La ruta con la que descubrir hasta una docena de molinos papeleros construidos a partir del siglo XVIII
Por Alberto Gómez — eldiario.es – eldiario.es

Cerca del nacimiento del río Vinalopó, en la provincia de Alicante, los amantes del senderismo y la historia pueden arrancar la ruta de los Molinos de Banyeres de Mariola
Alcornoques, castaños o un puente llamado “romano” forman parte de esta ruta que antiguamente se usaba para el estraperlo
Figuras escondidas entre raíces, troncos y piedras forman parte de esta mágica ruta que acaba en el hórreo más grande de Asturias
En el extremo septentrional de Alicante, envuelto por el valioso paisaje natural de la Sierra de Mariola, el municipio de Banyeres de Mariola alberga un patrimonio hidráulico de singular importancia regional. Siguiendo el curso alto del río Vinalopó, a escasa distancia de su nacimiento, se despliega un itinerario histórico que rescata la memoria de una floreciente industria. A lo largo de este cauce fluvial surgieron instalaciones fabriles que transformaron por completo la dinámica socioeconómica del territorio montañoso. El agua impulsó así un valioso entramado fabril histórico.
A partir del siglo XVIII, la fuerza del río comenzó a aprovecharse de manera sistemática para la instalación de molinos papeleros, harineros y batanes. En su etapa de esplendor, la zona llegó a albergar hasta una docena de molinos, con nueve plantas papeleras funcionando simultáneamente. Durante varios siglos, estas construcciones fueron el motor económico del municipio, empleando a la mayor parte de sus vecinos. La corriente movía ruedas e ingenios mecánicos que canalizaban el agua hacia las áreas de trabajo, iniciando una próspera tradición.
Entre los vestigios patrimoniales más destacados figura el Molí l’Ombria, reconocido como la primera instalación papelera erigida en el curso del Alto Vinalopó. Fundado en 1770 por el escribano Laureano Ballester y Garrigós, el recinto destacó por la elaboración de papel de timbre y de fumar de gran calidad. Posteriormente, la propiedad pasó a José Laporta Valor, quien adaptó el recinto para suministrar energía eléctrica al Molí Sol y al Molí Pont. Aunque se encuentra en ruinas, conserva su planta baja abovedada y las plantas destinadas al secado de las hojas.
Durante varios siglos, estos molinos fueron el motor económico del municipio, empleando a la mayor parte de sus vecinos
Aguas abajo emerge la imponente estructura del Molí Sol, conocido también en la comarca como el molino Blanco y Negro por la famosa marca de papel de fumar que allí se fabricaba. Construido en 1856 junto al antiguo molino harinero Torró, este complejo destaca por su alzado de cuatro plantas sobre un semisótano abovedado. En el nivel inferior se moldeaba la pasta de papel sobre pilares de mortero, mientras que las plantas superiores se destinaban al secado al aire mediante amplios ventanales. La fama de sus libritos alcanzó notable éxito en mercados de América.
Un hito fundamental en la ruta es el Molí Pont, cuyo origen se remonta a 1758 cuando el rector Mauro Aparisi promovió un molino harinero para financiar la iglesia parroquial. En 1877, José Mora Navarro adquirió la finca y construyó al lado el mayor molino papelero de Banyeres de Mariola. Reorganizado más tarde como La Innovadora por José Laporta, el complejo se integró en 1935 en Papeleras Reunidas S.A. hasta su cierre en 1964. En la actualidad, el histórico edificio se proyecta para albergar la futura sede del Museu Valencià del Paper, salvaguardando su memoria.
El trayecto fluvial comprende además otros molinos de gran interés como el Molí l’Aspenta o Molino San Jorge, ubicado en la partida del Bovar y parcialmente destruido por las riadas del río Vinalopó. Destaca asimismo el Molí del Partidor, una estratégica instalación de distribución hídrica con dos tinas que conserva sus arcos tradicionales y su cubierta a dos aguas. A estas edificaciones se suman el Molí Roig o de Català, surgido sobre un antiguo batán del siglo XVIII, y el Molí Sans en la confluencia con la Marjal. Todos atestiguan la hábil ingeniería hidráulica de la zona.
Diversa vegetación
Hoy en día, los amantes del senderismo pueden recorrer este relevante legado mediante una sencilla ruta de unos cinco kilómetros de longitud y escaso desnivel, idónea para realizar en familia. La senda discurre junto al río rodeada por un denso bosque de ribera formado por chopos, olmos y tupida vegetación autóctona. A lo largo del camino, diversos paneles interpretativos detallan la historia de la maquinaria hidráulica y la botánica local, destacando plantas como el saúco, empleado antaño para confeccionar tintes.
Declarada Bien de Interés Cultural, la ruta de los Molinos de Banyeres de Mariola constituye un ejemplo excepcional de recuperación y puesta en valor del patrimonio industrial valenciano. Caminar entre las ruinas de estas antiguas fábricas permite comprender el esfuerzo de generaciones que convirtieron el agua en desarrollo económico. Aunque el paso del tiempo haya deteriorado parte de los edificios, la tranquilidad del paisaje y la presencia del río invitan a una pausa transformadora. Esta excursión es, en definitiva, una cita imprescindible para disfrutar de la naturaleza y la historia.
Fonte: eldiario.es – eldiario.es