Casas, murallas y utensilios permanecen en este yacimiento descubierto por casualidad en 1934 por un vecino de este pueblo alavés
Por Alberto Gómez — eldiario.es – eldiario.es

A un kilómetro de Laguardia, el poblado de La Hoya es un valioso yacimiento cuya ocupación se remonta al Bronce Medio
Permaneció oculto al público hasta 1965 pero es considerado uno de los yacimientos más importantes del norte de la península
Con restos de la Edad de Bronce, este alcázar sevillano alberga un valioso mosaico hallado en 2015 sobre los amores de Zeus
En la Rioja Alavesa, rodeado por viñedos y bajo la Sierra de Cantabria, se ubica uno de los yacimientos prerromanos más relevantes de todo el País Vasco. El poblado de La Hoya, situado a un kilómetro de Laguardia, constituye un testimonio arqueológico excepcional de cuatro hectáreas declarado Bien de Interés Cultural. Su ocupación se remonta al Bronce Medio, hace 3.400 años, cuando grupos indoeuropeos contactaron con las culturas megalíticas locales. Este asentamiento fue descubierto por casualidad en 1934 por un vecino del pueblo alavés mientras realizaba labores del campo. Aquel hallazgo inició el rescate de una ciudad prehistórica donde aún permanecen plantas de casas de piedra, murallas y calles que revelan la vida cotidiana y las transformaciones sociales del territorio.
A lo largo de sus etapas de desarrollo, las defensas de La Hoya evolucionaron según las necesidades estratégicas de sus pobladores. Durante la primera fase, entre el Bronce Final y la primera Edad del Hierro, la villa estuvo resguardada por una empalizada de madera sustituida luego por una muralla de mampostería. En la reorganización del siglo V a.C. de índole celtibérica, el recinto defensivo se hizo más potente, conservándose unos 360 metros de muro. En la cara interna de la muralla se hallaron rituales de fundación con cuernos de ciervo entre las hiladas inferiores de piedra. Además, se dejó de edificar viviendas junto al muro perimetral, creando un corredor de paso que reforzaba la eficacia defensiva ante posibles agresiones.
Las viviendas del yacimiento reflejan una arquitectura tradicional que se perfeccionó con el avance urbano. Las estructuras más antiguas se levantaron con postes de madera fijados en la roca y paredes de entramado vegetal cubiertas de barro, evolucionando hacia edificaciones con zócalos de piedra y adobe. Estas casas aparecían agrupadas en manzanas, compartiendo muros medianiles con techumbres vegetales de paja o madera. El diseño interior se organizaba de forma funcional en tres estancias separadas por paredes de madera: un vestíbulo inicial, una habitación central con el hogar doméstico y una zona trasera destinada al almacenamiento de víveres. Esta distribución optimizó los espacios familiares para realizar tareas diarias y preservar las cosechas.
En los talleres se fabricaban telas en telares verticales, objetos de bronce, hueso y piedra, además de cerámicas hechas a mano o con torneta
La estructuración urbanística de La Hoya destaca por su cuidada planificación de calles y plazas empedradas o asentadas sobre la roca arenisca. El trazado ordenaba el poblado en manzanas bien delimitadas, incorporando aceras para peatones y bocacalles no enfrentadas para evitar corrientes de viento. Asimismo, las calzadas disponían de piedras pasaderas ubicadas en los viales y algunas viviendas contaban con zonas porticadas para la lluvia. En la plaza de acceso sur del yacimiento resultan visibles las marcas dejadas por las ruedas de los carros en el pavimento de piedra arenisca. Esta impronta evidencia la intensa actividad de transporte y el tránsito constante de mercancías que circulaban habitualmente por los viales principales.
La abundancia y variedad de utensilios recuperados en las excavaciones confirman el alto nivel tecnológico alcanzado por los habitantes del poblado. En los talleres se fabricaban telas en telares verticales, objetos de bronce, hueso y piedra, además de cerámicas hechas a mano o con torneta. En la primera Edad del Hierro surgieron centros alfareros y metalúrgicos especializados que incorporaron objetos de tipo celtibérico. La economía se basaba en la ganadería, la caza y una agricultura cerealista muy desarrollada que generaba excedentes considerables. Mediante la práctica del trueque de estos excedentes agrícolas, La Hoya se transformó en un centro de intercambios y servicios para la comarca, albergando tiendas locales y espacios de culto.
Derrumbe en el IV a.C.
El esplendor comercial del yacimiento se vio interrumpido por un violento asalto e incendio que provocó el derrumbe de las estructuras en el siglo IV a.C. Las investigaciones demostraron que la destrucción ocurrió durante un día de mercado con los productos expuestos en las calles. Aunque el poblado fue reconstruido, se abandonó de forma definitiva en el siglo III a.C., trasladándose sus habitantes al cercano cerro donde hoy se sitúa Laguardia. Por otro lado, los rituales funerarios mostraron enterramientos infantiles bajo el suelo de las casas y la incineración de adultos en una necrópolis hallada en 1986. Esta necrópolis reveló una élite de guerreros sepultados en cistas de piedra con sus armas.
En la actualidad, el poblado de La Hoya representa un recurso patrimonial y turístico excepcional que puede visitarse en la provincia de Álava. Junto al yacimiento al aire libre se construyó en 1986 el primer museo de su género en Álava, el cual exhibe las investigaciones dirigidas por el arqueólogo Armando Llanos. En el interior del centro de interpretación se expone una maqueta y una fiel reconstrucción a tamaño natural de una vivienda celtibérica equipada con hogar, almacén y telar vertical. El recorrido exterior permite caminar libremente entre viales, admirar las plantas de las edificaciones y contemplar la muralla que protegía esta joya.
Fonte: eldiario.es – eldiario.es