discriminar a los autores por sexos. Ejemplos de ello son Julia Margaret Cameron con sus fotografías y Evelyn de Morgan con sus pinturas. Incluso Joanna Boyce Wells, que, pese a fallecer a los 30 años tras dar a luz a su tercer hijo, consiguió los elogios sin matices de género de Dante Gabriel Rossetti, que la puso al nivel de los mejores artistas de la Hermandad. Su muerte truncó la carrera femenina más prometedora del movimiento.

'Estudio de hojas y bayas', 1880. Charlotte Murray. Acuarela y gouache sobre papel Ampliar
‘Estudio de hojas y bayas’, 1880. Charlotte Murray. Acuarela y gouache sobre papel Hazel Drummond
'Ehret die Frauen' (Honrad a las mujeres), 1912. Marianne Stokes. Tapiz de lana y seda sobre algodón realizado por Morris & Co. Ampliar
‘Ehret die Frauen’ (Honrad a las mujeres), 1912. Marianne Stokes. Tapiz de lana y seda sobre algodón realizado por Morris & Co. Bridgeman Images

La discriminación de las mujeres, como el prerrafaelismo, siguió vigente hasta que el tsunami de la Gran Guerra arrasó con todo lo victoriano, se llevó por delante el idealismo del movimiento e impuso una industrialización moderna que ayudó a la definitiva emancipación femenina. Para 1914, la ensoñación prerrafaelista, sus ninfas y doncellas lánguidas, ya empezaban a ser tan cansinos y falsos como en su momento lo fueron para los fundadores de la Hermandad los clichés renacentistas, pero el gas mostaza, las ametralladoras y las enfermedades que masacraban a los jóvenes británicos en las trincheras sencillamente dejaban en el ridículo los ideales artúricos y el honor caballeresco medieval.

En cuanto al cliché de la mujer como musa etérea de largos cabellos encerrada en el hogar y vestida con pesados ropajes, la fuerza de los hechos lo enterró por completo. El desembarco masivo femenino en las factorías para sustituir a los hombres desplazados al frente sustituyó esa imagen por otra de efectividad industrial: cabellos cortos, pantalones, monos, vigor físico y, sobre todo, independencia económica masiva. El derecho al voto, que llegó al Reino Unido en 1918 –con ciertas restricciones que desaparecieron en 1928–, remató a la doncella cautiva y la sustituyó por la mujer libre, moderna y con derechos políticos

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La exposición de Madrid ha reunido dibujos y pinturas de las más variadas técnicas, grabados, fotografías, libros manuscritos iluminados, litografías, esculturas, textiles, bordados, catálogos, vidrieras, esmaltes, joyas, azulejos, cerámicas, tapices… un muestrario amplio de lo que dio de sí la participación de las mujeres en el prerrafaelismo y el arts & crafts y una reivindicación razonada de su valor. Habrá que seguir picando piedra, pero esta roca Fundación Mapfre ya la ha roto.

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