La escuela que ha logrado crear un oasis de lectura

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Por Carina Farreras De HojasPortada

La escuela que ha logrado crear un oasis de lectura

Retroceso educativo

El ejemplo de un centro con prácticas educativas que quieren dar la vuelta a la tormenta de estímulos que reciben los niños

La biblioteca escolar es un espacio para fomentar las actividades lectoras de los alumnos

La biblioteca escolar es un espacio para fomentar las actividades lectoras de los alumnos

Miquel Gonzalez / Shooting

Carina Farreras De Hojas

C. Farreras

Barcelona

13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

El método de Aula Escola Europea tiene algo de contracultural en tiempos de atención fragmentada: no intenta hacer la lectura más rápida, más interactiva o más estimulante, sino reservarle un espacio protegido. Media hora diaria, sin pantallas, sin tareas asociadas y sin obligación de leer un libro determinado. El alumno elige qué leer, dónde sentarse y hasta qué punto quiere compartir después lo que ha leído. La escuela, en definitiva, no solo enseña a leer: intenta crear las condiciones para que los alumnos quieran hacerlo.

“Cada año algunos profesores del centro emprenden una investigación, con tiempo liberado, para reflexionar sobre un aspecto de la enseñanza o del aprendizaje de los alumnos”, explica la directora de Aula, Laia Pemán. Dolça Mas y Yolanda Lacort presentaron en el curso 2021-2022 la pérdida de interés por la lectura a lo largo de Primaria. “Pasan de estar muy interesados cuando aprenden a leer a desinteresarse a lo largo del resto de etapa”, dice Mas. Además, observaban inquietas la repercusión del uso de las tecnologías en el aprendizaje de los niños más expuestos al vocabulario de TikTok que al de los libros clásicos.

“En la escuela vimos la necesidad de reforzar la comprensión lectora porque todo eso repercute en otras materias”, afirma Pemán. Y el proyecto nos encajaba.

Cada mediodía se para el centro educativo, y profesores y alumnos leen en la biblioteca

Cuatro cursos después, observan mejoras en la velocidad lectora y la compresión, además de más goce por leer y recomendarse libros. La biblioteca ha triplicado por tres el préstamo de libros. Cambiaron el espacio, tiempos y contrataron a una bibliotecaria, Marta Merino, bregada en impulsar actividades.

Cada mediodía el centro se para, entre las 14 h y 14.30 h. Para todo el mundo. Profesores, trabajadores y docentes bajan con los alumnos de Infantil y Primaria a la biblioteca, reconvertida en un espacio diáfano y acogedor, con diferentes opciones para colocar el cuerpo, desde sillas a colchonetas y cojines para estirarse. Cada cual escoge el libro que quiere (todos accesibles a la mirada de los más pequeños) y lee de forma distendida. No se oye nada. De forma natural se hace el silencio porque están acostumbrados. Al acabar, un profesor lee un cuento en voz alta. “Marta llenó el espacio de actividades y talleres y dinamizó también las aulas”, explica Mas. “Pone retos, presenta las novedades en clase y conoce a todos los niños”, añade Lacort.

También lleva las novedades literarias y las deja en el aula de profesores para que las vean y las compartan, o se las lleven a su clase y las lean en voz alta, contagiando la emoción por estrenar un libro. En el aula leen también con libros escogidos por ellos mismos. “Eliminamos los cinco libros obligatorios que se leían en voz alta. Había mucha escucha y poca producción”, dice Pemán.

Impulsan las “conversaciones literarias”; no solo leen sino profundizan sobre el texto

Se ha introducido la “conversación literaria”. Leer no es solo reproducir palabras. Las ironías, las metáforas, las parábolas y que relación tiene lo leído con la vida de cada uno. “Me ha recordado al verano…”. En 3º ya cogen novelas. “Funcionan muy bien las recomendaciones entre compañeros y los mentores, alumnos mayores que dedican su tiempo a ayudar a leer a los más pequeños”, señala Pemán.

En la ESO los horarios dejan menos margen. Hay una hora de lectura semanal señalada y múltiples ofertas y talleres propuestos. Además, participan en el proyecto del Clínic que convierte cada libro leído en puntos de donación para la investigación del cáncer. “Un grupo de alumnos se encarga de dinamizar esta actividad que llega a profesores y familias. Todos leen. Sea por vocación, por interés en el ámbito sanitario o por soporte (o memoria) a un ser querido”.

Carina Farreras De Hojas

Carina Farreras

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Periodista. Ha trabajado en las secciones de Política, Economía, Opinión y Cultura de La Vanguardia. Desde hace unos años cubre informaciones de Educación y Universidades en Sociedad

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