Por Nicolás Ward EdwardsPortada

Las transformadoras Mujeres Influyentes

Lectores Corresponsales

Nacieron hace 10 años y la próxima década debe convertir el esfuerzo individual en oportunidades colectivas

Encuentro de Mujeres Influyentes.

Encuentro de Mujeres Influyentes.

Nicolás Ward Edwards / Mujeres Influyentes

Nicolás Ward Edwards

Nicolás Ward Edwards

Santiago (Chile)

19/09/2026 06:00 Síguenos en Google

* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia

Hace diez años, Mujeres Influyentes nació con el propósito de generar redes de apoyo y abrir oportunidades para mujeres de distintas edades, profesiones y realidades. Una década después, su directora, Fabiola Olate, observa avances importantes, pero también barreras que han demostrado ser más profundas y persistentes de lo esperado. 

Las responsabilidades de cuidado continúan recayendo principalmente en las mujeres, mientras las brechas de acceso a financiamiento, oportunidades y espacios de decisión dificultan su desarrollo profesional. A ello se suma una dimensión menos visible: la autonomía también necesita construirse desde el interior.

Durante estos años, Olate ha conocido mujeres capaces y preparadas que todavía dudan de sí mismas, sienten culpa por priorizar sus proyectos o tienen dificultades para asignar valor económico a su trabajo. 

Esa experiencia modificó la mirada inicial de la organización y amplió su campo de acción. “No basta con abrir puertas si una mujer no tiene las herramientas, la confianza o las redes necesarias para atravesarlas”, sostiene. 

No basta con abrir puertas si una mujer no tiene las herramientas, la confianza o las redes necesarias para atravesarlas

Fabiola Olate

Directora de Mujeres Influyentes

Por ello, la independencia económica requiere educación, autoconocimiento, herramientas emocionales, alfabetización financiera y nuevas competencias digitales.

Fabiola Olate, directora de Mujeres Influyentes.
Fabiola Olate, directora de Mujeres Influyentes. Nicolás Ward Edwards / Mujeres Influyentes

Más conciencia, pero todavía demasiadas cargas

Uno de los principales cambios de la última década está en las aspiraciones de las mujeres, que ya no quieren verse obligadas a elegir entre desarrollo profesional, familia, bienestar y propósito. Las generaciones más jóvenes cuestionan con mayor libertad modelos que antes parecían inamovibles y reconocen la importancia de contar con ingresos propios. 

Sin embargo, muchas siguen trabajando, cuidando, organizando y sosteniendo emocionalmente a sus familias al mismo tiempo. Para Olate, el desafío es que puedan desarrollar la vida que desean sin tener que hacerlo a costa de sí mismas.

En esa búsqueda, la autonomía emocional y la económica aparecen estrechamente relacionadas. Una mujer puede tener estudios, experiencia e ingresos, pero no sentirse capaz de tomar decisiones relevantes sobre su propia vida; también puede poseer grandes capacidades y carecer de conocimientos para negociar, ahorrar, invertir o proyectarse. 

“La educación económica nos entrega capacidad de elección”, afirma Olate. Cuando ambas herramientas se encuentran, aumentan las posibilidades de decidir qué construir, dónde permanecer y también de qué situaciones salir.

Las redes constituyen otro factor decisivo, porque el talento aislado muchas veces no alcanza para acceder a cargos directivos, financiamiento o nuevas oportunidades profesionales. Recomendaciones, conversaciones, información y relaciones de confianza influyen directamente en numerosas decisiones empresariales y laborales. 

Por eso, Mujeres Influyentes no fue concebida solamente como un espacio de encuentro, sino como una comunidad capaz de generar vínculos y abrir caminos. 

Hoy, esa red busca incorporar también a hombres, empresas, universidades, organismos públicos, organizaciones sociales y distintos territorios.

Acto de Mujeres Influyentes.
Acto de Mujeres Influyentes. Nicolás Ward Edwards / Mujeres Influyentes

De ocupar espacios a ejercer influencia real

El aumento de la presencia femenina en directorios y cargos de liderazgo sigue siendo necesario, pero ya no resulta suficiente por sí solo. Para Olate, llegar a una mesa debe ser el comienzo de una conversación sobre el poder efectivo que tienen las mujeres para intervenir en ella. 

“La verdadera pregunta es qué ocurre cuando una mujer se sienta en esa mesa: ¿puede participar realmente?, ¿su mirada es escuchada?, ¿puede disentir, proponer e influir?”, plantea. El liderazgo debe ejercerse con voz propia y sin reproducir obligatoriamente modelos construidos por otros.

La próxima década estará marcada por la necesidad de transformar las oportunidades en capacidades sostenibles, especialmente frente al avance de la inteligencia artificial. 

Olate advierte que la revolución tecnológica puede ampliar las posibilidades de aprendizaje, trabajo y emprendimiento, pero también profundizar desigualdades si deja fuera a cuidadoras, madres, jefas de hogar y mujeres vulnerables. 

Las empresas deberán comprender que desarrollar talento femenino también es una decisión de competitividad. El Estado, en tanto, tendrá que facilitar la compatibilidad entre cuidados, formación y empleo, además de democratizar el acceso a las nuevas competencias.

Después de diez años, la organización proyecta una evolución que Olate resume en tres movimientos: fluir, influir y confluir. Primero, conocerse y desarrollarse; luego, poner las capacidades personales al servicio de un propósito; y finalmente, construir transformaciones junto con otros actores. 

“Cuando una mujer desarrolla su autonomía y sus capacidades, no crece solamente ella: se fortalece su familia, su comunidad y también el país”, enfatiza. 

El desafío de la próxima década será que ese crecimiento deje de depender de esfuerzos individuales y se convierta en una construcción colectiva de oportunidades.

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