Un estudio revela cuáles son las aves más queridas y las más molestas de las ciudades españolas
Por Àlex Gonzàlez — eldiario.es – eldiario.es

Una investigación de la Universidad de Granada identifica al gorrión común y al ánade real como las especies mejor valoradas
¿Qué unió a humanos y palomas durante 3.500 años? Un estudio recupera su formidable papel histórico
Los gorriones, los patos y las palomas forman parte del paisaje cotidiano de muchas ciudades españolas, por no decir de todas. Sin embargo, estas aves no despiertan las mismas sensaciones entre los vecinos. Una investigación de la Universidad de Granada ha identificado cuáles son las especies mejor valoradas y cuáles generan más conflictos, además de analizar cómo influye el diseño de los barrios en nuestra relación con la naturaleza.
El estudio, desarrollado en Granada, Madrid y Valencia, ha contado con la colaboración de investigadores de la Universidad de California en Berkeley, en Estados Unidos, y de la Universidad de British Columbia, en Canadá. A través de encuestas a la población, los científicos han analizado los beneficios y las molestias que los ciudadanos asocian a las aves con las que conviven.
Los resultados sitúan al gorrión común y al ánade real entre las especies mejor valoradas, principalmente por las experiencias agradables que proporcionan. En el extremo contrario aparecen la paloma doméstica y la paloma torcaz, percibidas como las más conflictivas debido a los ruidos, la suciedad y los daños materiales que provocan.
El gorrión común es el ave que despierta mayor simpatía
¿Por qué unas aves nos gustan más que otras?
La presencia de pájaros en las ciudades puede tener efectos positivos sobre la vida cotidiana. Escuchar sus cantos, observar sus movimientos o contemplar sus colores permite mantener un contacto directo con la naturaleza, incluso en entornos donde predominan edificios, carreteras y mucho tráfico.
Las aves, explica Lucía Izquierdo Extremera, autora principal de la investigación, “pueden hacer nuestra vida más llevadera a través del mero placer de observar su vuelo o sus vistosos colores”. Estas experiencias se conocen científicamente como servicios ecosistémicos culturales, es decir, beneficios no materiales que las personas obtienen de su relación con el medio natural.
Sin embargo, esa convivencia también presenta inconvenientes. Algunas especies pueden provocar molestias acústicas, ensuciar espacios públicos o causar desperfectos en edificios y otras propiedades. Los investigadores denominan estos perjuicios diservicios ecosistémicos, un concepto que permite estudiar los aspectos negativos de la interacción entre las personas y los animales.
La investigación no establece que unas aves sean objetivamente buenas y otras perjudiciales, sino que recoge cómo perciben los ciudadanos su presencia. Esta diferencia resulta importante porque las experiencias personales y el entorno en el que viven los vecinos pueden condicionar su valoración de una misma especie.
Los grandes parques ayudan positivamente
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio está relacionado con la organización de los espacios verdes. Los investigadores comprobaron que los habitantes de barrios con grandes parques claramente separados de las zonas construidas tienden a valorar más positivamente las aves urbanas.
En cambio, quienes residen en barrios donde predominan pequeñas zonas verdes distribuidas entre las viviendas mencionan con mayor frecuencia los problemas asociados a la fauna. Los resultados apuntan así a que la configuración de los espacios naturales urbanos puede influir en la convivencia entre personas y animales.
“En un planeta en el que las ciudades están en constante crecimiento, es vital comprender el equilibrio entre los elementos positivos y negativos proporcionados por los animales con los que convivimos de manera más estrecha”, señala Juan Diego Ibáñez Álamo, profesor de Zoología de la Universidad de Granada y coordinador del estudio.
Los autores también destacan la importancia de la conexión personal con la naturaleza, que desempeña un papel relevante en la manera de interpretar las experiencias con las aves. Por ello, consideran necesario incorporar estas relaciones a la planificación urbana e intentar conseguir espacios que permitan disfrutar de la biodiversidad sin incrementar los conflictos.
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