La carrera entre EE.UU. y China por la IA frena cualquier intento de control
Por Francesc Peiron Arques — Portada
Contenido solo para suscriptores La carrera entre EE.UU. y China por la IA frena cualquier intento de control
Los retos de la tecnología
Trump se opone a cualquier regulación como sugerían OpenAI y Anthropic
Pekín vislumbra amenaza a “la seguridad política, institucional e ideológica” de su país
Sam Altman advierte que “podríamos perder el control del futuro ante la IA”

El presidente chino, Xi Jinping, con el presidente de EE.UU., Donald Trump, el pasado mayo en Pekín
Evan Vucci/REUTERS
Francesc Peirón, Francesc Bracero,
Nueva York, Barcelona
15/09/2026 06:00 Actualizado 15/09/2026 06:10 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
La inteligencia artificial (IA) se está convirtiendo en uno de los grandes frentes de batalla en los planos geoestratégicos y tecnológicos entre dos de las grandes superpotencias. Estados Unidos y China colisionan por el desarrollo de la IA en varios frentes. Mientras Donald Trump se opone a cualquier freno al desarrollo de la IA, en China tampoco están dispuestos a que nadie controle a sus compañías en este campo.
Hay algunos hechos coincidentes en el tiempo a partir del detonante, la semana pasada, provocado por el anuncio de un joven investigador de Anthropic, Jacob Coxon, que explicó que dejaba esta empresa en el convencimiento de que, por el camino actual, la IA podría acabar con la especie humano antes de que acabe esta década.

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Aquella viral declaración desencadenó reacciones que pasaron por el propio Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, al que luego respaldó uno de sus principales rivales, el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman. Ambos se mostraron a favor de pausar el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial de frontera –los más avanzados– para comprobar que cumplen una serie de requisitos de seguridad.
Cuando Anthropic y OpenAI hablan de regulación, no solo hablan de sí mismos. Esperan que el control llegue a competidores sobre los que tienen muy pocas posibilidades de supervisión: las compañías chinas de IA.
La empresa china DeepSeek, que a principios del 2025 provocó una fuerte caída en bolsa de Nvidia al demostrar que no hacían falta sus carísimos chips especializados para entrenar modelos de IA, acaba de lanzar su versión DeepSeek v4.1 Flash, que compite de tú a tú con los modelos punteros de las empresas estadounidenses por precios que pueden llegar a ser de hasta 70 veces menos.

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En el lado estadounidense acusan a sus rivales chinos de emplear una técnica llamada destilación por la que un modelo nuevo en desarrollo formula múltiples cuestiones a uno superior ya en funcionamiento y acaba adquiriendo muchas de sus capacidades.
Anthropic explicó la semana pasada en su informe sobre los malos usos de su IA Claude que Moonshot, la empresa que desarrolla la familia de modelos chinos Kimi, reenviaba en secreto las solicitudes de sus clientes a Claude, en lugar de procesarlas directamente. Luego pasaba las respuestas como si fueran suyas.
Esa competencia entre empresas chinas y estadounidenses no solo se manifiesta en capacidades de la inteligencia artificial para resolver cuestiones. El menor precio de uso de la IA de las empresas chinas puede ser un torpedo a la línea de flotación de las multimillonarias inversiones de centros de datos planificadas en Estados Unidos para los próximos años.

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La reacción de la Casa Blanca a las propuestas regulatorias de OpenAI y Anthropic llegó ayer. Donald Trump, a sus 80 años, da la impresión de que le importa poco o nada qué mundo dejará a sus nietos. Así que ayer replicó a los que avisan del peligro difundiendo desde su red social que él mismo constituye una “barrera de protección suficiente” frente a una IA descontrolada
y afirmó que cualquier intento de limitar esta tecnología for-ma parte de una “conspiración enfermiza”.
“El único control o barrera de protección que necesita la IA es un presidente fuerte e inteligente (¡con un coeficiente intelectual alto!), y Estados Unidos lo tiene de sobra”, publicó Trump en su plataforma. El mandatario afirmó específicamente que su Administración ya ha impedido que la empresa de inteligencia artificial Anthropic “haga cosas malas, o potencialmente malas y seguiremos haciéndolo”, y arremetió contra su director ejecutivo, Dario Amodei, porque es alguien que “ahora finge ser un angelito perfecto”.

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Antes de las declaraciones del presidente, una de las respuestas más contundentes a OpenAI y Anthropic había sido la de uno de sus colaboradores cercanos, David Sacks, presidente del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del Gobierno de Estados Unidos, que reprochó el papel de responsables que juegan Amodei y Altman.
“Por cualquier métrica razonable –participación de mercado, crecimiento de ingresos, capacidad de los modelos– ustedes dos tienen un duopolio en la inteligencia de frontera”. Así que les pidió que, si los modelos que tienen en vías de desarrollo “son lo suficientemente aterradores como para que piensen que deberían ir más despacio”, tienen su apoyo . “Pero dejen de fingir que necesitan el permiso de alguien más”, añadió.
“Sobre todo –advirtió Sacks–, dejen de fingir que la motivación para ir más despacio es puramente altruista. Se enfrentan a una responsabilidades masivas si sus productos habilitan un ciberataque verdaderamente dañino. El mercado ya castiga a los modelos que se comportan de maneras impredecibles o no autorizadas”. La dura declaración reclamó a las tecnológicas que dejen “de fingir que la ley antimonopolio tiene que ser suspendida para que puedan formar un cártel”.

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La narrativa de las tecnológicas estadounidenses fue rechazada por el ministro chino de Seguridad del Estado, Chen Yixin, que apuntó en un artículo en la revista oficial China Cyberspace que el uso abusivo de la IA por parte de adversarios podría “amenazar directamente la seguridad política, institucional e ideológica de China”.
Chen mostró preocupación por el hecho de que “fuerzas hostiles” emprendan “guerras de opinión pública” y “guerra cognitiva” mediante imágenes, vídeos y textos generados por IA y también por el uso de las redes sociales para difundir información perjudicial y fomentar las divisiones sociales.

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El portavoz de Exteriores chino, Guo Jiakun, declaró que su país se opone a la difusión de narrativas de amenaza o a fomentar la confrontación, ya que solo obstaculizará el proceso de gobernanza de la inteligencia artificial. En contraposición a la postura de Trump, Jiakun defendió promover conjuntamente una inteligencia artificial “abierta, inclusiva, accesible para todos y orientada al bien”.
Sam Altman aseguró ayer que “podríamos perder el control del futuro ante la IA” y que “si una IA extraordinariamente poderosa es utilizada por una persona o empresa para imponer su visión del mundo a todos los demás, los resultados podrían ser extremadamente distópicos”.

Francesc Peirón
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Nueva York

Francesc Bracero
Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1996. Ha cubierto las áreas de Política, Deportes y Comunicación. Especializado en tecnología. Autor del libro ‘Bicicletas para la mente’ (Península)
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