La educación frente al espejo
Por Carles Mundó — Portada

La educación frente al espejo 11/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Hace 25 años que el informe PISA nos coloca delante del espejo. Acabamos de conocer los resultados de su novena evaluación y, una vez más, el reflejo que devuelve no nos gusta, porque sigue empeorando el nivel educativo de España y Catalunya. Más allá de las décimas que mueven unas puntuaciones, lo que queda es una sensación de fracaso colectivo.
Cada vez que se publican los resultados de PISA se abren grandes debates. Buscamos causas, responsables y explicaciones, y por unos días proliferan las opiniones, los diagnósticos y las recetas. Pero, después de 25 años y viendo que seguimos sin salir del agujero, parece razonable preguntarse si no estaremos equivocándonos en el diagnóstico y, por tanto, de estrategia.

En Catalunya se da la paradoja de que dedicamos más recursos que nunca a la educación, especialmente a la escuela pública, pero los resultados son cada vez peores. El presupuesto de Educación ha pasado de unos 4.500 millones de euros en 2016 a casi 8.000 millones en 2026. El número de docentes también ha aumentado cerca de un 30% y, aunque sea ligeramente, la ratio de alumnos por docente ha disminuido durante la última década, en especial en primaria. Por ello, mirando solo los recursos dedicados, cabría esperar mejores resultados, pero eso no ocurre.
Es innegable que, como el conjunto de la sociedad, las aulas son hoy más complejas que hace unas décadas. Hay alumnos extranjeros que llegan sin conocer la lengua o con niveles competenciales muy bajos, hay más trastornos de conducta y situaciones personales que exigen una atención específica, y hay fenómenos nuevos, como el impacto de las redes sociales o la irrupción de la inteligencia artificial, cuyos efectos sobre la concentración, los hábitos de estudio y la manera de aprender apenas estamos empezando a comprender. Y todo ello exige más a los docentes, pero también al alumnado y a las familias.
Además de hablar de presupuesto y ratios se ha de abrir el melón del modelo pedagógico
Una realidad tan compleja requiere un diagnóstico mucho más preciso de las debilidades de nuestro sistema educativo. La reivindicación de más recursos es legítima, pero los datos indican que difícilmente puede ser la explicación principal. Y tampoco podemos hablar de la escuela como si todos los centros vivieran la misma realidad porque hay diferencias enormes entre escuelas, barrios, entornos sociales y equipos docentes. Es evidente que en un país donde casi una cuarta parte de la población vive por debajo del umbral de pobreza esta realidad tiene que dejar huella en las aulas, pero esto no puede convertirse en coartada para dejar de preguntarnos qué sucede dentro del sistema educativo.
Además de hablar de presupuesto y ratios, es indispensable abrir el melón del modelo pedagógico. Hemos vivido demasiados cambios de rumbo, demasiados experimentos cargados de buenas intenciones y demasiadas modas educativas sin buenos resultados. A menudo hemos confundido innovación con mejora. Desde la propia OCDE se apunta ahora la conveniencia de recuperar elementos básicos. Dicho de forma sencilla, pero en el más profundo sentido de la palabra, hay que aprender bien a leer y a escribir. Parece obvio, pero esto, junto al esfuerzo, es la base del aprendizaje y comprensión del mundo. Sin conocimientos y hábitos sólidos es difícil construir aprendizajes más complejos.

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También deberíamos revisar cómo gestionamos los centros públicos. Que la dirección administrativa y la gestión de los recursos humanos recaigan, en buena medida, en docentes del propio claustro, a menudo de forma temporal y rotatoria, contrasta con modelos de dirección más profesionalizados. Y hay otra cuestión que tampoco debería ser tabú: la formación de los docentes. Hay que reconocer el esfuerzo y el compromiso de la inmensa mayoría, pero ser políticamente correctos no puede impedirnos preguntarnos si también aquí necesitamos cambios que pueden ir desde la forma de acceder a una plaza o la evaluación periódica hasta la formación permanente necesaria para afrontar mejor las dificultades que cada día aparecen en las aulas. Con tantas evidencias, es un deber del conjunto del sistema político que aparquen todo partidismo, y acierten en el diagnóstico y apliquen medidas sin excusas, sin prejuicios y sin miedo a las preguntas incómodas.
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