El mercado laboral aún ve como un “problema” a las personas con autismo
Por Cristina Oriol Val — Portada
El mercado laboral aún ve como un “problema” a las personas con autismo: “Merecemos una oportunidad”
Inclusión
Varios testimonios ponen rostro a las barreras que afronta este colectivo para acceder al empleo, cuya tasa de desempleo se sitúa entre el 76% y el 90%
Las personas con autismo se encuentran con barreras de comunicación y procesos de selección que ponen a prueba sus habilidades sociales
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14/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Hugo Flores tiene 26 años y no hay día que no busque trabajo. Enciende el ordenador y consulta los múltiples portales de empleo que tiene guardados en la barra de marcadores. Nunca ha trabajado, pero espera hacerlo pronto. Se ha formado en microinformática, diseño web y contabilidad y ahora estudia gestión administrativa. “Merecemos una oportunidad y demostrar lo que sabemos hacer”, dice. Pero su autismo hace que algunas situaciones le resulten más difíciles, sobre todo aquellas que requieren desenvolverse con otras personas o hacerse entender.
Como cualquier joven, Hugo se enfrenta a un mercado laboral exigente. Las personas con autismo se encuentran, además, con barreras de comunicación y procesos de selección que ponen a prueba sus habilidades sociales. Entre el 76% y el 90% de las personas dentro del espectro están desempleadas, según Autismo Europa. Es la tasa de paro más alta entre los colectivos de la discapacidad.
Cuanto más paralizada está su vida, peor está su autismo
Magda Niubó
Madre de Hugo Flores
“Necesito una supervisión de cómo hago las cosas. Alguien que me diga cómo lo estoy haciendo y qué tengo que corregir”, admite este joven. Es consciente de sus dificultades, pero también de sus puntos fuertes: “Soy muy perfeccionista y perseverante. Cuando me equivoco, paro, respiro y busco soluciones al problema”.
Esa perseverancia también la ha aplicado a una de sus grandes aficiones: el piano. Lo toca desde los 12 años y, aunque ha recibido clases, lo ha aprendido de manera autodidacta. De hecho, puede tocar una canción con tan solo escucharla una vez. Una capacidad de la que muy pocos pueden presumir.

Para Magda Niubó, su madre, encontrar trabajo significa recuperar una rutina y sentirse útil. “Cuanto más paralizada está su vida, peor está su autismo. En cambio, cuanto más activo está, mejor se encuentra”, explica.
Por eso, la familia procura que Hugo mantenga unos horarios y tenga tareas asignadas, además de actividades que le ayuden a relacionarse. Acude al gimnasio con regularidad, acude a clases de teatro y los sábados participa en el esplai de la Fundació Friends, con la que está vinculado.
Más barreras para buscar trabajo
Una tarde en el programa Vull Treballar transcurre entre preparar entrevistas de trabajo, buscar ofertas que encajen con su perfil y qué destacar en el currículum. Todos los adultos que acuden a este servicio gratuito de la Fundació Friends comparten una misma realidad: tienen autismo y están buscando trabajo. “Me estoy encontrando a mí misma después del diagnóstico y, a la vez, desprendiéndome de todas las palabras crueles que me han dicho a lo largo de mi vida”, explica Joana, de 31 años.
¿Cuáles son las principales dificultades para encontrar trabajo? ¿Y para mantenerlo? ¿Por qué creen que es tan alta la tasa de desempleo? “Me cuesta mucho buscar trabajo y ‘venderme’ en una entrevista”, dice Oriol (21). “Su curva de aprendizaje al empezar un trabajo es más lenta. Además, se enfrentan a muchos cambios a la vez que suponen un desafío”, asegura Delfina Ramos, una de las coordinadoras del programa.
Desde el servicio mantienen el contacto con las empresas para evitar que el desconocimiento sobre el autismo interfiera en la relación laboral. Les facilitan información sobre el trastorno y, cuando hay interés, ofrecen formación a los equipos. “Hay cierto miedo o incomodidad a comunicarse con la persona, pero es importante empezar a romperlo. Son personas que se conocen muy bien y saben lo que necesitan”.
La necesidad de apoyo no es nueva. Durante su etapa escolar, Hugo estudió en un centro ordinario con una persona, costeada por su familia, que le acompañaba cada mañana. “La inclusión es una palabra muy vacía. No tienen los medios para hacer el acompañamiento”, recuerda Magda. Gracias a ese apoyo, considera que pudo avanzar y, al mismo tiempo, evitar el acoso escolar. Estudios internacionales apuntan a que más del 50% del alumnado con autismo lo sufre.
Cuando es niño, es duro el recibir la noticia. Pero todavía no es autónomo y depende de ti. El problema, dice, llega cuando crece y como familia empiezas a preguntarte qué será de él. Aunque Hugo ha llevado a cabo varias entrevistas finales, nunca le han llegado a dar la oportunidad. “Es muy frustrante cuando te dicen tantas veces ‘no’; te acabas creyendo que realmente no sirves para nada”, afirma esta madre, preocupada de que su hijo dé pasos hacia atrás después de años de esfuerzo.

El autismo de Julen, de 36 años, también mejoró cuando encontró trabajo en una gestoría laboral en la que ya lleva trabajando más de un año. Llevaba buscando trabajo desde hacía tres años, después de haberse formado en Administración y Finanzas. “En las entrevistas me ponía nervioso, me daba miedo trabarme al hablar o que me notaran alguna cosa y me rechazaran”, asegura este joven. Aunque al principio no especificaba su discapacidad en el CV, ahora sí lo hace. “Me da más seguridad”.
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Cada persona con autismo es diferente y las dificultades varían mucho de un caso a otro. Aun así, Delfina Ramos, psicóloga del programa Vull Treballar de la Fundació Friends, identifica algunas barreras que se repiten. “La búsqueda de empleo, así como el criterio de interpretar una oferta, saber si encaja con el perfil o decidir si presentarse, puede resultar complicado”. Otro obstáculo es la entrevista, donde “muchas veces no se evalúan las competencias técnicas para el puesto, sino la primera impresión”. La comunicación no verbal, la falta de contacto visual o la gestión emocional pueden acabar jugando en contra de una persona con autismo.
Me da miedo que piensen que no soy capaz de hacerlo. Solo necesito que me expliquen las cosas de otra forma
Júlia Farreny
22 años
A Júlia Farreny, de 22 años, le diagnosticaron autismo hace un par de años. Se ha formado en atención a personas en situación de dependencia y le gustaría trabajar en geriatría. De momento, trabaja como monitora una vez por semana con menores con neurodivergencias, a quienes acompaña para mejorar su autonomía dentro del agua. Pero quiere encontrar un trabajo de más horas. Por eso, acude al programa Vull Treballar, de la Fundació Friends, que acompaña y asesora a personas autistas en la búsqueda de empleo.
“El autismo es una condición de vida. Si has perdido un brazo, se ve, pero el autismo es invisible. Pero eso no significa que no lo podamos hacer. Solo que necesitamos más ayuda, igual que la persona que ha perdido un brazo”, ejemplifica con claridad la joven.
¿Cómo reducir la alta tasa de desempleo?
José Segundo, director de Specialisterne, organización y empresa social dedicada a la inclusión laboral de personas con autismo, lo tiene claro: “No se trata de ser expertos en autismo, pero sí hay que tener esa sensibilización para poder hacer los ajustes necesarios, que son relativamente sencillos”. Specialisterne ofrece formación gratuita a personas neurodivergentes y trabaja con empresas para facilitar su incorporación al mercado laboral. Al mismo tiempo, asesora y forma a las compañías para que sean más “neuroinclusivas” y puedan adaptar sus entornos de trabajo. “Siempre recomendamos que en cada empresa haya como una red de soporte a la que la persona pueda acudir si tiene dudas”, detalla Ana Paños, psicóloga de Specialisterne, que acompaña a las personas autistas y evalúa sus perfiles.
Otras adaptaciones pasan por una comunicación “clara y concisa”, preguntar si necesitan algún ajuste adicional y, en general, simplificar los pasos. Ambos expertos coinciden en que el autismo es complejo y una de las barreras a derribar es que las personas autistas sí pueden trabajar. La psicóloga reclama más recursos y servicios en la etapa adulta, que está “más olvidada”. Del mismo modo, instan a investigar sobre empleo y autismo, ya que los datos actuales provienen de investigaciones internacionales.
En esta línea, Ramos destaca que uno de los factores de la elevada tasa de desempleo es “que no encajan en las categorías más visibles, como la discapacidad física o intelectual, y a menudo quedan en tierra de nadie. Además, hay mucho desconocimiento y estigma”. De hecho, la oferta pública destina cierto cupo para personas con discapacidad intelectual, pero la profesional recuerda que no todas las personas con autismo la tienen. “Se podría incluir una casilla que contemplara las neurodivergencias”.
Júlia recuerda que el espectro es muy amplio, que hay diferentes grados y que a cada uno le afecta de determinada manera. “Me da miedo que me juzguen o que, si no entiendo algo, piensen que no soy capaz de hacerlo. Solo necesito que me expliquen las cosas de otra forma”.

Los protagonistas de este reportaje piden “paciencia” a los empresarios y que dejen de verlos como un “problema” o una “cuota” porque tienen “mucha capacidad de aprender”. Instan a que les pregunten qué necesitan, tanto en las entrevistas como en el puesto de trabajo, para que vean realmente cuáles son sus capacidades.
“Son miembros útiles de la sociedad. Mantenerlos apartados es más costoso, si lo que duele es el bolsillo. Muchas de estas personas pueden trabajar y ser autónomas. Si el mundo no te acepta, ¿qué haces? Te encierras más”, resume Magda, quien anima a abrir las puertas a las oportunidades. También las de la inclusión.

Cristina Oriol Val
Periodista
Periodista especializada en temática social: feminismos, migraciones, salud mental. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Doble licenciada en Periodismo y Publicidad y RR.PP. por la UAB
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