Festival de Mas y Landa, que llevan el delirio al Collado del Alguacil
Por Carles Ruiperez Tirado — Portada
Festival de Mas y Landa, que llevan el delirio al Collado del Alguacil
Vuelta a España | 20.ª etapa
Mientras el alavés se escapa y gana la etapa reina, el líder se defiende con una jerarquía absoluta y sentencia la Vuelta

Un emocionado Mikel Landa levanta los brazos en la cima del Collado del Alguacil
LAVUELTA

Carles Ruipérez Tirado
Barcelona
12/09/2026 18:21 Actualizado 12/09/2026 18:36 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Delirio en el inédito Collado del Alguacil. La Enricmanía y el landismo se dieron la mano y se pusieron de acuerdo en el momento cumbre de la Vuelta a España. La gloria se repartió entre dos ciclistas tantas veces olvidados, totalmente eclipsados por la generación de Pogacar y Vingegaard, pero que se juntaron para dar un espectáculo histórico. La jerarquía de un crecido Mas y la clase superlativa de Landa se empeñaron en llevar la contraria a muchos, a sus críticos, a los que decían que nunca estaban para las grandes citas, en Sierra Nevada, donde a sus faldas, en Granada, acaba este domingo la carrera.
El líder, en un estado de forma espectacular, porque llevó el maillot rojo con una lección maestría en una jornada que fue agónica y, sin apenas sufrir un ápice, 12 años después, será el primer español en ganar Vuelta, tras Alberto Contador. El vasco Landa, que cumplirá 37 años, porque se autoregaló un triunfo épico como canto de cisne, a su manera, con toda la mística que siempre le ha acompañado.
La afición que estaba en el arcén no lo podía creer. Pellízquense, no es un sueño. Disfruten del momento. Recuerden este festival, frótense los ojos. Es cierto y es histórico. Emociones a raudales. Casi no se lo podían creer. A Landa casi se le escapaban las lágrimas. Mas se llevaba la mano al casco nada más cruzar la meta. Tiene el triunfo final en el bolsillo, visto para sentencia. Un éxito que en Mónaco nadie imaginaba.
El escalador alavés ganó la etapa reina. No levantaba los brazos en una gran vuelta desde el Giro del 2017. Hacía once años que no lo lograba en la Vuelta pero siempre luchó contra las caídas y los dolores de espalda y no se dio por vencido. En unos meses correrá para el Euskaltel.
“Estoy muy feliz, lo llevaba buscando durante mucho tiempo. Ha sido una dura temporada para mí y hoy era la última oportunidad. Llevo dos años de mierda. Me he acordado de mis hijos y de que no me podía ir a casa rindiéndome”, decía con la voz entrecortada el alavés, que él solo llegó en el segundo paso del Purche para llegar a la cabeza de carrera donde tiraban cuatro del Uno-X. Johannessen fue el último al que Landa descolgó.
El mallorquín del Movistar sumó su decimotercer día de rojo con una tranquilidad del que tiene la carrera en las piernas y en la cabeza. Fue intocable. Se le vio subir con mucha soltura. Casi como si fuese en carroza, en un trono imaginario, poderoso, infalible. “Por primera vez en mi vida me siento así. Con las piernas que tenía me he visto ganador desde el inicio de la etapa. He ido descontando los kilómetros”, confesaba.
Se ha ganado el respeto de todos. Apenas cedió 18 segundos frente a Gall, el tercero que quiso subirse al segundo cajón con un ataque en los tres últimos km. No podrá. Roglic resistió por 29 segundos para su noveno podio de su carrera.
Ni el condensado de cuatro puertos en los últimos 100 kilómetros de la penúltima etapa le alteró su camino triunfal, no le hizo ni cosquillas. Quizás el momento más complicado fue cuando quería agua en plena ascensión y un auxiliar del Lotto no le entregó un bidón. Apenas volvió a pasar dificultades.
Una muestra del control absoluto que tuvo siempre y la alta confianza en si mismo que está viviendo es que hizo más de 40 kilómetros aislado y nunca se puso nervioso.
En el primer paso por el Puche atacó el anárquico Carapaz, siempre capaz de crear el caos y de romper la carrera en pedazos. Ese movimiento eliminó a los Movistar y obligó al Decathlon a quemar sus naves. Scotson y Bisiaux duraron un abrir y cerrar de ojos y Felix Gall tuvo que responder en primera persona si no quería que el ecuatoriano se animase y empezase a creerse que podía desbancarlo de la tercera plaza del podio. Gall sofocó la insurrección justo a tiempo, un metro antes de coronar.
Pero con 90 km por delante los líderes ya iban sin ayudas, sin gregarios, sin maquillaje, solos: Mas, Roglic, Gall y Carapaz, cara a cara.
El mallorquín, totalmente calmado, nunca pidió al coche frenar a alguno de sus compañeros escapados y no volvió a ver un ciclista telefónico hasta que alcanzaron a García Pierna. Después atrapó a Romeo. Y ya en la última subida le tocó a Castrillo. “He ganado por todo lo que el equipo lo ha hecho por mí”, compartía el líder, agradecido. Vaya festival.

Carles Ruipérez Tirado
Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour
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