La Jornada

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El niño Simon Rattle presenció en vivo, cuando tenía 12 años, una representación trepidante de la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, y ese día decidió su destino. Ser director de orquesta le proporciona desde entonces las herramientas para entender el mundo y descifrar el asombro que experimentó en su infancia frente a una sinfonía monumental en la que hay una orquesta gigantesca, un coro multitudinario, una masa de percusiones brutal y dos mujeres cantando versos que hablan precisamente de eso, del sentido de la existencia.

Fonte: La Jornada

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