Perdón por si acaso
Por Jordi Basté Duran — Portada

Perdón por si acaso 14/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Hay una fórmula instalada en la vida pública y que permite pedir perdón sin pedirlo: “Disculpas a quien haya podido sentirse ofendido”. Es una frase extraordinaria porque aparenta humildad pero contiene una acusación. El que ha hablado no admite haber dicho una barbaridad, simplemente constata que, en algún lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, hay personas demasiado susceptibles para entenderlo.

Antes, uno pedía perdón porque había hecho algo mal. Ahora pide perdón porque los demás se lo han tomado mal. La diferencia parece pequeña, pero es formidable. En el primer caso, quien se disculpa asume la culpa. En el segundo, la culpa recae sobre el ofendido, que además de soportar la ofensa carga con la sospecha de ser hipersensible.
“A quien haya podido sentirse ofendido” es una de las frases del año
“A quien haya podido sentirse ofendido” sirve para todo y es una de las frases del año. Para el político que ha insultado, para el famoso que ha soltado una barbaridad y para cualquiera que, después de comprobar el incendio provocado por sus palabras, aparece con un vaso de agua y lo derrama en el fuego. Ni siquiera concede que alguien se haya sentido ofendido: dice que “haya podido”. Puede que sí, puede que no.
La frase viene acompañada de piezas del mismo juego: “Se ha malinterpretado” o “no era mi intención”. Como si las palabras no significaran nada. Horas después, su autor explica lo que en realidad quiso decir. Nunca dijo lo que escuchamos. Soltó otra cosa que, vaya por Dios, nadie comprendió.

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Pedir perdón de verdad resulta más incómodo. Exige pronunciar frases cortas, sin subordinadas ni
escapatorias: “Me equivoqué”. “Lo siento”. Su sencillez asusta porque no permite repartir la culpa. Por eso casi nadie las utiliza. Hemos convertido la disculpa en un comunicado redactado por abogados. Hay personas que parecen creer que pedir perdón empequeñece. Al contrario. Lo que empequeñece es esa ceremonia tramposa en la que uno finge inclinar la cabeza mientras señala a los demás. La disculpa debería cerrar una herida, no discutir si la herida tiene motivos suficientes para sangrar.
Así que, a todos aquellos que hayan podido sentirse ofendidos por esta columna, mis disculpas. Aunque, naturalmente, quizá sea porque no la han entendido.
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