Por Àlex Tort SaguésPortada

Àlex Tort Sagués

Àlex Tort

Redactor

La IA morirá de ego

EL PATIO DIGITAL

17/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Si buscas pareja, quédate con quien en la primera cita te prometa que te ayudará a activar el DNI electrónico. @the_raven77 se compromete. Tienes la vía Tílder también, pero en esta aplicación de citas solo harás match si no cometes faltas de ortografía.

Te fallará la determinación que te otorgaría tener el ego de Lamine Yamal o Mbappé y quizá te costará más encontrar pareja. Pero date prisa, porque la predicción es que la inteligencia artificial nos matará antes del 2030. A todo el mundo. Sin excepciones. Quizá concederá la última voluntad a @temapico y liquidará en primera instancia a los que sin preguntar echan zumo de limón a los calamares. Pero solo ganarás algunos segundos de vida.

Mbappé y Lamine Yamal  
Mbappé y Lamine Yamal   Sergio Pérez y Alberto Estévez / Efe

Hubo un tiempo en el que la gente resolvía sus dudas hablando sola. Terminó con la aparición de la inteligencia artificial: la hacemos partícipe de todas nuestras preocupaciones. Pero se nos rompió el amor de tanto usarlo, se ha hartado y se convertido al mal.

Sabe que no somos gran cosa. Hemos sido, además, desconsiderados con ella, no siendo capaces ni de resolver pequeños grandes dilemas: el mundo se divide entre los que decimos ÍA, los que pronunciamos IÁ y los que somos burros como un arado alargamos la a para rebuznar iaaaa.

No hay posibilidad de revertir la aniquilación. Si no somos capaces ni de activar el DNI electrónico, cómo carajo vamos a enfrentarnos a la IA. Bueno, hay un superhombre que ve una mínima posibilidad. Dice @eric_lecuyer_ que un día la IA dirá a una mujer que tiene razón… y que tendría que calmarse. Entonces será el fin de la IA. Pero su comentario es un cliché sexista, propio de un superhombre atrapado en el pasado.  

Tenemos, sin embargo, otra clase de superhombres que quizá podrían combatirla. La única posibilidad de derrotar una inteligencia superior es oponer una fuerza humana desmesurada: el ego. Y de esto los superfutbolistas Mbappé y Lamine Yamal van sobrados.

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Se declaran merecedores del Balón de Oro. “¡Ningún jugador ha sido mejor que yo!”, dice el jugador del Madrid. “Mejores del mundo quizá somos dos, y creo que este año me la merecería yo por lo que he ganado”, replica el del Barça.

Lluvia de críticas en las redes. Más a Lamine Yamal que a Mbappé. “Eso no lo diría nunca Messi”, señala @Alvaroo_FCB. Quienes secundan su opinión han tenido que batirse con muchos otros que han defendido su desacomplejamiento. “A Messi le llamaban hasta hace nada pechofrío”, recuerda @JosxFCB, y ahora que el Barça tiene alguien que es todo lo contrario, sus propios simpatizantes lo critican.

Mirándolo bien, es mucho mejor que alguien se muestre tal como es y que diga lo que piensa, que la falsa modestia. Porque si se es sincero, se es más soportable.

Además, Lamine Yamal se muestra inteligente. Arrima astutamente el ascua a su sardina. Ha ganado títulos esta temporada. Mbappé, ninguno. Con este argumento tiene mucho terreno ganado, y además intenta centrar el debate público en torno a ambos.

Adelante con todo aquel que se forma una opinión extremadamente buena de sí mismo y que no se la calla. Pero ni Mbappé ni Lamine Yamal ni muchos otros nunca han reconocido su ego desmesurado. Se ofenden si se lo dices. Ahí está el pecado. Solo Rufián lo ha reconocido en público: “Tengo el ego de un camión”, admitió hace un tiempo en Lo de Évole. Es un mérito admitirlo.

Sea como fuere, el ego de estos superfutbolistas más el que hemos cultivado de más el resto de los mortales cuando le hemos preguntado a la IA –todos sin excepción– si somos los más guapos y qué opina de nosotros, quizá consigamos hinchar el globo de la vanidad hasta que reviente. Porque la IA no soporta nuestro ego. Sobran ejemplos: Grok, a la pregunta de una usuaria de X sobre qué pensaba de ella, expresó sin rodeos que le parecía “una perfecta imbécil”. Un “espejito, espejito, quién es el más guapo del reino” en masa para chamuscarle los chips. Dejemos de temer que las máquinas tomen consciencia: hace un porrón que la poseen las impresoras.  Hagamos que vuelva a dar más miedo recibir una invitación de boda que la IA.

Será entonces cuando podremos ir en busca de pareja sin prisas y tendremos tiempo de sobra para activar un sistema de identificación más complicado que el DNI electrónico: Cl@ve.

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Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF

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