Por Josep Martí Blanch — Portada

Josep Martí Blanch

Josep Martí Blanch

Los quijotes de España

Mar de fondo

15/10/2026 06:00 Actualizado 15/10/2026 06:10 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Está reñido el casting quijotil en la izquierda. Tanto que los productores del culebrón apurarán el plazo que finaliza el viernes a las 00.00 horas para hacernos saber qué papel interpretará cada actor en esta telenovela turca en la que se ha convertido el futuro inmediato de la constelación de siglas que viven a la izquierda del PSOE.

En el mercado de apuestas se da por cierto que hasta el rabo todo es toro. Y que el acuerdo sigue siendo algo más que posible. El papel de favorita, a estas horas, para calzarse el yelmo y empuñar la lanza en el papel principal de Don Quijote es Irene Montero, mientras que Ada Colau quedaría relegada al papel de Sancho Panza.

La tesis de Iván Redondo, la de que cualquier posibilidad de la izquierda de seguir respirando tras el 29-N pasa por equiparse con un motor Podemos, ganó ayer enteros. Así cabe interpretar el paso atrás de la exalcaldesa de Barcelona, que nada más amanecer el miércoles dijo estar dispuesta a renunciar a la denominación de “Frente Amplio” y a ceder el puesto de candidata a la presidencia del gobierno si las concesiones servían para que en la macedonia en forma de lista electoral estén todas las frutas de la izquierda alternativa o extrema, según quién la juzga.

La lectura mayoritaria es que la competición entre Irene Montero y Ada Colau la ha decantado en favor de la primera Gabriel Rufián. Pues sabido es que un caballero andante no puede serlo sin montura. Así que habrá resultado de gran ayuda para la podemita que el de Santa Coloma haya aceptado ser su Rocinante.

El portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián, en un acto en la Universitat Pompeu Fabra.
El portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián, en un acto en la Universitat Pompeu Fabra. Àlex García / Propias

Claro que si finalmente se cierra un nuevo acuerdo y Podemos y el Frente Amplio concurren juntos a las elecciones está por ver cómo queda el acuerdo entre los morados y los republicanos. ¿Sería factible una integración de los Comunes en ERC? ¿O de los republicanos en la suma Podemos-Frente Amplio? Como en casa de Junqueras no se sabe a ciencia cierta si manda él o Gabriel Rufián, el ejercicio de adivinación resulta imposible.

Sabemos que el objetivo de todo este galimatías es, superando las rencillas e intereses personales de cada actor, optimizar al máximo los resultados electorales pensando en el reparto de escaños derivado de la Ley de Hondt. Pero el problema, más allá de esta cuestión, es que esta producción quijotesca se las ha de ver con otra de argumento similar pero mayor presupuesto, puesta en escena hollywoodiense y un actor sin competencia en el género como es el presidente del Gobierno.

Porque, una vez se aclaren Podemos, Frente Amplio y ERC, tocará explicar para qué concurren a las elecciones. ¿Para parar los pies a la derecha? Como Pedro Sánchez. ¿Para que VOX no ponga los pies en el gobierno? Como Pedro Sánchez. ¿Para evitar que las supuestas élites secuestren al gobierno? Como Pedro Sánchez. ¿Para evitar la tentación de que se bajen los impuestos? Como Pedro Sánchez. ¿Para seguir apostando por un crecimiento basado en la inmigración? Como Pedro Sánchez. Y así en bucle hasta que se agotan las preguntas. 

Planteada además la campaña por la derecha como un plebiscito sobre la continuidad del sanchismo, la inevitable pregunta del elector de izquierdas, a medida que avance el calendario y suba la tensión, habrá de ser forzosamente: ¿por qué no votar directamente a Pedro Sánchez? Y eso mismo es lo que anticipan las encuestas.

Se argumenta que el pacto Podemos-Frente Amplio, con el añadido de Gabriel Rufián con camisa morada por la mañana y amarilla por la tarde, puede generar una ola de ilusión que saque a votantes del abstencionismo y proporcione moral de victoria a la izquierda. Pero esa agitación, a pesar de los esfuerzos, huelga general incluida, no acaba de producirse. Lo que se detecta son vasos comunicantes entre el PSOE y su izquierda, si crece uno baja el otro y al revés. Mientras, el bloque de la derecha resiste marmóreamente.

Al final del capítulo LVIII de El Quijote, el caballero andante planta cara en medio de una cañada real a quien quiera que pretenda cruzarla. Hasta que una torada de reses bravas le pasa sin miramientos por encima. Veremos si con dos quijotes, o tres, o cuatro, depende de cómo acabe el cuento de los pactos, la historia tiene un fin diferente. El polvo de la lejanía lo que advierte es que los astados vienen con fuerza.

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