Maku Moreno: “Hacerme vegana pasados los 50 años me cambió; nunca es tarde”
Por Andrea Núñez-Torrón Stock — Portada
Contenido solo para suscriptores Maku Moreno, 68 años: “Hacerme vegana pasados los 50 años me cambió, porque descubrí que nunca es tarde para cuestionarse las cosas”
‘Después de los 60’
Esta gallega lleva casi medio siglo sin comer animales y 16 años siendo vegana; en Instagram, donde suma 19.000 seguidores, comparte recetas y muestra su vida en la aldea

Maku Moreno triunfa en las redes sociales pasada la sesentena.
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Andrea Núñez-Torrón Stock
17/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Esta es la 108.ª entrega de ‘Después de los 60’, la sección de testimonios sénior donde recogemos experiencias vitales en esta etapa de la vida. Nos puedes hacer llegar tu historia a seniors@lavanguardia.es.
Maku Moreno rebosa alegría, aunque su vida también ha estado marcada por momentos duros. “Mi infancia la recuerdo preciosa; éramos una familia muy grande, con primos, tíos, mi madre y mis dos hermanos. Pasábamos los veranos en la calle y en el campo, jugando durante horas. Éramos muchos y nos lo pasábamos fenomenal”, cuenta esta mujer gallega que vive en el pequeño municipio de Salceda, rodeada de árboles y huerto.
Sin embargo, recuerda su adolescencia bastante más dura, atravesada por las ausencias. “Perdí a mi hermano Carlos cuando tenía 14 años y poco después a mi padre, a los 16; nos tocó hacernos mayores demasiado pronto”. Para ella, la familia siempre ha sido su columna vertebral. “La vida te quita cosas, pero también te sorprende con regalos que no esperabas”, reflexiona.

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En el verano de 1979, cuando tenía 22 años, Maku empezó a mirar la naturaleza de otra manera: los campos, las flores, los animales o las puestas de sol. “Sentí una conexión muy grande con la Tierra y entendí que los animales también tenían derechos. Pensé: si puedo vivir sin comerlos, ¿por qué no hacerlo? Y así empezó todo. Hace casi 50 años y todavía sigo pensando lo mismo”, relata.
Por aquel entonces, ser vegetariana era algo prácticamente insólito, pero ella lo tuvo clarísimo. “Mi madre y mi hermano se sorprendieron, aunque ella, con el tiempo, también se hizo vegetariana. El resto de la familia no lo entendía mucho, pero me preparaban cosas ricas para que yo pudiera comer”, rememora. Para ella jamás supuso un esfuerzo. “Todos los animales importan: desde una hormiga a una vaca o un caballo”.
Hace 16 años abandonó el consumo de cualquier producto de origen animal, como miel, huevos o lácteos, y se hizo vegana. “Antes tenías que explicar qué comías, por qué lo hacías y hasta aguantar algún comentario; hoy hay más opciones, más conciencia y muchísima más información. Ya no resulta tan extraño”.
“Hice veganos toda clase de platos tradicionales”
Maku siempre fue muy cocinillas. “Tuve una cafetería y durante años participé en la fiesta de las calles haciendo mi versión vegana. Llegué a preparar más de 300 raciones. Y lo más divertido era que muchas personas lo probaban sin saber que era vegano y después me decían que estaba buenísimo”, celebra. Y la casualidad quiso que, cuando conoció a su marido, él también fuera vegetariano. Juntos criaron a una gran familia. “En diez años tuve ocho hijos, así que imagínate la cantidad de historias que hay en esta casa. Fue una etapa agotadora, intensa y maravillosa”. A día de hoy se siente muy querida por ellos. “He vivido sus primeros pasos, alegrías y preocupaciones”.
En relación a la comida, sus hijos siguieron sus pasos. “Nunca comieron animales; desde pequeños crecieron así y algunos siguen siendo vegetarianos y otros veganos. Y ahora casi todos mis nietos y nietas también son vegetarianos, han crecido con esa sensibilidad. Para mí es muy bonito ver que aquello que empezó en casa hace tantos años ha seguido pasando de generación en generación”. Cuando cocina para todos, le piden guisos de verduras y también arroces. “Los hago de mil maneras”.
Todavía me sorprende recibir mensajes de personas que no conozco y que me dicen que han cocinado alguna receta mía
Maku Moreno
68 años
La vida en calma… y un inesperado éxito en las redes
“Tenía una cuenta personal donde subía fotos, sobre todo de mis hijos, que vivían fuera, y alguna receta. Una de mis hijas me dijo que hiciera una cuenta solo de recetas y le hice caso. Yo pensaba que iba a ver a mi familia y poco más. ¡Y mira ahora!”, se ríe Maku, que acumula casi 20.000 seguidores en su cuenta de Instagram. Para ella, las redes son un divertimento, y reconoce que el éxito la sigue abrumando. “Todavía me sorprende recibir mensajes de personas que no conozco y que me cuentan cosas de su vida o me dicen que han cocinado alguna receta mía. Lo que más me gusta no son los números, sino el cariño que hay detrás de ellos”, puntualiza. También en eso nada a contracorriente: no suele recibir hate ni comentarios de mal rollo.
En la aldea, Maku es feliz. “Busco una vida sencilla y sin prisa”. Si la mirásemos por un agujerito al empezar el día, la veríamos contemplando el amanecer y preparándose un buen desayuno con leche de soja y tostadas con paté de tofu. Después, observaríamos cómo trabaja su huerto, cuida de sus plantas y cocina con calma los productos frescos que ella misma cultiva. Siempre dedica un rato a la lectura y suele acercarse a la biblioteca, uno de sus lugares favoritos. “Son cosas pequeñas, pero ahora les doy muchísimo valor; después de tantos años corriendo de un lado para otro, poder decidir cómo quiero emplear mi tiempo es un verdadero privilegio”.
Historias séniors
‘Después de los 60’
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Lo que más le gusta de vivir en un sitio tan pequeño es la conexión con la naturaleza y la sensación “de estar cerca de lo importante”. Le sigue entusiasmando apreciar el cambio de las estaciones, la aparición de flores nuevas o la transformación de las plantas. “Creo que precisamente ahí está la riqueza: aprender a disfrutar de lo cotidiano”. Un día perfecto para ella es “no tener que mirar el reloj”. Reconoce que le gustaría poder vivir sin tener constantemente en la cabeza todo lo que está pasando lejos de su casa. “Me duelen las guerras, las injusticias y los genocidios; me gustaría un mundo con más empatía, más respeto y mucho más amor”.
“No podemos llevarnos nada, pero sí dejar algo detrás”
Recapitulando su vida, el mayor orgullo de Maku es haber sido fiel a ella misma y no haber dejado de aprender. “Hay momentos que te hacen parar, pensar y cambiar”, señala. Una motivación importante para ella es saber que no estamos solos en este mundo, sino que tenemos una responsabilidad con el planeta y todos sus seres. “Al final, todos estamos de paso: no podemos llevarnos nada de lo que tenemos, pero sí dejar algo detrás”.
A otras personas de su edad les recomienda que no se olviden de vivir por estar cumpliendo años. “Una se siente viva cuando todavía tiene curiosidad, cuando aprende cosas nuevas, cuando se emociona, cuando se ríe y cuando tiene proyectos, aunque sean pequeños. A mí hacerme vegana me cambió mucho. No solo por la alimentación, sino porque descubrí que nunca es tarde para cambiar, para cuestionarse las cosas y para intentar vivir de una manera más acorde con lo que una siente”, señala.
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También aconseja cuidarse, pero no obsesionarse. “Que salgan a caminar, que bailen aunque sea en la cocina, que viajen si pueden, que llamen a una amiga, que abracen mucho y que no dejen para mañana ese plan que les hace ilusión. A estas alturas de la vida he aprendido que el tiempo pasa igual, hagamos lo que hagamos”, sentencia. “Tener casi 70 años no significa que se haya acabado nada; significa que tenemos muchas historias detrás y, con un poco de suerte, todavía muchas por delante”, indica. Y volvería una y mil veces a repetir la decisión que tomó en el verano de 1979. “No sé si llegaremos a vivir en un mundo totalmente vegano, pero creo que caminamos hacia una sociedad más consciente”.
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