Por Julià GuillamonPortada

Experimentación crítica y humor

Setmana del Llibre en Català/Los protagonistas

Premi Trajectòria.  Ramon Solsona ha sido un renovador de la narrativa en catalán con obras que abordan distintos registros y con una dimensión popular, en sus guiones televisivos

El autor, en la biblioteca

El autor, en la biblioteca

Adrian Quiroga / shooting

Julià Guillamon

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19/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

La Transición alimentó un debate sobre cómo tenía que ser la novela catalana culta. En los últimos años del franquismo las prioridades eran otras. En primer lugar, garantizar la continuidad de la cultura catalana y renovar el público. Por eso se dio tanto bombo a Terenci Moix, la novela experimental y el textualismo: no podíamos quedarnos como una literatura arqueológica, era importante estar al día de todo. En segundo lugar se buscaban nuevos lectores con la literatura de género. Poder contar con una literatura policíaca, fantástica y erótica en catalán, entretenida, que presentara puntos de vista contemporáneos.

 La Generació dels setanta cargó con la responsabilidad de sacar adelante este programa. Un mismo autor podía escribir un libro complicado y teórico ( Coordenades espai/temps per guardar-hi ensaïmades ) y otro para el gran público que invertía los puntos de vista patriarcales de la novela negra ( Estudi en lila ). Es una época de un entusiasmo y una buena fe entrañables.

/Solsona es un chico de barrio, criado junto a la fábrica de can Cacau en la calle Torrent de l’Olla, en la época del biscúter

Ramon Solsona nació en Barcelona en 1950 y no se lleva tantos años con Jaume Fuster (n.1945), Pep Albanell (n.1945), Maria Antònia Oliver (n. 1946) o Jaume Cabré (n.1947), pero se dio a conocer mucho más tarde, en un ambiente y un contexto totalmente distintos. No publicó su primer libro, Figures de calidoscopi , hasta 1989. Joan Ferraté, que no era de elogio fácil, habló muy bien de él. Fue un descubrimiento de Quaderns Crema, que a finales de los ochenta hacia más de diez años que funcionaba, había tenido los éxitos de Monzó y gracias a la actividad filológica, académica y al interés por la traducción de clásicos de Jaume Vallcorba era la editorial culta del momento: la alternativa al mundo progre de la Generació dels setanta. 

La crisis del sistema de premios –una falsa crisis, en el fondo, porque posteriormente se han creado premios de todos los colores– hizo que durante unos años el premio Prudenci Bertrana de Girona se otorgara a obra publicada. Yo –que todavía no me había retirado de ese circo– fui jurado en 1994. Estaba también el poeta Salvador Oliva, que tampoco era de elogio fácil. Y recuerdo su gran defensa –a la que me sumé cuando tuve que tomar la palabra– de Les hores detingudes , la novela de Solsona que resultó ganadora. Estaba inspirada en el mito de Orfeo. Ramon Solsona era la gran esperanza blanca.

Esta entrada digamos coyuntural –de la mano de Vallcorba, Ferraté y Oliva– escondió la verdadera naturaleza del mundo literario y de la personalidad del autor, que el volumen de memorias de infancia y primera juventud El carrer de la xocolata (2025) muestra de manera clarísima. Solsona es un chico de barrio, criado a tocar de la fábrica de can Cacau de la calle Torrent de l’Olla, junto a la plaza Lesseps, en la época del peinado Arriba España y del biscúter. “A l’any cinquanta, quan va néixer” –bromeando con la canción de Raimon– las cosas tampoco habían cambiado tanto. Tenías los anuncios de la radio, la vida en la calle, el sentimiento de pertenencia y la vocación resistente.

 Todo este mundo, próximo al de los hermanos mayores, ha ido apareciendo en los libros de Solsona: desde el choque con los militares en No tornarem mai més (1999) hasta la construcción de los pantanos del Pirineo en Allò que va passar al Cardó que, no por casualidad coincide con las novelas de pantanos de posguerra que Jaume Cabré y Joan Rendé (n.1943) publican en la misma época. Existe una continuidad, que se prolonga en la obra de Jesús Moncada (n.1941) y Maria Barbal (n.1949). Es la literatura catalana del franquismo interpretado, que empieza con Porcel y Saladrigas y termina con Quim Monzó y Biel Mesquida (no incluidos).

/En lugar de seguir el camino trazado busca fórmulas cada vez diferentes y no pierde
las ganas de jugar

Solsona ha escrito muchos tipos de libros. Me gusta DG (1998) un esperpento sobre una Directora General del pujolismo, muy divertida. Y L’home de la maleta (2011) con la burla finísima de la moda de la memoria histórica: un señor mayor se presenta a un premio y cuenta una vida que no ha vivido para que encaje con lo que se espera que tiene que contar un señor mayor que ha vivido todas las tristezas de la guerra y la posguerra. El retrato de las hijas está también muy logrado.

 Uno de los méritos de los últimos libros es que, en lugar de seguir el camino trazado y seguro, busca fórmulas nuevas, no pierde las ganas de investigar. Escribe Disset pianos (2019) y Temps enrer e (2022) en las que, además de la densidad y la calidad de la voz narrativa, que es uno de los puntos fuertes de Solsona, el trabajo estructural es muy notable, en una literatura en la que -¡ay!- se escriben tantos libros con cuatro recetas de escuela de escritura.

Solsona ha sido guionista de las series de TV3 Agència de viatges , Estació d’enllaç y El cor de la ciutat y ha participado de ese juego entre televisión, teatro y novela, sin el que no se explica la cultura catalana de las últimas décadas. Por un lado, le ha dado versatilidad, agilidad y popularidad. Ha aprovechado las lecciones sin dejarse consumir, aunque los guiones de la tele siempre consumen un poco. Una trayectoria trabajada, diversa, rigurosa y digna de premio.

Ramon Solsona El carrer de la xocolata La Butxaca 339 páginas 11,95 euros

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