Miodrag Borges, dietista: “El objetivo no debería ser eliminar la inflamación, sino proporcionar al organismo todo aquello que necesita para regularla”

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Por Anna Calpe GarciaPortada

Miodrag Borges, dietista: “El objetivo no debería ser eliminar la inflamación, sino proporcionar al organismo todo aquello que necesita para regularla”

Inflamación

En su último libro ‘No lo llames inflamación’ (Alienta), Borges cuestiona el discurso que presenta la inflamación como una amenaza que debe combatirse mediante alimentos, dietas o suplementos

Miodrag Borges, dietista

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Anna Calpe Garcia

Anna Calpe

12/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

“Hemos agrupado bajo una misma palabra respuestas inmunitarias muy distintas, y eso puede llevarnos a simplificar demasiado el fenómeno”, explica Miodrag Borges, técnico superior en Dietética y divulgador especializado en microbiota.

En su último libro No lo llames inflamación (Alienta), Borges cuestiona el discurso que presenta la inflamación como una amenaza que debe combatirse mediante alimentos, dietas o suplementos. Lejos de ser siempre perjudicial, recuerda, es una respuesta natural que permite al organismo defenderse y reparar los tejidos. En conversación con La Vanguardia, el autor aborda la inflamación crónica de bajo grado y analiza el papel del metabolismo, la microbiota, la alimentación, el ejercicio, el descanso y el estrés.

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Usted señala que la inflamación se ha convertido en un término que utilizamos para explicar problemas muy diferentes. ¿Qué deberíamos entender realmente por inflamación?

Lo primero que deberíamos saber es que aquello que llamamos inflamación, como si fuera un concepto único, engloba en realidad una gran diversidad de manifestaciones del organismo que no son iguales. No es lo mismo la respuesta inflamatoria de una persona con una enfermedad inflamatoria intestinal que la que aparece ante una alergia o la que se produce en el entorno de un tumor. Las células inmunitarias, las moléculas implicadas e incluso el peso que puede tener la microbiota son diferentes en cada caso.

En términos generales, la inflamación es una respuesta natural de nuestro sistema inmunitario frente a algo que puede comprometer nuestra integridad. Pensemos en algo tan sencillo como clavarnos una espina: el organismo genera una respuesta para evitar una infección y reparar el tejido dañado. Eso es inflamación. Pero también existe inflamación alrededor de un tumor, aunque se trate de un proceso infinitamente más complejo. Hemos agrupado bajo una misma palabra respuestas inmunitarias muy distintas y eso puede llevarnos a simplificar demasiado el fenómeno.

La inflamación es una respuesta natural de nuestro sistema inmunitario frente a algo que puede comprometer nuestra integridad
La inflamación es una respuesta natural de nuestro sistema inmunitario frente a algo que puede comprometer nuestra integridad Yuri Arcurs peopleimages.com

A menudo se asocia la inflamación con algo perjudicial, pero sostiene que debemos aprender a regularla. ¿Por qué?

Porque sin inflamación no podríamos sobrevivir. Es una de las principales herramientas que tiene nuestro organismo para defendernos. Las personas inmunodeprimidas, cuyo sistema inmunitario no puede responder correctamente, son precisamente mucho más vulnerables a determinadas infecciones y enfermedades. Por tanto, la inflamación no es necesariamente “la mala de la película”. El problema aparece cuando el organismo permanece en un estado inflamatorio constante y no consigue completar adecuadamente el proceso. Podemos simplificarlo en dos fases: una primera en la que el sistema inmunitario se activa para hacer frente a una amenaza y otra de resolución, cuando el problema ya ha sido controlado y el organismo debe reparar los tejidos y regresar al equilibrio. El objetivo no debería ser eliminar la inflamación, sino proporcionar al organismo todo aquello que necesita para regularla. Vivir permanentemente con esa respuesta activada es lo que puede acabar generando problemas.

Determinadas enfermedades y alteraciones metabólicas suelen estar relacionadas con la inflamación crónica de bajo grado

Miodrag Borges

Dietista

La inflamación crónica de bajo grado puede avanzar de forma silenciosa. ¿Existen señales que permitan sospechar que estamos en ese estado?

Es difícil hablar de síntomas específicos. Sabemos que determinadas enfermedades y alteraciones metabólicas suelen estar relacionadas con la inflamación crónica de bajo grado. En la obesidad, por ejemplo, está presente en muchos casos. También puede aparecer asociada a enfermedades autoinmunes o autoinflamatorias y a patologías como la diabetes tipo 2, en la que existe una resistencia a la insulina que puede estar relacionada con mecanismos inmunitarios. En una analítica convencional tampoco disponemos de un único parámetro que nos diga claramente si existe este problema. Podemos observar determinados indicadores metabólicos, como la glucosa en ayunas, y, en algunos casos, estudiar la insulina basal, pero estaríamos aproximándonos al problema de forma indirecta. Más que obsesionarnos con encontrar un marcador concreto, debemos observar el contexto: el sedentarismo, una mala alimentación, el estrés mantenido, un descanso insuficiente o la presencia de síndrome metabólico son factores que pueden favorecer ese desequilibrio.

Todo aquello que favorezca una microbiota saludable puede repercutir indirectamente sobre nuestra salud inmunitaria
Todo aquello que favorezca una microbiota saludable puede repercutir indirectamente sobre nuestra salud inmunitaria Getty Images

Uno de los conceptos centrales de su libro es el inmunometabolismo. ¿Qué es y qué relación existe entre nuestro metabolismo y la respuesta inmunitaria?

El inmunometabolismo estudia cómo obtiene y utiliza energía nuestro sistema inmunitario y cómo ese metabolismo condiciona su funcionamiento. Es una relación bidireccional: el metabolismo influye sobre la respuesta inmunitaria y, al mismo tiempo, cuando el sistema inmunitario no funciona correctamente, también puede producir cambios metabólicos. Todas las funciones del organismo necesitan energía, desde respirar hasta producir una hormona o movernos. Las células inmunitarias también. De manera simplificada, cuando el sistema inmunitario está en modo de ataque tiende a recurrir a vías que permiten disponer rápidamente de energía, mientras que durante las fases reparadoras utiliza otras rutas metabólicas. Cuando existe una enfermedad o una inflamación crónica, ese equilibrio puede alterarse. De hecho, esta área de investigación comenzó a cobrar importancia al observar que algunas personas con infecciones víricas graves podían desarrollar transitoriamente alteraciones similares a una resistencia a la insulina. El metabolismo y la inmunidad están mucho más relacionados de lo que tradicionalmente habíamos pensado.

La “dieta antiinflamatoria”, entendida como una dieta capaz por sí sola de apagar la inflamación, no existe

Miodrag Borges

Dietista

Cada vez encontramos más alimentos etiquetados como inflamatorios o antiinflamatorios. ¿Estamos simplificando demasiado el papel de la alimentación?

Totalmente. La “dieta antiinflamatoria”, entendida como una dieta capaz por sí sola de apagar la inflamación, no existe. La inflamación es un fenómeno extremadamente complejo en el que intervienen células, moléculas, órganos, mucosas, microbiota y mitocondrias. Pensar que un alimento aislado puede actuar positiva o negativamente sobre todo ese sistema no tiene demasiado sentido. Eso no significa que la alimentación no importe. Si una persona se alimenta muy mal de manera habitual, determinadas sustancias pueden favorecer un entorno proinflamatorio. Pero debemos valorar el conjunto del estilo de vida. No podemos pretender revertir una resistencia a la insulina únicamente comiendo mejor si seguimos siendo sedentarios, ni solucionar determinados problemas intestinales solo mediante la dieta si mantenemos niveles elevados de estrés. Del mismo modo, una persona sana que mantiene buenos hábitos no va a echar por tierra su salud por comer ocasionalmente una pizza, un helado o unas patatas fritas.

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Cuando vivimos sometidos a mucho estrés solemos dormir peor, tenemos menos tiempo para cocinar adecuadamente y hacemos menos ejercicio Getty Images

¿Qué hábitos son especialmente importantes para favorecer una buena regulación de la inflamación?

La actividad física es absolutamente necesaria. Desde el enfoque del libro, uno de los motivos tiene que ver con las mitocondrias, que actúan como centrales energéticas de nuestras células y cuyo funcionamiento está estrechamente relacionado con nuestra salud metabólica. La actividad física moderada y el trabajo cardiovascular son importantes, pero también lo es mantener una buena masa muscular. El entrenamiento de fuerza resulta especialmente interesante porque el músculo desempeña un papel fundamental en la gestión de la glucosa y la sensibilidad a la insulina. A ello debemos sumar el descanso y, especialmente, la gestión del estrés. Hoy sabemos que un estrés excesivo puede alterar la salud digestiva, la microbiota y, de manera indirecta, el sistema inmunitario. Además, todos estos hábitos están relacionados entre sí: cuando vivimos sometidos a mucho estrés solemos dormir peor, tenemos menos tiempo para cocinar adecuadamente y hacemos menos ejercicio. Tanto los factores positivos como los negativos tienden a acumularse.

Concede también mucha importancia a la microbiota intestinal. ¿Hasta qué punto puede influir en nuestra respuesta inmunitaria?

La microbiota tiene una relación muy estrecha con el sistema inmunitario porque una gran parte de nuestro ecosistema microbiano se concentra en el aparato digestivo, especialmente en el intestino grueso, y se encuentra en contacto con zonas donde existe una elevada presencia de células inmunitarias. Entre otras funciones, participa en el entrenamiento y la regulación de nuestro sistema inmunitario. Si existe un desequilibrio importante de la microbiota, algunas de esas funciones pueden verse alteradas. Por ejemplo, un exceso de determinados microorganismos potencialmente patógenos puede mantener activado el sistema inmunitario. Por eso, todo aquello que favorezca una microbiota saludable puede repercutir indirectamente sobre nuestra salud inmunitaria. La buena noticia es que no necesitamos hacer nada extraordinario: una alimentación saludable, rica en alimentos vegetales y fibra, ya contribuye a cuidarla. Podemos añadir alimentos fermentados o prestar atención a determinados compuestos, pero para la población general no hace falta seguir una dieta específica ni hacer malabares.

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Si tuviera que resumir qué podemos hacer para convivir mejor con la inflamación, ¿cuál sería la idea principal?

Deberíamos abandonar la obsesión por llevar una vida “antiinflamatoria” y hablar más bien de una vida que favorezca la regulación de la inflamación. El prefijo “anti” transmite la idea de que debemos eliminarla, cuando es un mecanismo imprescindible para nuestra supervivencia. Nuestro objetivo debería ser proporcionar al organismo las condiciones necesarias para que pueda activar una respuesta inflamatoria cuando realmente la necesite, defendernos frente a una amenaza y, una vez solucionado el problema, completar correctamente la fase de resolución y regresar al equilibrio. Y para conseguirlo no existe un alimento, un suplemento ni una estrategia aislada.

Anna Calpe Garcia

Anna Calpe

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Periodista en el equipo de Audiencias de La Vanguardia. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Graduada en Periodismo y Comunicación Corporativa por la Universidad Ramon Llull.

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