Aquellas fotografías
Por Joan-Pere Viladecans Lozano — Portada
<![CDATA[
Otros tiempos. Antes de que la fotografía tuviera el justo prestigio actual y que fuera considerada como una de las artes visuales con un enorme poder conceptual y expresivo, y de que en cierto modo la pintura acabara por imitarla, la fotografía tenía un uso funcional. Era un vehículo emocional entre particulares. Un regalo. Un presente. Un acta notarial de amor, de acontecimiento, de recordatorio en el caso de lejanía. De celebración familiar. Casi un exvoto interpersonal. Lo que más tarde, y en el rincón de la memoria, sería para los descendientes, los deudos, una imagen congelada de la boda de los padres, los abuelos. Del tío. De la madre. Del fin de curso o del propio nacimiento. O de la comunión. O de los allegados que ya no reconocemos. Toda una época de retratos en sepia. Estáticos. Rígidos. Acartonados. De museo. Imágenes relamidas llenas de candor. “Un trozo de espacio y también un tiempo”, escribió Susan Sontag.
Fonte: Portada