La inflación sube al ático
Por Enric Juliana Ricart — Portada
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La subida de precios del 2022 golpeó a la izquierda; la que viene ahora puede ser la puntilla
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Barcelona
19/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
La inflación está subiendo en Estados Unidos y en Europa como consecuencia de la subida de los precios del gas y del petróleo después de siete meses de guerra regional de amplio radio en Oriente Medio. El foco geográfico se centra en estos momentos en los estrechos de Ormuz y de Bab el Mandeb. La carestía afecta especialmente al diésel, combustible imprescindible para las economías industriales. Se calcula que en estos momentos Oriente Medio aporta diez millones de barriles diarios menos de crudo a la economía mundial.
La geografía y la guerra están detrás de este nuevo disparo alcista de la inflación. Refinerías y plantas gasistas afectadas por las represalias iraníes en el golfo Pérsico, oleoductos dañados, alianzas rotas, y dos estrechos al pairo.
Los iraníes han resistido la acometida de Estados Unidos e Israel y ahora controlan fieramente el estrecho de Ormuz, donde cobran peaje, siendo indulgentes con las naves chinas e indias. Las guerrillas hutíes del Yemen septentrional, aliadas de Irán, acaban de ampliar su control de Bab el Mandeb con la conquista de una pequeña isla en medio del estrecho que les permite efectuar un control visual de las naves que circulan entre el océano Índico y el mar Rojo.
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A finales de febrero de este año, Estados Unidos e Israel se creían capaces de liquidar al régimen iraní con una serie de ataques aéreos fulgurantes. Siete meses después, el fiasco es colosal. Irán y sus proxys controlan ahora dos estrechos vitales de la primera ruta de navegación comercial del mundo. En Ormuz se cobra peaje. Los seguros de navegación de los mercantes se han encarecido enormemente. Las principales compañías de portacontenedores evitan Bab el Mandeb y el canal de Suez y envían sus barcos por la ruta africana (Cabo de Hornos). Para acabar de completar el cuadro, el fenómeno de El Niño ha provocado sequía en Panamá y hay problemas operativos para los barcos de mayor calado en el canal que conecta el Atlántico y el Pacífico por Centroamérica. Algunos mercantes han empezado a dirigirse hacia la peligrosa ruta del cabo de Hornos. Allí está el temido Pasaje de Drake, que separa el extremo meridional de América del Sur de las aguas de la Antártida. Otras naves optan por el estrecho de Magallanes, de soberanía chilena, menos peligroso, pero de intrincada navegación.
Fluye menos petróleo de Oriente Medio en el mercado mundial y toda la navegación comercial se ha encarecido. El flete de un petrolero cuesta más de un millón de dólares al día por primera vez en la historia. Nunca se había alcanzado ese registro. El diésel se ha encarecido más rápidamente porque el petróleo de Oriente Medio, más denso y pesado, es el más idóneo para su obtención. Los petroleros son más caros, como hemos dicho, y las refinerías europeas no tienen la suficiente capacidad para producir todo el diésel que consume Europa, dependiendo críticamente de las importaciones de Oriente Medio, Asia y Estados Unidos. Las refinerías de Rusia están siendo sistemáticamente atacadas por drones ucranianos y el régimen de Vladímir Putin ha prohibido las exportaciones de diésel ruso para preservar el mercado interno.
El petróleo cotiza en estos momentos a 103 dólares el barril de Brent, con un aumento del 54% respecto a hace un año. El gas cotiza a 80 euros MW/hora en el índice europeo de La Haya, con un aumento interanual del 147%. En 2021, antes de empezar la guerra de Ucrania, el gas costaba 20 euros/MW/hora. En aquel tiempo, el gas ruso fluía por el gigantesco gasoducto del mar Báltico y la CDU de Angela Merkel aún ganaba elecciones en la antigua Alemania del Este.
Estados Unidos ha perdido el control de la situación después del fiasco de Irán
El nuevo encarecimiento del gas impactará en la producción de los fertilizantes nitrogenados artificiales y ello incrementará el precio de muchos alimentos básicos después de las próximas siembras. Por Ormuz también circula un tercio de los fertilizantes nitrogenados que se usan en el mundo. Ventaja para los fosfatos de origen natural. Ventaja para Marruecos, que controla el 70% de la roca fosfática del mundo gracias al Sáhara Occidental. Marruecos puede tener un papel relevante en la economía internacional en los próximos años gracias a los fosfatos. Conviene saberlo. El pasado mes de junio, Estados Unidos levantó temporalmente los aranceles (16%) que gravaban los fosfatos marroquíes.
Estados Unidos ha perdido el control de la situación después del fiasco de Irán. Empujados por el actual gobierno de Israel, lanzaron un bombardeo fulgurante de Irán para liquidar a su cúpula política y producir un rápido hundimiento del régimen de los ayatolás. Mataron al Líder Supremo, Alí Jamenei, pero los gobernantes iraníes se habían preparado, dando plena autonomía a sus distritos militares. Una estructura militar descentralizada podía sobrevivir menos al hundimiento o liquidación de la cúpula. Puesto que Estados Unidos no podía desplegar una guerra en tierra de elevado coste económico, con una cuantiosa pérdida de vidas humanas, el régimen iraní se ha fortalecido pese a la destrucción provocada por los bombarderos. Irán es hoy un país militarizado, en el que nadie o casi nadie se atreve a protestar, que en estos momentos controla dos estrechos geográficos cruciales para el comercio mundial.
Con estas credenciales, y con la descomunal alarma sobre la evolución de la Inteligencia Artificial, Donald Trump se aproxima como caballo desbocado a las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. Desbocado y enfurecido con la Reserva Federal, que acaba de subir los tipos de interés del dinero para hacer frente a la oleada inflacionaria. Todo el mundo debe estar ahora pendiente del 3 de noviembre.
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España cerró el mes de agosto con una inflación del 4.3%. Un repunte apreciable que quedó en segundo plano como consecuencia de los acontecimientos de Ceuta a finales de julio. España lleva mes y medio en Ceuta. Se esperan los datos de inflación de septiembre con preocupación y ya empiezan a estudiarse medidas adicionales al paquete fiscal aprobado en marzo para hacer frente a las consecuencias de la guerra de Irán. Pronto oiremos a hablar de la recuperación o no de la denominada ‘excepción ibérica’, el tope al precio del gas que se emplea en España y Portugal para la generación de electricidad. La coalición Sumar ya ha propuesto que se reactive cuanto antes ese mecanismo, acordado hace cuatro años en el marco de la Unión Europea: España y Portugal podían topar el precio del gas de los ciclos combinados para paliar el ‘efecto isla’ de la energía ibérica. Se nos permitió frenar el precio del gas para la fabricación de electricidad, en la medida en que existen dificultades objetivas para la exportación de electricidad.
Esa discusión volverá. Estamos ante un cierto déjà-vu de 2022. En otoño de aquel año, la inflación comenzó a desbocarse en muchos países europeos como consecuencia de la guerra de Ucrania y el consiguiente encarecimiento del gas. La inflación superó el 10% entre los meses de julio y octubre de aquel año, como no se había visto desde la década de los ochenta del siglo pasado. No hubo recesión en España; algunos la daban por segura y otros parecían esperarla con regocijo, pero el país sufrió. La inflación mata gobiernos, sean del signo que sean, y la izquierda española sufrió un duro golpe en las elecciones municipales y autonómicas de mayo del 2023. El PSOE y sus aliados de izquierda perdieron el gobierno de seis comunidades autónomas (Comunidad Valenciana, Baleares, Aragón, Extremadura, La Rioja y Canarias), se quedaron sin algunas alcaldías relevantes y a punto estuvieron de dar la presidencia del Gobierno a Alberto Núñez Feijóo. Pedro Sánchez adelantó de manera fulgurante las elecciones generales, descolocó a su principal adversario y el 23 de julio del 2023 consiguió tener posibilidades de obtener la investidura, mientras el Partido Popular quedaba primero, sin alianzas suficientes en el Parlamento. Lo que ha venido después lo sabemos todos. Esta accidentada legislatura ha sido hija de la inflación derivada de la guerra de Ucrania.
Tres años después, la inflación que viene de Ormuz y Bab el Mandeb puede apoderarse del final de la legislatura. Existe ese riesgo. Una confirmación de la oleada que puede estar avecinándose podría llevar a Sánchez a convocar elecciones en febrero o marzo del año próximo, sin esperar las elecciones municipales y autonómicas previstas para mayo del 2027. La inflación está subiendo al ático y puede apoderarse de la perspectiva política de un país muy crispado después de tres años de altísima tensión.
Prestemos atención a las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos. Allí se va a decidir el rumbo.

Enric Juliana
Adjunto al director
Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)
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