El gran balcón del mirador de Can Oliveres

0

Por Raquel Abad CollPortada

El gran balcón del mirador de Can Oliveres

Las Fotos de los Lectores

Este enclave ofrece una perspectiva única del majestuoso desfiladero del paso del Congost y donde la serenidad del paisaje se fusiona con la frondosidad del entorno del Montseny y la silueta del Tagamanent

Atardecer en el mirador de Can Oliveres.

Atardecer en el mirador de Can Oliveres.

Raquel Abad Coll

Raquel Abad

Barcelona

17/09/2026 03:30 Síguenos en Google

* La autora forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia

Cuando el sol comienza a ocultarse sobre la geografía de Figaró-Montmany, el mirador de Can Oliveres se transforma en un balcón privilegiado desde el que contemplar el majestuoso desfiladero del paso del Congost. Bañado por las luces cálidas y doradas del ocaso, este enclave ofrece una perspectiva única, donde la serenidad del paisaje se fusiona con la frondosidad del entorno del Montseny y la silueta del Tagamanent en el horizonte.

A diferencia de otros puntos más conocidos y frecuentados, el mirador de Can Oliveres es un lugar tranquilo, por el que pasa muy poca gente. Esta escasa afluencia le permite conservar una atmósfera pausada y silenciosa, ideal para detenerse, observar el paisaje y disfrutar del atardecer sin prisas. 

El camino hasta el mirador atraviesa un entorno rural en el que todavía se percibe la relación tradicional entre las masías, los campos, los bosques y los antiguos senderos de montaña.

A diferencia de otros puntos más conocidos y frecuentados, el mirador de Can Oliveres es un lugar tranquilo

El propio nombre del mirador procede de la masía de Can Oliveres, situada en las proximidades. Se trata de una construcción de origen medieval, vinculada históricamente a la parroquia de Sant Pau de Montmany. 

La primera referencia documental del mas se remonta a la alta Edad Media, mientras que la familia Oliveres aparece relacionada con la propiedad de tierras y otros masos de la zona. 

El edificio fue reformado en distintas épocas, especialmente a comienzos del siglo XVIII y durante los primeros años del siglo XX, cuando incorporó algunos elementos propios de los gustos modernistas y novecentistas. En su interior conserva incluso una pequeña capilla-oratorio dedicada a Sant Martí de Tours.

Durante siglos, Can Oliveres formó parte de un paisaje habitado y trabajado, organizado alrededor de la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento de los recursos naturales. Los caminos cercanos comunicaban las distintas masías y enlazaban con las rutas que atravesaban el Congost, un paso natural de gran importancia entre el Vallès Oriental y Osona. 

El desarrollo de Figaró estuvo estrechamente relacionado con la recuperación de este camino como eje comercial entre Vic, Granollers y Barcelona, por el que circulaban viajeros, mercancías y animales.

Durante siglos, Can Oliveres formó parte de un paisaje habitado y trabajado, organizado alrededor de la agricultura,

El mirador también guarda una historia más reciente, ligada a los proyectos de transformación del territorio. En algún momento se intentó construir una urbanización en este espacio, una iniciativa que no llegó a consolidarse. De haberse llevado a cabo, el paisaje actual habría sido muy distinto: los caminos rurales, las zonas boscosas y las vistas abiertas sobre el Congost habrían quedado rodeados de viviendas y nuevas infraestructuras. El hecho de que aquel proyecto no prosperara ha permitido que este rincón conserve buena parte de su carácter natural y su sensación de aislamiento.

Hoy, el mirador de Can Oliveres permanece como un pequeño refugio paisajístico y una ventana a la memoria del territorio. Es un lugar de paso poco concurrido, pero precisamente ahí reside parte de su encanto: en la posibilidad de contemplar el paisaje con calma, escuchar el silencio del bosque y descubrir, entre la luz del atardecer, las huellas de una historia construida alrededor de las masías, los antiguos caminos y el desfiladero del Congost.

El mirador de Can Oliveres permanece como un pequeño refugio paisajístico y una ventana a la memoria del territorio

Al caer la tarde, cuando las sombras se alargan sobre el valle y las últimas luces iluminan el Tagamanent, Can Oliveres se convierte en mucho más que un mirador. Es un espacio donde naturaleza e historia se encuentran y donde todavía es posible imaginar cómo era la vida en este paisaje antes de que las carreteras modernas, la urbanización y el crecimiento de los núcleos transformaran el entorno.

El gran balcón del mirador de Can Oliveres, al atardecer.
El gran balcón del mirador de Can Oliveres, al atardecer. Raquel Abad Coll

Lee también

La bella ascensión al Tagamanent

La bella ascensión al Tagamanent

Joan Soldevila Adán

Descubre el lugar más tranquilo del Montseny

Descubre el lugar más tranquilo del Montseny

Juan Peco Framis

■ ¿CÓMO PUEDO PARTICIPAR EN LA COMUNIDAD DE LA VANGUARDIA?

¡Participa!

¿Quieres mostrar tus fotografías?

Los interesados en participar en Las Fotos de los Lectores tan solo deben escribir un email a la dirección de correo de nuestra sección de Participación (participacion@lavanguardia.es) adjuntando la fotografía, explicando detalles de cómo y dónde fue tomada y aportando los datos del autor para la firma de la imagen. Es importante indicar en el asunto del correo: ´Fotos de los Lectores´.

Etiquetas

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *