Ana Buza, de una muerte considerada suicidio a un juicio por posible crimen machista
Por María Jesús Del Pino — Portada
Ana Buza, de una muerte considerada suicidio a un juicio por posible crimen machista
Reapertura del caso en Sevilla
Los padres han conseguido que se reabra el caso y que sea un jurado popular quien valore las pruebas de una investigación que fue cerrada como suicidio en apenas 36 horas

La familia lleva siete años luchando para conocer qué ocurrió la madrugada en la que murió la joven Ana Buza.
Facebook Justicia para Ana Buza

Sevilla
18/09/2026 13:12 Actualizado 18/09/2026 13:19 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Siete años después de que la muerte de Ana Buza se cerrara como un suicidio, el caso llega hoy a los tribunales de Sevilla. Ana tenía 19 años cuando su cuerpo apareció detrás del quitamiedos de la A-4, a la altura de la salida hacia Carmona, en la madrugada del 7 de septiembre de 2019. Estaba a unos 60 metros del vehículo en el que viajaba con su pareja.
Aquella noche, el hombre ofreció durante la investigación varias versiones de lo ocurrido, hasta sostener finalmente que Ana se había arrojado del coche en marcha. El procedimiento se cerró como suicidio apenas 36 horas después. Sus padres nunca aceptaron aquella explicación y comenzaron entonces una batalla para reconstruir lo sucedido. Hoy han conseguido que el caso llegue ante un jurado popular.
Tres versiones de aquella madrugada llegan al juicio. La Fiscalía reclama tres años de prisión para el entonces novio de Ana por un presunto delito de homicidio imprudente. La acusación particular, ejercida por los padres, pide 20 años por asesinato y sostiene que la joven salió del vehículo y fue atropellada intencionadamente por su pareja. La defensa mantiene que Ana se arrojó voluntariamente del coche.
La familia nunca aceptó que la muerte de Ana fuera un suicidio
Antonio Buza, el padre de Ana, recurrió durante estos años a especialistas en reconstrucción de accidentes, criminología y análisis de pruebas para tratar de recomponer aquella madrugada. Fueron reuniendo informes que, según su interpretación, apuntaban a que la joven podía haber estado fuera del vehículo cuando fue atropellada. También aportó mensajes, testimonios y otros elementos que considera relevantes para reconstruir la relación de la pareja y las circunstancias de la muerte.
Uno de los puntos que más dudas les generó fue el teléfono de Ana. Su padre lo encontró 19 días después de la muerte, a unos 72 metros del lugar donde había aparecido el cuerpo, y lo entregó a los investigadores, según informó El País. Pero la madre del entonces novio había declarado que ella había encontrado el móvil dentro del coche y que se lo había entregado a un agente de la Guardia Civil. La familia cuestiona desde entonces cómo pudo acabar el teléfono en el lugar donde lo encontró el padre.
El dispositivo fue posteriormente analizado por la Guardia Civil y por expertos contratados por los padres. Uno de estos peritajes concluyó que había sufrido manipulaciones y borrados de archivos antes y después de la muerte de Ana.
Tras la reapertura del caso, el entonces novio volvió a declarar, esta vez como investigado, y en julio de 2020 fue imputado por la muerte de Ana. La instrucción se prolongó durante años y no fue hasta diciembre de 2024 cuando el juez lo procesó por homicidio imprudente. Los padres recurrieron esa calificación al considerar que los hechos podían ser constitutivos de homicidio doloso o asesinato.
La Audiencia reabrió el caso
En marzo de 2025, la Audiencia Provincial de Sevilla estimó su recurso y ordenó que el procedimiento se tramitara conforme a la Ley del Tribunal del Jurado como un posible homicidio doloso. Los magistrados analizaron los informes forenses, los estudios de la Guardia Civil de Tráfico y los peritajes aportados por la acusación particular.
La resolución no dio por probado que Ana hubiera sido asesinada. Sí consideró que la hipótesis del atropello que sostiene la acusación no podía descartarse y que existían indicios suficientes para llevarla a juicio. Esa reconstrucción, según la Audiencia, podía encajar al menos de forma indiciaria con las lesiones de la joven, los daños del vehículo y las marcas encontradas en la carretera.
Varias versiones sobre una misma noche
Las explicaciones ofrecidas por el acusado son otro de los elementos cuestionados por la familia. Según la información recogida en la causa, primero habló de un animal que se habría cruzado en la carretera; después, de un despiste, y más tarde sostuvo que Ana se había arrojado del vehículo. Esa misma noche, antes de coger el coche, la pareja había mantenido una fuerte discusión.
La Audiencia también señala contradicciones en sus explicaciones sobre la posición de la joven dentro del coche y sobre cómo se habría producido la caída. Los magistrados tuvieron en cuenta esas discrepancias al valorar si existían indicios suficientes para llevar el caso a juicio. La defensa, por su parte, mantiene que Ana se arrojó voluntariamente del vehículo.
Qué pasó en la A-4: la reconstrucción será clave
La reconstrucción de la escena será uno de los puntos centrales del juicio. El vehículo circulaba a 117 kilómetros por hora en un tramo de la A-4 limitado a 80. La Fiscalía sostiene que esa conducción imprudente provocó que Ana cayera del coche y considera que los hechos constituyen un homicidio imprudente. La acusación particular sitúa a la joven ya fuera del vehículo y sostiene que fue atropellada.
Los informes periciales ofrecen conclusiones diferentes. Entre los elementos analizados están las lesiones de Ana, los daños del coche y las marcas de la valla de la autopista. La Audiencia considera relevantes las raspaduras de pintura azul encontradas en la barrera y restos orgánicos próximos, así como las lesiones en los muslos y las fracturas de ambos fémures y de la tibia derecha.
También se examinó la mochila que llevaba la joven, localizada a unos 40 metros del lugar donde quedó el cuerpo. Los peritos estudiaron si su trayectoria podía ser compatible con una interacción con el coche.
La relación, también bajo la lupa
La familia sostiene que la muerte de Ana debe analizarse en el contexto de su relación de pareja. Los padres han aportado mensajes, testimonios y otros elementos con los que pretenden acreditar una situación de control y violencia psicológica.
La acusación particular considera que la muerte fue el desenlace de esa relación y reclama que los hechos sean considerados un asesinato. La Fiscalía mantiene una acusación por homicidio imprudente y la defensa sostiene que Ana se arrojó voluntariamente del vehículo.
La posible existencia de un crimen machista forma parte, por tanto, de la tesis de la acusación particular, no de un hecho establecido judicialmente. Será el tribunal el que valore las pruebas sobre la muerte y sobre la relación entre Ana y su pareja.
Siete años después
El juicio comienza hoy en la Audiencia Provincial de Sevilla con la constitución del jurado popular y las alegaciones previas de las partes. Los testigos declararán los días 21 y 22 de septiembre; los peritos lo harán entre el 23 y el 28, y el acusado está citado para declarar el día 29.
La Fiscalía pide tres años de prisión. La familia reclama 20. Entre ambas acusaciones y la versión de la defensa se abre ahora el juicio de una muerte que durante años fue considerada un suicidio.
El caso que se cerró inicialmente como un suicidio llega ahora ante un jurado popular después de una larga batalla familiar. Las pruebas que se expongan durante el juicio tendrán que esclarecer qué ocurrió aquella noche y cuál de las reconstrucciones sostenidas por las partes encuentra respaldo en ellas.

Chus del Pino
Córdoba, 1984. Periodista. He desarrollado mi carrera en distintos medios de información editados en Sevilla, siempre buscando historias que reflejen la realidad en la que vivimos
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