Gran Bretaña debate cómo limitar las donaciones privadas a los partidos políticos

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Por Rafael RamosPortada

Gran Bretaña debate cómo limitar las donaciones privadas a los partidos políticos

Coto a la corrupción

El reciente escándalo en torno a la financiación del grupo de Nigel Farage ha hecho saltar todas las alarmas

Pancarta en Londres para contra el líder de Reform UK, Nigel Farage, quien ha recibido donaciones millonarias de origen dudoso

Pancarta en Londres para contra el líder de Reform UK, Nigel Farage, quien ha recibido donaciones millonarias de origen dudoso

Toby Melville / Reuters

Rafael Ramos

Rafael Ramos

Londres. Corresponsal

19/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

La primera actuación pública de un adolescente (y desconocido para el gran público) Paul McCartney fue en el Club Conservador que por aquel entonces, los años cincuenta, había encima de una tienda en el Broadway de Liverpool. El chaval ni sabía (ni le importaba) que el dinero de la recaudación del concierto, y de lo que la gente gastó en cervezas, salchichas, palomitas y una rifa, iba destinado a financiar las campañas electorales de los tories .

Los tiempos han cambiado, y ahora la derecha del Reino Unido (tanto los conservadores como Reform UK) no dependen de las cuotas de unos afiliados que son cada vez menos (123.000 los primeros y 270.000 el partido de Farage), sino de las donaciones de particulares, en especial multimillonarios que a cambio de su dinero esperan obtener acceso al poder y políticas favorables, con un tufillo de corrupción.

Actualmente, en el Reino Unido no existe ningún límite a las cantidades que legítimamente se pueden donar a los partidos, y conservadores y laboristas –que tradicionalmente se han turnado en el poder– estaban de acuerdo. Unos recibían sus fondos de magnates ideológicamente afines, y los otros principalmente de los sindicatos (el Labour nació en Manchester como su brazo político). Pero todas las alarmas han saltado con la reciente aportación de 84 millones de euros a las arcas del grupo de Farage por parte de sendos ricachones (42 millones cada uno) que tienen dos cosas en común: han hecho su fortuna en las criptomonedas y tienen su residencia en el extranjero (Tailandia en el caso de Christopher Harborne, y Dubái en el de Ben Delo).

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La posibilidad de que millonarios que no viven en el Reino Unido manipulen hasta ese punto la política del país y hagan de la formación de ultraderecha el grupo con diferencia más rico, y con más dinero disponible para las campañas, ha hecho saltar todas las alarmas, y suscitado un debate sobre cómo limitar las donaciones. Una ley que se está tramitando en los Lores pondría un tope de 100.000 libras (117.000 euros) a la cantidad que pueden aportar los británicos residentes en el extranjero, y el Gobierno se plantea aplicarla retroactivamente.

El primer ministro, Andy Burnham, sugirió limitar las contribuciones de todo tipo a cantidades modestas, unas decenas de miles de euros por persona o empresa, como es el caso en Francia, Italia, Australia o Canadá, para dar una imagen de limpieza y transferencia. Pero ha echado marcha atrás bajo presiones de los sindicatos, que son la principal fuente de ingresos del Labour y la clave de su influencia en el centroizquierda.

El argumento en ese sentido es que no se pueden tratar igual las donaciones de multimillonarios que obviamente tienen un fin un ulterior (en el caso de los que ayudan a Farage, una legislación fiscalmente favorable a las criptomonedas si llega al poder), que las contribuciones derivadas de las cuotas de afiliados sindicales que pueden cancelarlas en cualquier momento o pedir que su dinero no se dedique a financiar al Labour.

Debate peliagudo

El Labour no quiere renunciar al dinero de los sindicatos, ni la derecha y ultraderecha al de los millonarios

En un momento en que el desencanto de los votantes (y sobre todo los jóvenes) con el sistema político tradicional es cada vez mayor, así como los temores de injerencias extranjeras en el sistema electoral, el actual modo de financiación de los partidos alimenta un aire de corrupción institucional y de que el dinero lo compra todo. A ello contribuyen políticos que son como camaleones y no creen en nada, dispuestos a cambiar de piel y ponerse al sol que más calienta (un ejemplo es Keir Starmer y buena parte del actual liderazgo del Labour, marxistas convencidos cuando Jeremy Corbyn era el líder, y halcones fiscales cuando tomaron el mando).

Con las campañas electorales cada vez más costosas (los laboristas gastaron 120 millones de euros en la del 2024 y los tories , 86 millones), los partidos no se ponen de acuerdo en la reforma de la financiación porque todos quieren defender sus intereses, el dinero de los sindicatos (que han dado al Labour 50 millones de euros desde el 2020) o el de los magnates.

Con los 84 millones que ha recibido Farage se puede comprar un palacete en París, un avión privado, una empresa mediana, una isla, un Renoir o un buen delantero centro . Pero, ¿también el poder?

Donantes destacados

Tus millonarios, mis millonarios, nuestros millonarios

Nigel Farage es objeto de una investigación parlamentaria por no haber declarado casi seis millones de euros que le proporcionó Christopher Harborne, magnate de las criptomonedas con sede en Singapur, como “regalo por el Brexit” o para que se dedique a la política sin preocupaciones financieras, según las distintas versiones. Pero como esa donación es cuestionada, si no quieres caldo, dos tazas. El multimillonario ha entregado 42 millones de euros a las arcas de su partido populista de ultraderecha, Reform UK. Y para no ser menos, Ben Melo (otro oligarca, esta vez con residencia en Dubái, condenado por lavado de dinero en Estados Unidos y perdonado por Trump el año pasado) ha igualado esa suma. Los laboristas también tienen sus millonarios, como Lord David Sainsbury, dueño de la cadena de supermercados que lleva su nombre, que ha dado al partido 13 millones de euros a lo largo del tiempo. Entre 1998 y 2006, fue premiado con el cargo de secretario de estado para Ciencia e Innovación. En los tiempos de Corbyn les retiró su apoyo y su dinero como protesta por el giro a la izquierda, pasándose a los liberales demócratas. Su primo, Lord John Sainsbury (fallecido hace dos años), prefirió en cambio a los tories, a los que dejó en su testamento 12 millones de euros. Otro mecenas conservador es el magnate inmobiliario Graham Edwards.

Rafael Ramos

Rafael Ramos

Corresponsal de 'La Vanguardia' en Londres

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Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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