Otoño en Zahara de los Atunes: playas vacías, un festival de jazz y buena mesa a orillas del Atlántico
Por Noelia Ferreiro — Portada
Otoño en Zahara de los Atunes: playas vacías, un festival de jazz y buena mesa a orillas del Atlántico
Escapada
Pasado el alboroto estival, pero todavía con buena temperatura, la joya de la costa gaditana sorprende en la nueva estación con animados eventos gastronómicos y culturales

Otoño en Zahara de los Atunes
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Noelia Ferreiro
20/10/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
En estos días en los que el sol languidece con las horas mientras una brisa ligera aviva los fríos del Atlántico, Zahara de los Atunes emerge como una ciudad nueva, despojada ya del trasiego turístico y sumida en su íntimo día a día. El otoño sienta muy bien a la más emblemática de la costa gaditana, la que lleva por nombre el pescado que distingue a este rincón del sur.

Y es que, más allá del fervor estival, la vida no se detiene en esta localidad encajada entre Tarifa y Barbate, cuyo entramado blanco se asoma al océano entre campos de girasoles. Aquí donde el atún se captura con técnicas milenarias, donde las cometas de kitesurf salpican las olas infinitas y donde el viento se enreda en molinos que giran como gigantes futuristas de Don Quijote, la estación de las hojas llega cargada de eventos que corroboran su esencia alegre y luminosa.
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Al fondo, claro, siempre estará el mar, que en estos meses acoge a manadas de delfines nadando muy cerca de la orilla. Unos 1.600 metros de litoral que enlazan hasta cuatro playas de arena blanca y aguas cristalinas: desde la que baña el centro urbano, más equipada y familiar, hasta la más salvaje Arroyo del Cañuelo, pasando por la de Atlanterra y la playa de los Alemanes, donde cuentan que se refugiaban los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Homenajes gastronómicos
Es tiempo de paseos sin prisa, lejos de las aglomeraciones, por un delicioso casco urbano que, si bien carece de grandes monumentos (la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, los restos de un castillo que en su día protegió de los ataques berberiscos y lo que queda de un palacio que fue un saladero de atunes), reúne toda la magia de los caseríos andaluces, con rincones que sirven de escenario a conciertos y mercadillos efímeros.

Es en estas callejuelas, hasta hace poco atestadas, donde se dispersan los restaurantes que hacen de Zahara de los Atunes un destino gastronómico de primer orden. Y aunque algunos de ellos cierran sus puertas tras el verano, otros las mantienen abiertas en una oferta constante durante todo el año. Es el caso de Clandestino, en primera línea de la playa, comandado por Siabou Ture, un joven chef nacido en Mali y formado en templos tan prestigiosos como Le Gabriel de París, con tres estrellas Michelin.
Nada como degustar, con los pies en la arena y las vistas en el océano, platos tan sorprendentes como los boquerones albardados o el arroz del señorito con gamba confitada en aceite de oliva. Por no hablar de su especialidad en atún rojo de almadraba, como mandan los cánones de este lugar, con versiones tan tentadoras como la barriga de atún con gazpachuelo de palo cortado o las albóndigas de atún con sopa de cebolla y trompetas de la muerte.

Música para el alma
Nadie que visite este pueblo puede irse, efectivamente, sin probar este producto estrella, como tampoco pueden hacerlo sin descubrir el otro gran estandarte culinario: la ternera retinta, que en otoño los restaurantes compiten por ofrecer de mil y una maneras. Establecimientos como Casa Blas o Barlovento son reconocidos por sus excelentes carnes de esta raza autóctona andaluza, creada en libertad en las dehesas de la comarca.
Más allá de contentar al estómago, tampoco hay que perderse otros placeres como el de practicar deportes acuáticos (surf, windsurf, kitesurf…) aprovechando el viento y las olas de temporada, o el de emprender una caminata hacia el faro de Camarinal para disfrutar de las vistas despejadas y el silencio del entorno, o el más mundano de entregarse al arte de las compras en tiendas tan originales como No Ni Ná, abierta hace unos años por la humorista Paz Padilla.
Pero hay un acontecimiento que marca como ningún otro el devenir otoñal en Zahara de los Atunes: el festival de jazz (JAZZahara), que se celebra a finales de octubre en el histórico palacio de las Pilas. Un encuentro cultural que apuesta por la fusión entre el jazz andaluz y la escena internacional con conciertos en directo y jam sessions.

Su programación, que también concede espacio a la gastronomía local, incluye a grandes figuras del género con las que trazar una personalidad artística propia. Sin ir más lejos, en esta séptima edición, pasarán por los escenarios Raynald Colom & Diego Amador, Manolo Pereira Quinteto Polar o Potato Head Jazz Band. Música para el alma en la joya de Cádiz con África en el horizonte.
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