Las tierras raras empujan a la Casa Blanca a reabrir el diálogo con Birmania

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Por Jordi Joan Baños — Portada

Las tierras raras empujan a la Casa Blanca a reabrir el diálogo con Birmania

A los cinco años del golpe

Salen a la luz dos encuentros en Tokio y una visita del subsecretario de Estado de Inteligencia a Naypyidaw 

El presidente de Birmania y exjefe de la junta militar, Min Aung Hlaing, que desde junio ha sido bienvenido en Nueva Delhi, Pekin o Moscú (foto), recibió el mes pasado la primera visita de un alto funcionario de EE.UU. desde su golpe de estado

El presidente de Birmania y exjefe de la junta militar, Min Aung Hlaing, que desde junio ha sido bienvenido en Nueva Delhi, Pekin o Moscú (foto), recibió el mes pasado la primera visita de un alto funcionario de EE.UU. desde su golpe de estado

Alexei Nikolsky / Reuters

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños

Bangkok. Corresponsal

20/10/2026 06:00 Actualizado 20/10/2026 06:32 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Estados Unidos ha reanudado en las últimas semanas los contactos directos con los generales de Birmania, suspendidos desde su golpe de estado de 2021. El simulacro de elecciones de principios de año, en que el jefe de la junta militar, Min Aung Hlaing, pasó a ser presidente civil, brindó la hoja de parra. Pero el verdadero motivo parecen ser los codiciados yacimientos birmanos de tierras raras. 

El viernes, la agencia Reuters desveló que una delegación de la Casa Blanca se había reunido la semana anterior en Tokio con representantes del régimen birmano. Sería, en realidad, su segundo encuentro en la capital japonesa, tras el mantenido en junio. Encabezaba la delegación estadounidense el subsecretario de Estado de Inteligencia e Investigación, Michael Vance. A mediados de septiembre y envuelto en el mismo secreto, este habría visitado a Min Aung Hlaing en Naypyidaw. 

Sirvió de pretexto la excarcelación, tras tres meses, de Adam Castillo, un ex marine estadounidense con una dilatada trayectoria en Birmania, bajo cobertura empresarial. La otra coartada fue el interés de EE.UU. en que se cierren los centros de ciberestafas en suelo birmano, que habrían empezado a afectar seriamente a estadounidenses, aunque sus mayores víctimas, con diferencia, sigan siendo los chinos. 

Aquel encuentro, combinado con la mano tendida al presidente Donald Trump, habría dado pie al deshielo, favorecido por Tokio. Los japoneses no adoptaron sanciones contra la junta militar, porque no quieren que dependa solo de China.

La industria japonesa de automoción y robótica depende de los imanes permanentes chinos, de modo similar al que la industria aeronáutica y militar de EE.UU. depende de las tierras raras, refinadas en China. El gigante asiático extrae más del 60% del total mundial y refina todavía más, el 90%. Entre las tierras raras que importa, más de la mitad proceden de Birmania. En el caso del disprosio y el terbio -claves para misiles y drones- el 60% de la producción planetaria se concentra en el estado birmano de Kachin.

Japón lleva más de quince años intentando diversificar su aprovisionamiento de tierras raras, a las que busca hasta en el fondo del mar. Estados Unidos, por su propia riqueza minera, despertó más tarde a esta vulnerabilidad. Pero en su gira asiática del año pasado, Donald Trump firmó tantos acuerdos de suministro alternativo como pudo.

Claves para misiles o drones

La mitad del disprosio y del terbio del mundo se extrae en territorio del Ejército para la Independencia Kachin

Pero China sigue siendo insoslayable para el mundo, como Birmania lo es para China. En realidad, casi todas las minas birmanas de tierras raras se encuentran en un solo estado, Kachin. Donde no están bajo control del gobierno central, sino del Ejército para la Independencia Kachin (KIA, en sus siglas inglesas). Esto es así desde hace dos años, cuando KIA barrió a otra milicia étnica, subordinada al ejército birmano. 

El citado Castillo, que decía contar con 1.200 empleados birmanos de seguridad y otros menesteres a lo largo y ancho del país, fue recibido el año pasado en la Casa Blanca. Ante el  equipo del vicepresidente, J.D. Vance, expuso su teoría de que era posible arrebatarle a China parte del botín, con sus mismas armas, pactando con la guerrilla. Aprovechando además que la mayoría de los kachin son fieles de la iglesia baptista estadounidense.

El problema es que sus minas están casi pegadas a la frontera de China, su salida natural. Pekín, además, puede jugar muchas cartas para que lo siga siendo. Asimismo, el ejército birmano recuperó el año pasado la carretera de acceso a Myitkyina, la capital de Kachin. Y desde hace unos meses le disputa a KIA la principal mina de jade del país. 

El subsecretario Michael Vance -no confundir con J.D. Vance- viajó a Tokio acompañado de una docena de funcionarios. Una prueba más de que el cordón sanitario se diluye en Birmania, como antes se diluyó en Tailandia. De hecho, el general Min Aung Hlaing, en calidad de presidente, ha sido recibido en los últimos meses por Narendra Modi, Xi Jinping y Vladimir Putin, en India, China y Rusia. También en la propia Tailandia o en Malasia, donde Anwar Ibrahim le agradecía la repatriación “voluntaria” de miles de inmigrantes birmanos. 

El departamento de Estado, por su parte, se escuda en “la importancia del diálogo con todos los grupos implicados en la guerra civil de Birmania”. Esa federación que, recién emancipada, parecía destinada a ser la avanzadilla del sudeste asiático, con Rangún como faro. 

Hoy desgarrada y empobrecida, no cae en el olvido para japoneses ni británicos. Tampoco para los estadounidenses, aunque la miren de reojo. Tras una inversión de 271 millones de dólares, EE.UU. inauguró este año uno de sus mayores consulados en Chiang Mai. Ciudad del ondulado norte de Tailandia que, desde los años sesenta, sirve de atalaya para otear la hermética Birmania y, por extensión, Laos y el sur de China. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños

Corresponsal de 'La Vanguardia' en Bangkok

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Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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