El FMI alerta de la necesidad de cuadrar las cuentas ante la incertidumbre mundial

0

Por Jordi Joan Baños — Portada

El FMI alerta de la necesidad de cuadrar las cuentas ante la incertidumbre mundial

Reunión anual

La directora gerente, Kristalina Georgieva, avisa de que los amortiguadores energéticos y fiscales se agotan

Kristalina Georgieva, la directora gerente del FMI, en su rueda de prensa de conclusiones, esta mañana en Bangkok  Ampliar

Kristalina Georgieva, la directora gerente del FMI, en su rueda de prensa de conclusiones, esta mañana en Bangkok 

LILLIAN SUWANRUMPHA / AFP

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños

Bangkok. Corresponsal

17/10/2026 12:33 Actualizado 17/10/2026 13:01 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El Fondo Monetario Internacional (FMI) no aclara si el vaso está medio lleno o medio vacío, lo que induce a creer en esto último. En su rueda de prensa de conclusiones, en el marco de la reunión anual con el Banco Mundial (BM), la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, volvió a remitirse a su vocablo favorito: “resiliencia”. La que habría demostrado la economía mundial, cumpliendo al milímetro el pronóstico de crecimiento del 3,1% formulado por su organismo un año atrás. Pero un aguante plagado de “desafíos” y de “incertidumbre”. 

Para explicar que la economía mundial haya caído de pie, pese a experimentar en 2026 “la mayor contracción de la historia en el suministro de hidrocarburos”, el FMI esgrime el presunto impacto simétrico de la Inteligencia Artificial (IA). Antes de ser acusada de recurrir al pensamiento mágico, la propia Georgieva advierte de que el boom de la IA podría no proporcionar los rendimientos esperados a corto plazo, no descartando “desengaños” y “severas correcciones”. 

Las dos grandes instituciones financieras multilaterales con sede en Washington, el FMI y el BM -en las que Washington, a su vez, mantiene en exclusiva un derecho de veto- no las tenían todas consigo en su viaje a Bangkok. Algo que reconocía esta mañana la propia Georgieva: “Llegamos un poco nerviosos”. El sudeste asiático, cuando soñaba con recuperar los niveles de actividad previos a la Covid, se dio de bruces con dos cataclismos con epicentro en Washington: los órdagos arancelarios de Donald Trump, el año pasado, y los efectos derivados del cierre del estrecho de Ormuz, a raíz de la agresión estadounidense -e israelí- contra Irán. 

Para más inri, los preparativos quedaron pasados por agua, con las peores inundaciones en Bangkok en 15 años, a dos semanas de la inauguración. Todo ello, cuando el cambio climático ha pasado a ocupar un discreto segundo plano en las preocupaciones del Banco Mundial. 

Sin embargo, el FMI y el BM, y sus miles de funcionarios e invitados desplazados a Bangkok se habrían contagiado de la amabilidad tailandesa, según la propia Georgieva. “Las óptimas condiciones han tenido un efecto muy productivo en nuestros grupos de trabajo”, dijo la afable y enérgica jefa del FMI. Con mano firme, pero no violenta, las autoridades mantuvieron a cientos de metros del Centro de Convenciones a las dos manifestaciones -de tamaño medio- que protestaban contra las políticas de ajuste de las instituciones de Bretton Woods. Perfectamente alineados con la ética tailandesa de evitar el conflicto, funcionarios del FMI y del BM fueron a recoger la carta de demandas de los manifestantes, que luego se disolvieron. 

Sombat Chuekrod, agricultor de cocoteros de 51 años, recorrió 200 kilómetros para expresar lo siguiente: “Los tailandeses ya somos pobres. ¡Por favor, no nos hagan más pobres”. Una prueba de que el supuesto tirón en Asia como consecuencia de la IA, incluso en los países supuestamente beneficiarios, tiene un impacto restringido. Chuekrod tiene motivos para el recelo, puesto que una de las recomendaciones del FMI es terminar con las subvenciones universales al precio de la energía y de los alimentos, haciéndolas mucho más restringidas según renta, cosa de difícil aplicación en muchos países. La misma repulsa a las recetas del FMI llevó a manifestarse en Bangkok a las socias de Empower, una ONG formada por trabajadoras sexuales de Chiang Mai. 

Dentro del recinto, uno de los pocos momentos tensos tuvo que afrontarlo el viernes el ministro de Finanzas de Arabia Saudí, Mohammed Aljadaan, a la postre jefe del Comité Monetario y Financiero Internacional. Una docena de delegados de países bálticos y nórdicos -inmunes al espíritu tailandés- abandonó la sala, ante la intervención del ministro de Finanzas de Rusia, Anton ⁠Siluanov.

La palabra “Rusia” había brillado hasta entonces por su ausencia en el diccionario de la reunión. Lo mismo que “Israel” (olvídense de “Palestina”) o Irán. De hecho, el término “guerra” se ha oído muy raramente, casi siempre por alusiones o eufemismos, como “el conflicto de Oriente Medio”. Algo sorprendente si se tiene en cuenta que estaría en el origen de la encerrona en que se encuentra la economía mundial. Pero todavía es más llamativa la ausencia total de cualquier referencia a la “paz” como antídoto a esta situación crítica, ni siquiera por alusiones. 

En una línea de pensamiento parecida a la de bálticos, la ministra alemana de Cooperación, Reem Alabali Radovan, pidió una excepción al límite constitucional de endeudamiento en Alemania para aliviar las cuentas de su departamento, principal responsable de la ayuda a Ucrania.

Junto a “resiliencia”, el otro término recurrente en los encuentros ha sido “buffers”. Es decir, los amortiguadores -fiscales y energéticos- que según Georgieva se están “gastando” o “agotando”. Rellenarlos es de rigor. El argumento esgrimido es que “la incertidumbre” no se ha disipado. Pero en lugar de señalar la posibilidad de un tercer round guerrero -antes o después de las “mid-term” y las elecciones en Israel- el FMI se encomienda a la cuasi certeza de que El Niño -producto del calentamiento del océano Pacífico- desatará efectos climáticos devastadores en los próximos meses. Un súper Niño. 

Del mismo modo que la IA -con sello estadounidense- tapa el descalabro de la guerra de Irán -como antes de la guerra arancelaria- el FMI y hasta el BM se acuerdan del cambio climático para justificar la necesidad de estar preparados para cualquier eventualidad.

En sus conclusiones, Georgieva defendió “la libertad de navegación” y de “flujo de energía”, en una combinación de “optimismo y pesimismo” sobre la situación mundial, “por la combinación de inflación, altos tipos de interés y riesgo climático”, al que añadió el riesgo creciente de “fraudes”, por la aceleración que supone la IA. 

Sin embargo, el día antes, en la sesión plenaria, quiso ver el vaso medio lleno: “El mundo está pese a todo en el buen camino”. En contraste con el lúgubre diagnóstico de su colega del Banco Mundial, Ajay Banga, de que “en los próximos diez o quince años no habrá empleo para 800 millones de los 1.200 millones de jóvenes que accederán al mercado de trabajo”.

“Lo que necesitamos son medidas de protección para las empresas y las personas”, replicó hoy Georgieva. “No permitan que los ricos eludan sus obligaciones con la sociedad”, recomendó explícitamente a los países de rentas bajas, este sábado. “Nos preocupa que el pago de la deuda haya pasado en pocos años de representar un 8% de su presupuesto, a un 14%”. Una carga que se ve agravada por los actuales tipos de interés. 

Por su parte, la directora adjunta del departamento de investigación del FMI, la búlgara Petya Koeva Brooks, resumía el viernes que la mayoría de países no tienen más opción que reequilibrar sus finanzas públicas, “ya sea reduciendo gastos o aumentando ingresos”. 

En cualquier caso la celebración de la cita en Asia -con muchos delegados africanos, pocos europeos (excepto británicos) y menos latinoamericanos- tiene mucho sentido. Como recuerda el FMI, “el continente asiático está detrás del 68% del crecimiento mundial en 2026”. 

Durante la cita en la capital tailandesa se presentó el “Plan de Bangkok”, una iniciativa global desarrollada de manera conjunta por el FMI, el BM y el gobierno de Tailandia que establece un marco para combatir las ciberestafas. 

Este domingo por la mañana, en el último acto de la reunión, se firmará el compromiso de realizar la reunión anual que el FMI y el BM celebran cada tres años fuera de Washington en Abu Dabi, tal como se decidió en abril. Todo un acto de fe, teniendo en cuenta los nubarrones que se acumulan sobre el golfo Pérsico y que ambas instituciones analizan como si de fenómenos meteorológicos se tratara. Como ese super Niño en ciernes, al que algunos imaginan ligeramente anaranjado.

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños

Corresponsal de 'La Vanguardia' en Bangkok

Ver más artículos

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

Etiquetas

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *