“El mundo antes del 11-S parecía más ingenuo y feliz”
Por Francesc Peiron Arques — Portada
“El mundo antes del 11-S parecía más ingenuo y feliz”
Cuestión de historia, no de memoria
Unos 100 millones de estadounidenses no habían nacido o eran demasiado jóvenes para recordar la gran tragedia de septiembre del 2001

Hay 100 millones de estadounidenses que nacieron tras el 11-S o eran muy jóvenes para recordar, como estos que participaron en el tributo el pasado viernes, en el Memorial alzado sobre la zona cero
Spencer Platt/Pool Getty Images

Nueva York. Corresponsal
13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Su celebración siempre va con un asterisco. “Al haber nacido el 11 de septiembre del 2001, obviamente, no recuerdo aquel día. Sin embargo, mientras crecía, siempre he sido consciente de que mi cumpleaños tiene un significado que va mucho más allá de mi propia vida”, afirmó Sean Slater, que este pasado viernes llegó a los 25 años.
Hay fechas que marcan. Sobre todo en esta conmemoración del 11-S,por ser 25 aniversario de los atentados del 2001. Estos días, cualquier conversación derivaba fácilmente en Nueva York hacia la cuestión sobre “qué hacías tú aquel día”.
Pero para una tercera parte de la población de Estados Unidos, esa jornada es una página de la historia, no algo cultivado de primera mano en la memoria. “Aunque muchos de los de mi generación recordamos perfectamente dónde estábamos ese día tan terrible, se cuentan 100 millones de estadounidenses que ni siquiera habían nacido o eran demasiado jóvenes para recordar por si mismos aquel día. Por eso cada años nos comprometemos a no olvidar jamás”, señaló Elizabeth Hillman, de 58 años, exoficial de la Fuerza Aérea, profesora de Derecho y ahora directora ejecutiva del Memorial y Museo del 11-S, ubicado en lo que se conoció como la Zona Cero.
“El 11 de septiembre significa algo muy diferente para muchísima gente, especialmente en el lugar donde crecí”, matizó Slater. “Crecí en una localidad de Connecticut situada a aproximadamente una hora de Nueva York, y tenía compañeros de clase que perdieron a familiares el 11-S, y tenía vecinos, al menos una vecina, que perdió a su hijo. El 11-S es algo de lo que siempre hablábamos y que siempre recordábamos en el colegio: en primaria, en secundaria y en el instituto, y eso no cambió a lo largo de toda mi etapa escolar”, añadió este estudiante de Leyes en San Francisco.
Ese recuerdo lo siguió cultivando en la Universidad de Washington, donde se graduó, puesto que el Pentagono fue otro de los escenarios de los atentados de Al Qaeda liderados por Osama Bin Laden. Hubo un cuarto avión que cayó en Shanksville (Pensilvania) cuando supuestamente se dirigía a la Casa Blanca o el Congreso.
Hubo en total casi 3.000 muertos y en Nueva York se ha sumado hasta ahora cerca de 10.000 difuntos más, según varios cálculos, por las enfermedades derivadas de la toxicidad que generó la caída de las Torres Gemelas.
“Diría que es algo que mi generación sigue recordando y reconociendo. Sí me preocupa, quizá, que las generaciones más jóvenes no sean tan plenamente conscientes de lo que ocurrió. Y es muy importante recordarlo y no olvidarlo nunca, porque realmente era un día perfecto para muchísima gente y fue un día que cambió nuestro país y también el mundo. Supongo que aquel día es, en cierto modo, un ejemplo de las cosas horribles que los seres humanos pueden hacerse unos a otros”, recalcó Slater.
Ben Sullivan, nacido en el 2003 y licenciado en negocios, aprendió bastante “mientras crecía” y luego lo ha investigado por internet. “Es algo que realmente se considera el acontecimiento que más ha marcado la historia estadounidense desde quizá la guerra de Vietnam”, sostuvo.
“Nos vimos abocados a un montón de guerras interminables, como ahora nos gusta llamarlas: la guerra de Irak, la guerra de Afganistán y muchos otros conflictos más pequeños y de menor implicación a lo largo de los años. Y todo eso se debió realmente al 11-S, a pesar de que Irak no tuvo ninguna implicación real en aquello”, especificó.
“Al crecer en Nueva York era algo que siempre estaba muy presente. Nos enseñaban muchísimo sobre los que respondieron a la emergencia y sobre las personas que murieron. Sin duda era algo de lo que mis padres hablaban en casa”, rememoró.
Habló de la suerte. Sus padres, dos profesionales que trabajaban en el medio Manhattan, no se vieron afectados, ni tampoco nadie de su entorno más cercano. Pero, como cualquiera que viviera en la Gran Manzana, conocía a gente afectada. Murió el hermano de su vecino, con quien tenían mucha relación. “Así que es algo de lo que siempre fui consciente”, remarcó.
“Supongo que afecta a la psique de cualquier persona que haya crecido en Estados Unidos en el siglo XXI, y todavía más específicamente en Nueva York. Siempre tienes esos pensamientos: ¿podría volver a ocurrir? ¿Podría ocurrir en el Empire State Building? ¿Podría ocurrir en la Torre Uno del World Trade Center? Hay una cierta ansiedad alrededor de todo eso, que precisamente era objetivo de los terroristas en primer lugar. Es difícil, pero es algo en lo que piensas”, reconoció.
“Ahora, algunas de las consecuencias políticas que fueron enormes en aquel momento, como entrar en esas guerras en Oriente Medio y vengarnos de quienes muchos consideraban responsables de lo que nos había ocurrido, se han dado la vuelta”, afirmó.
“Esas guerras se ha vuelto muy impopulares en ambos partidos. Creo que hoy, en el clima político actual, prácticamente nadie está de acuerdo con que debiéramos haber estado en Oriente Medio, gastando todo ese dinero y sacrificando vidas estadounidenses, destinando recursos de los contribuyentes a aquello. Y esto, de alguna manera, ha afectado a la memoria del 11-S”, analizó.
Slater coincidió en esa crítica. “Mi generación no ha conocido otra cosa que estas guerras interminables: Irak, Afganistán e Irán. Y han sido tanto presidentes republicanos como demócratas quienes han estado al frente del país durante estos conflictos. Pienso que mucha gente se siente un poco impotente para detener estas guerras interminables, aunque mi generación, en general, está muy cansada de ellas y queremos que parte de ese dinero que se destina al Departamento de Defensa se utilice para otras cosas, como la atención social”, meditó.
“No creo que lo que ocurrió con el 11-S afecte en absoluto a mi interpretación de lo que supone tener un alcalde musulmán”, subrayó Sullivan. “Estoy totalmente de acuerdo con tener un alcalde musulmán. Mamdani ha hecho un buen trabajo. Es muy competente y no diría que el 11-S tenga ningún impacto en absoluto en mi opinión sobre ese tema”, remató.
Nacido, en el 2003, y criado en Tulsa (Oklahoma), estudiante universitario en Nashville, Robert Sharpe supo de los atentados a través de sus padres. Cree que tenía cinco años.
“Aún estoy un poco conmocionado. Simplemente me sigue sorprendiendo. Siempre me ha resultado difícil asimilar que algo así pudiera ocurrir. No parece algo que pudiera suceder nunca en Estados Unidos. Siempre pensamos en las guerras como algo que ocurre en el extranjero, pero es realmente devastador ver cómo la gente continúa sufriendo las consecuencias. Por ejemplo, en la Zona Cero, todos los escombros contenían un montón de sustancias tóxicas y todavía hay gente que sigue muriendo. Es una locura cómo un solo acontecimiento ha transformado el mundo. Un poco como el efecto mariposa”, caviló.
“También parece haber muchas tensiones raciales, especialmente ahora, 25 años después. Hay mucha gente indignada, yo no, pero mucha gente, porque Nueva York tiene un alcalde musulmán. Así que supongo que ese es uno de los ámbitos hacia los que se dirige actualmente el discurso”, incidió.
Expresó su fascinación al saber lo relajada que era la seguridad en los aeropuertos. “Tengo esa sensación de que ‘la hierba siempre parece más verde al otro lado’, o de que la hierba era más verde antes del 11-S. La forma en que mis padres describen aquella época hace que desee haber podido experimentar cómo era la vida antes de aquello. Parecía un mundo un poco más ingenuo y feliz”, apostilló.

Francesc Peirón
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Nueva York
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